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Dejarse la piel

Arranca la XVI edición de la Valencia Fashion Week en claroscuro

Preparativos para el desfile de Siemprevivas
Preparativos para el desfile de Siemprevivas

El paréntesis, ese signo de puntuación que persigue a la Valencia Fashion Week allá donde vaya. Paréntesis angulares, corchetes, cuñas o corchángulos. Hacer un paréntesis. Así como sino vital. La pasarela más trashumante abandona –de nuevo- el Ágora de la Ciudad de las Artes y las Ciencias para recalar ahora, en su enésima ubicación, en el Museo de la Ciudad, en la Sala de la Muralla del IVAM y en el Trinquet de Pelayo. ¡Galotxa! Abro paréntesis: este último uno de los emplazamientos más acertados. Escala i corda.

Arranca la XVI edición de la Semana de la Moda de Valencia, hasta el sábado, con las propuestas de los diseñadores para el próximo otoño e invierno. La persistencia de la organización (por no hablar de la de los diseñadores) es loable, pero ¿conseguirá asentarse finalmente? Los recortes presupuestarios, y la desarticulación empresarial, marcan irreversiblemente esta cita y dibujan un panorama de sálvese quién pueda.

Sé lo que están pensando. No nos pongamos súbitamente ingenuos. Cómo éramos y cómo somos. Qué fue de aquella borrachera infinita que nos hacía autoproclamarnos la "pasarela más bella de Europa", agitando la melena al viento de la era, entre la locura y el frenesí, entre editoriales pagados en las biblias de la moda y las hordas de blogueras.

Varias ediciones después -y revés económico mediante- vaya que quieren que les diga, la broma ya no tiene tanta gracia. Si hasta sonroja un poco. ¿Confuso? Aquí hay un interesante vivero creativo pero las ramas no nos han dejado ver el bosque. Y tal.

Volvamos al trinquet, sin reduccionismos tribales. O sí. De entre los “punters”, “mitgers” y “escalaters” de esta semana de la moda, destacan: Gabriel Seguí (y he aquí la clave) by Siemprevivas; Miguel Vizcaino que mañana presenta su visión cataléptica del armario femenino; los corsets dramáticos y ropero escénico de Bibian Blue y la artesana ultrafeminidad del sevillano Eugenio Loarce. Veremos.

'Hands behind'

Pero vayamos con el plato fuerte de la primera jornada. En Gabriel Seguí han decidido probar suerte con un proyecto "hands behind", después de que Virtudes Langa se pusiera manos a la obra para contemporaneizar la firma peletera. Ahora es el turno de “Siemprevivas” con una premisa igualmente pragmática. En Gabriel Peleteros han visto el potencial del dúo integrado por Adrián Salvador y Lucas Zaragosí y han apostado por ellos para su colección de otoño/invierno.

Y es que este tándem se ha convertido en “la gran esperanza blanca” de la moda valenciana gracias a su revisión romántica y volatilmente sexy del minimalismo. ¡Zas! Comparados con algunos de sus compañeros de generación, Siemprevivas fomenta una estética más discreta y circunspecta, lo que sin duda explica por qué son unos de los favoritos de esa burguesía valenciana que quiere marcar distancias del exceso y del “barroquismo” del nuevo rico erigido a golpe de paleta y ladrillo.

Siemprevivas no proponen revolución alguna, ni van a cambiar el rumbo de la firma, pero mantienen sus principios ante el encargo del peletero. Una colección que es “ante todo un homenaje a los trabajadores de la casa, a los peleteros de toda la vida”, señala Lucas Zaragosí. Eso sí, un trabajo “100% siemprevivas” apunta.

Creatividad, sensibilidad y gran nivel técnico. En cierta forma, su certero análisis de Courrèges y la revisión de la década de los 60 tienen algo de climax. La fascinación por el country sport, lo polimorfo y la imaginería de Tarantino llevan a Gabriel Seguí a un terreno de compromiso con la actual elegancia. Una colección más comercial, con mayor presencia textil sin que pierda peso la piel y el pelo, resuelta en volúmenes oversizes y con una paleta cromática que, aun con predominio del marrón, da juego al azul marino y el verde militar. El resultado responde a las necesidades de una nueva época. Bien.