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El teatro Albéniz sale a subasta y termina en manos de un banco

Kutxabank se hace con el edificio por una deuda de cinco millones

La Comunidad ultima su expediente como bien protegido por orden judicial

El teatro Albéniz, ubicado en la calle de la Paz, ayer. Ampliar foto
El teatro Albéniz, ubicado en la calle de la Paz, ayer.

En los arcos de entrada al teatro Albéniz, tapiados desde el 3 de enero de 2009, se ha abierto una puerta. Literal y metafóricamente. Los propietarios del edificio, el grupo inmobiliario Monteverde, que en su momento planearon convertirlo en hotel y pisos de lujo, se encuentran desde 2010 en concurso de acreedores; hace unos días subastaron el inmueble, y se lo quedó la Kutxabank.

La inmobiliaria mantenía una deuda con Banco Madrid —comprado en 2001 por Kutxabank— de cerca de cinco millones de euros, y la entidad financiera ha obtenido por ella el edificio.

Sin embargo, fuentes cercanas al banco vasco aseguran no tener planes concretos para el inmueble, y apuestan por colocarlo de nuevo en el mercado; según ha podido saber EL PAÍS, hay un grupo de profesionales ligados a la cultura interesado en adquirirlo.

La puerta de acceso física la han abierto técnicos de la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid, que ultiman su expediente como Bien de Interés Cultural (BIC), en cumplimiento de sendas sentencias del Tribunal Superior de Justicia y del Tribunal Supremo.

Este blindaje legal impide dar otro uso al edificio, según admiten fuentes de la entidad financiera. O lo que es lo mismo: facilita que se mantenga como teatro, tal y como celebran la Plataforma de Ayuda al Teatro Albéniz y el Partido Socialista de Madrid.

El teatro cerró sus puertas el 21 de diciembre de 2008, precisamente cuando se iba a cumplir un siglo de la muerte del compositor y pianista Isaac Albéniz. Se había inaugurado en 1945, y desde 1985 lo tenía alquilado y lo gestionaba la Comunidad de Madrid.

El Tribunal Superior de Justicia le quitó la protección arquitectónica en 2003, y en 2006 permitió su derribo. Su propietario, que planeaba entonces convertirlo en centro comercial, aprovechó para venderlo. Lo adquirió la inmobiliaria Monteverde, que prometió mantenerlo como teatro. Sin embargo, cerró a finales de 2008.

El Ayuntamiento, entonces regido por Alberto Ruiz-Gallardón (PP), llegó a un acuerdo unos meses después con la inmobiliaria, que renunció a su plan de convertirlo en pisos de lujo: en la parcela del Albéniz, en la calle de la Paz, construiría un teatro más pequeño (800 butacas, en vez del millar original); y el edificio anexo, donde se ubica el también abandonado hotel Madrid, con fachada a la calle Carretas, se rehabilitaría y mantendría su uso.

Sin embargo, apenas unos meses después trascendió que la inmobiliaria estaba estudiando varias ofertas para vender el inmueble, por una cantidad que rondaba los 10 millones de euros. Finalmente, la empresa entró en concurso de acreedores en enero de 2010, tras acumular una deuda de 170 millones por la compra para su rehabilitación de varios edificios singulares en Madrid.

Las tornas cambiaron definitivamente en 2011, cuando el Tribunal Superior de Justicia obligó a la Comunidad a incoar un expediente para proteger el Albéniz.

El Gobierno regional había rechazado hacerlo al considerar que el edificio carecía de valor arquitectónico. Pero la Plataforma de Ayuda al Teatro Albéniz interpuso un recurso contencioso-administrativo para que se protegiera por su riqueza teatral, y el tribunal le dio la razón.

La Comunidad acató la sentencia, pero los propietarios recurrieron ante el Tribunal Supremo. El edificio siguió abandonado, e incluso llegó a ser okupado. En diciembre de 2012, el Supremo desestimó el recurso, y ordenó que se incoase el expediente para declararlo BIC. “El activismo al final funciona. Si resistes el pulso puedes lograr las cosas”, dijo la portavoz de la plataforma, Eva Aladro.

La sentencia daba 20 meses a la Comunidad para tramitar el expediente. Tras la confirmación del Supremo, el plazo se agotaría el próximo mes de julio. Fuentes del Gobierno regional han confirmado que el expediente sigue su curso y estará listo a tiempo.

El Supremo dictó que el Albéniz “reúne indicios sólidos para poder ser calificado como de una singularidad cultural y artística dentro de los teatros de la Comunidad”. Pero debe ser el Gobierno regional el que, una vez finalizado el expediente, así lo decida.

Eva Aladro cree que el poco interés del banco por mantener el edificio en propiedad puede ser síntoma de que finalmente sí será declarado BIC, lo que reduciría su valor de mercado. En ese sentido, asegura que ya hay informes positivos de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.

Vicente Patón, de la asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio, aboga además por conservar y rehabilitar el edificio, cuyo valor arquitectónico defiende.

La edil socialista Ana García d'Atri, se compromete a seguir velando por la conservación del Albéniz como hasta ahora: “En estos momentos de desprecio y mercadeo con el patrimonio, es importante recordar que la Administración tiene la obligación legal de proteger y conservar el bien cuando se ha incoado expediente para que sea declarado BIC”.

Imprenta, correos, hotel y cine

El teatro Albéniz y el anejo hotel Madrid se levantan sobre el solar que ocupaba la Imprenta Real, editora de la Gaceta de Madrid —predecesora del Boletín Oficial del Estado—desde 1780, según el informe histórico llevado a cabo por la asociación Madrid Ciudadanía y Patrimonio.

Fue en el siglo XVIII cuando se adquirieron siete casas (la mayoría, a órdenes religiosas) en la calle de Carretas para llevar allí la imprenta, cuyos almacenes estaban en la calle de Preciados.

En 1867, el edificio se convirtió en Casa de Correos y Telégrafos, después de que la sede de esta, en la vecina Puerta del Sol, fuera ocupada en 1847 por el Ministerio de Gobernación (luego, Dirección General de Seguridad, y en la actualidad sede del Gobierno autónomo).

En 1918, los servicios de Correos y Telégrafos pasaron al recién construido Palacio de Comunicaciones, en la plaza de Cibeles, y poco después el inmueble fue derribado parcialmente.

En la fachada de la calle de Carretas se levantó en su lugar el hotel Poymar, y en la de la calle de la Paz se proyectó un teatro. El hotel, diseñado por Ramón Lucini, se inauguró en las fiestas de carnaval de 1930. Un año después se diseñó el teatro-cine Poymar, obra del mismo arquitecto, con 1.750 butacas.

Sin embargo, la magnitud del proyecto se llevó por delante a la empresa Poymar, que fue adquirida por Maximino Moro tras la Guerra Civil. Moro construyó el teatro, bautizado ya como Albéniz, bajo la batuta primero de los arquitectos José Luis Durán de Cottes y Enrique López-Izquierdo, y finalmente, de Manuel Ambrós Escanellas.

Se inauguró el 31 de marzo de 1945 con Aquella noche azul, de Antonio Paso. En 1954 pasó a ser también cine. En 1985, se hizo cargo la Comunidad, con el estreno de Bodas de sangre.

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