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La policía no conservó las imágenes de un incidente con internos del CIE

Imputados tres policías por presuntas agresiones a internos del Centro de la Zona Franca

¿Qué ocurrió la tarde del 31 de diciembre de 2013 en el Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Barcelona? Las cámaras de seguridad instaladas en el centro registraron parte de los incidentes ocurridos entre policías e internos y podrían haber ayudado a despejar esa incógnita. Pero no lo harán. Los responsables del CIE no conservaron las imágenes a pesar de que conocían lo ocurrido y de que, apenas dos días después, los abogados de algunos internos denunciaron, ante el juzgado de guardia, presuntas agresiones sufridas a manos de los agentes.

El episodio de supuestos malos tratos, investigado por el Juzgado de Instrucción número 9 de Barcelona, empezó en las duchas. Dos internos tenían aún jabón en el cuerpo cuando unos policías les conminaron a salir de la ducha para garantizar que el resto de sus compañeros disponían de agua caliente. Los internos se negaron a salir antes de haberse aclarado y la discusión derivó en un asunto de orden público. Según los internos —que declararon como testigos ante la juez a mediados de enero— fueron golpeados y empujados por los policías que se encargaban de custodiarles. La juez tomará hoy declaración, como imputados, a tres de los policías que, presuntamente, participaron en esas agresiones.

El incidente en las duchas tuvo un efecto dominó. Los internos se concentraron en el patio para denunciar el trato de los policías y las condiciones de vida en el CIE, ubicado en el polígono de la Zona Franca. Al día siguiente siguieron los desórdenes y la dirección ordenó entonces la entrada de los antidisturbios, que despejaron el patio y llevaron a los internos a las celdas. Según los extranjeros, en esa entrada se produjeron nuevas agresiones.

El mismo día 1, el abogado Andrés García denunció los hechos y pidió a la juez que reclamara al Cuerpo Nacional de Policía (CNP) las imágenes captadas por las cámaras de vigilancia. Tras la declaración de las víctimas (16 de enero), la fiscalía se sumó a la petición de recabar las imágenes (20 de enero), que fue acordada por la magistrada poco después (22 de enero). Para entonces, sin embargo, las imágenes ya no existían, según un escrito remitido por la Delegación de Telecomunicación del Ministerio del Interior (28 de enero) a la policía judicial del CNP. 

“No se pueden facilitar las imágenes” de los días 31 de diciembre y 1 de enero, recoge el documento, porque “las cámaras están actualmente configuradas en dos grabadores (...) cuya duración respectiva de almacenamiento es de 19 y 13 días”. “Solo se podrían haber facilitado imágenes de cámaras grabadas en los días 5 y 10 de enero”, añade el informe, que matiza que “se están realizando una serie de mejoras de optimización del sistema de grabación del CIE”. En su respuesta a la juez, basada en ese informe, la policía judicial informó de la “imposibilidad de facilitar las imágenes por el tiempo transcurrido y la escasa capacidad de almacenamiento de los dispositivos grabadores”.

“Nosotros pedimos las imágenes desde el principio. Ellos conocían que lo ocurrido iba a investigarse y que existía una denuncia. Yo mismo me reuní con el director del centro el 9 de enero”, lamentó ayer el abogado de los internos.

Durante la mañana de hoy declararán, como imputados, tres policías: dos agentes que, supuestamente, lesionaron a internos en las duchas y el jefe de turno. La juez no les imputa, por ahora, ningún delito en concreto, aunque García defiende que los hechos investigados pueden ser “delitos contra la integridad moral y de lesiones”. Además de los imputados, la juez ha pedido que den explicaciones —como testigos— el mando de los antidisturbios que entraron en el CIE y el propio director del centro.

En la causa judicial figura un informe del director fechado el 2 de enero. El relato, al que ha tenido acceso EL PAÍS, obvia el incidente de las duchas y empieza “sobre las 17.15 horas”. En ese momento, se celebraba a las puertas del CIE una protesta contra estos centros que, sin ser prisiones, funcionan como tales. Al escuchar los gritos, según el director, los internos “comenzaron a alterarse, golpeando las ventanas, lavabos y puertas”, lo que produjo “un gran alboroto”. “46 de los 86 internos”, sigue el informe, “se negaron a cenar esa noche”. Al día siguiente, se repitieron los “insultos y amenazas”, lo que motivó la entrada de los antidisturbios. Según el director, “no fue necesaria su intervención”.

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