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Cuatro paseos por Valencia

Albert Pitarch y Manuel del Álamo rescatan en un libro las rutas más desconocidas de la capital

Los autores del libro Manuel del Álamo y Albert Pitarch en el acto de presentación.
Los autores del libro Manuel del Álamo y Albert Pitarch en el acto de presentación.

“Se trata de pasear. Sin prisas ni urgencias (…) De desvelar sus nombres, sus historias y sus porqués”, resumen Albert Pitarch y Manuel del Álamo, los autores de Cuatro paseos por la ciudad de Valencia, que se ha presentado este jueves en la librería Bibliomanía. “Se trata de buscar por debajo del conglomerado que nos venden, lo que queda de ciudad”, resume Del Álamo, que hace dos años fundó con Pitarch la asociación cultural Tornatemps, desde la que ofrecen cuatro recorridos diferentes por la capital del Turia.

La idea que dio origen a Tornatemps es sencilla. “Cuando vamos a una ciudad fuera de Valencia, los propios valencianos nos documentamos, pero, sin embargo, somos capaces de pasarnos 30 años de nuestra vida sin conocer ninguna historia de nuestra ciudad. No entrar en una iglesia, no conocer qué pasó ahí, que ocurrió en esa otra esquina… Por eso rescatamos algunas rutas”, resume Del Álamo.

Se trata de recorridos documentados por la ciudad de unas dos horas, con las historias más humanas. La asociación se ha propuesto liberarlas, pasear por su memoria e imaginarlas, resumen.

Los autores del libro lamentan que Valencia sea en muchas ocasiones la ciudad del olvido y la desmemoria. Las placas casi no existen. No hay nada que identifique la morería o la judería, que quedó destruida. "No sólo se expulsó a los judíos si no que se destruyó su tejido urbano", recuerda Del Álamo.

“No sabemos por qué las calles se llaman como se llaman. La calle de Landerer se bautizó en honor a un geólogo y astrónomo conocidísimo, nacido en Valencia en 1841. La calle de Palomino recuerda al pintor barroco cordobés que permaneció unos años en Valencia y pintó los frescos de la Basílica de la Virgen de los Desamparados y de los Santos Juanes”, apuntan.

El libro, que publica la editorial independiente Carena, recoge las cuatro rutas que organiza Tornatemps. El primer recorrido se detiene en El Carme y utiliza la muralla árabe, abandonada a su suerte por la Administración, de hilo conductor de un paseo que arranca de las actuales Torres de Serranos y sigue por las calles Roteros y Palomino, la plaza del Ángel y la torre del mismo nombre y otros tantos enclaves del casco antiguo. “La Morería sigue olvidada. Ninguna referencia, ningún dato que permita al transeúnte asomarse mínimamente al pasado de estas calles”, lamentan estos dos grandes amantes de la historia.

Luego está el paseo por el antiguo call (barrio judío), por la calle Cabillers, donde se puede contemplar una placa de 1918 que recuerda donde murió Ausiàs March, la calle del Mar, eje del comercio de la ciudad, “pues unía la ciudad con el Grau a través del Pont de la Mar”, recoge el libro.

Otro de los recorridos se fija en la Valencia francesa, surgida de la breve ocupación –de enero de 1812 a marzo de 1813- del mariscal de Napoleón Louis Gabriel Suchet. “Incluso fue capital de la Españas”, recoge el libro, “pues en Valencia residió, durante el verano de 1812, el rey José I y toda su corte, cuando tuvo que abandonar precipitadamente Madrid”.

La ruta más emblemática de Tornatemps, con la que iniciaron los paseos, es la Valencia republicana, cuando fue capital de la II República. Ambos guías rescatan unas líneas de La gallina ciega, de Max Aub, críticas con la ciudad tras su vuelta a España después de 30 años de exilio. “Ésta que fue mi ciudad ya no lo es, fue otra…”, dice Aub.

La ruta comienza por la entonces plaza de Emilio Castelar, hoy plaza del Ayuntamiento, y acaba en la calle Metalúrgia, más conocida hoy como calle Cavallers, donde estuvieron las sedes de los ministerios de Justicia, Industria y Agricultura durante esa turbulenta etapa de la historia de España.