El Macba se ‘resetea’

El museo inicia una “revolución” investigando lenguajes como el de la narcoestética

La obra 'Deuteranomalia', de Oriol Vilanova, incorpora color por primera vez al Macba en 26 años.
La obra 'Deuteranomalia', de Oriol Vilanova, incorpora color por primera vez al Macba en 26 años.carles ribas

Sigue el aluvión de propuestas desde el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (Macba). En octubre anunciaron que, pese a la situación económica adversa, apostaban por creer esta temporada. Y lo harán desplegándose y ocupando todos los espacios de la Plaça dels Àngels, que pronto se conocerá popularmente como la plaza del Macba, porque será un espacio delimitado por este enorme museo: Aparte del blanco edificio Meier, el museo volverá a programar en La Capella y ocupa ya los 1.400 metros cuadrados del Convent dels Àngels —que hasta finales de 2013 ocupaba en Foment de les Arts i el Disseny— donde se ha instalado el Centro de Estudios y Documentación. La otrora capilla de la calle Montealegre también acabará —aunque no hay fecha para ello— formando parte del museo, bien este edificio desacralizado o uno de nueva planta, que acogerá parte de la colección permanente tras unirse al edificio blanco por un túnel subterráneo que atravesará la calle. “El nuevo Macba no será solo el edificio de Meier sino que ‘ocupará’ la plaza que se convertirá en el centro de todo el conjunto”, explica el director del museo Bartomeu Marí.

Los diferentes edificios del Macba ‘ocuparán’ la Plaça dels Àngels

Pero la transformación será algo más que física. Según su director será un “reset”, sin tener en cuenta que esto implica una puesta a cero y olvidar los 26 años de su historia. Se trataría, más bien, de una sacudida y de una “revolución”, en la que el museo busca “nuevos objetivos y métodos de trabajo”, en la que se intentará posicionarse internacionalmente, mantener la excelencia y captar nuevos públicos. Lo aseguró ayer Marí en el anuncio de las líneas de trabajo de su centro entre 2014 y 2016. Y lo hizo acompañado de dos nuevos comisarios independientes, pero “históricamente vinculados con la institución”, Valentín Roma y Beatriz Preciado, las dos caras visibles que capitanearán este giro tras la renuncia como conservador jefe el año pasado de Carles Guerra.

Roma y Preciados desgranaron las seis líneas de actuación e investigación crítica en las que se volcará el museo y que estructurarán todos los proyectos expositivos y programas públicos. Los títulos no tienen desperdicio: Historias heterodoxas, Descolonizar el museo, Máquina de escribir, Cuerpo político, Arquitectura como práctica cultural y Tecnologías de la conciencia, responden al “interés común de comprender el arte contemporáneo como parte de los procesos de emancipación política, estética, somática y sexual”, explicó el director. “El proceso investigador estará en el centro, ya que un museo que no investiga es un almacén”, destacó Preciado que ha insistido en que “No podemos continuar con los lenguajes de los años 1950”. Y mencionó uno de los nuevos lenguajes el de la narcoestética, relacionada con el mundo de la droga.

La temporada de exposiciones ya ha arrancado con un par de muestras como Justo delante de nosotros. Otras cartografías del Rif y Grup R). En abril —en la segunda planta— abrirán tres más: una dedicada a la producción videográfica de Eugeni Bonet, la proyección de The Host and the Cloud, un filme de Pierre Huyghe y Lo real invocable, comisariada por Montse Badia, que tendrán continuidad en la exposición de Frederic Montornés. Le seguirán muestras como una “reelectura radical” de Joan Brossa; otra de Carol Roma, y ya en 2015, la primera muestra de los collages de Osvaldo Lamborghini. Una de las propuestas más experimentales será una “exposición efímera”, programada la noche de los museos, el 17 de mayo, hasta las seis de la madrugada. Las editoriales independientes, un taller de escritura, la cultura pop y un curso sobre series de televisión, son algunas de las variadas actividades que programará el nuevo Macba.

Menos presupuesto pero más actividad. Ante el descenso de fondos públicos (el Ministerio de Cultura debe 1,6 millones de 2012), Marí confía en los nuevos públicos que permitirán aumentar los recursos propios, además de más participación del sector privado.

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