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Rimbaud y el chiste del perro

Este cómico canario vino a estudiar a Madrid y ahora se gana la vida con su humor alternativo y algo bestia. Nos cuenta dónde la lía con su hijo y cómo disfruta rodeado de libros

El cómico Ignatius Farray, en el bar Picnic. Ampliar foto
El cómico Ignatius Farray, en el bar Picnic.

1. Bar Picnic. Es un bar muy guay en sí mismo, pero para quienes lo frecuentamos es muy especial. El centro de Madrid no es la Gran Vía o la Puerta del Sol, sino este sitio. Nos reunimos gente de la comedia (celebramos el Comedy Club los miércoles con el eslogan “donde la poesía de Rimbaud y el chiste del perro Mistetas dan la mano”), guionistas y amigos (Minas, 1).

2. El autobús 523. Mi hijo vive con su madre en Móstoles y voy a verle el máximo tiempo posible. Para ello cojo esta línea: si tenemos tiempo suficiente volvemos a Madrid y jugamos en mi casa, pero casi la mayor parte del tiempo la pasamos en el trayecto de ida y vuelta. Así que aprovechamos para jugar en el autobús: los conductores nos conocen ya y se descojonan con nuestros gritos y risas. Es un pequeño show.

3. La Escalera de Jacob.Su sótano es el sitio en el que más he actuado: todos los domingos desde hace cinco años. Ya soy amigo de la gente del bar y allí, actuando a veces ante dos, tres o 10 personas, es donde me lancé a improvisar, experimentar y a encontrar nuevos caminos (Lavapiés, 9).

4. Biblioteca de la Facultad de Ciencias de la Información. Me gustan todas las bibliotecas, pero en esta pasé mucho tiempo. Todo el día allí, pero no por ser un estudiante aplicado: me gusta estar rodeado de libros (alguno hasta lo leo) y mirar a la gente. Es una manera de perder el tiempo genial, se pasa volando (avenida de la Complutense, s/n).

A micro abierto

Tras despuntar en la época dorada de Paramount Comedy, Ignatius Farray presenta cada miércoles el Comedy Club, con micro abierto, en el bar Picnic y actúa religiosamente los domingos en la Escalera de Jacob.

5. Librería La Fugitiva. Cito esta aunque me gustan otras como Tipos Infames o Panta Rhei, pero en La Fugitiva me invitaron a actuar un domingo a las doce de la mañana. Yo estoy acostumbrado al ambiente nocturno y me vi con un café con leche en la mano. Fue genial. Debería haber un turismo de librerías (Santa Isabel, 7).

6. Estación de Méndez Álvaro. A mi hijo le gustan los vehículos en general: aviones, barcos o, especialmente, los autobuses. Así que le llevo a la estación y saludamos a la gente que se va de viaje, aunque no los conozcamos. Somos muy escandalosos (Méndez Álvaro, 83).</MC>

7. Mercado de la Corredera. Es como un supermercado que aglutina al frutero, al carnicero, al charcutero… Por lo general, cuando eres cliente habitual de un sitio, te da pereza ir y tener conversación, pero aquí los tenderos son muy amables y naturales (Puebla, 15).

8. Escuela de música creativa. Solo he entrado una vez, pero por dentro es un local encantador con cuadros de artistas de jazz. Como de pequeño me cogió la serie Fama, me encantan este tipo de escuelas creativas… Pero lo mejor es ver las clases a través de la ventana (Palma, 35).

9. Crazy mexican corner. Es mi casa. Mi novia y yo buscábamos piso y encontramos este en la calle de la Madera. Había vivido un pintor mexicano y en la cocina había un mural entre zapatista y psicodélico. Es una pasada: nos gustó tanto que cogimos el piso sin mirar ni siquiera el estado de los grifos.

10. Colegio Mayor San Juan Evangelista. Tenía mucha fama su festival de jazz. En el Johnny, como lo llaman, conocí a mi amigo Miguel Esteban y, junto con otros, formamos un círculo de cómicos que hacemos una comedia alternativa de la que estamos orgullosos (Gregorio del Amo, 4).

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