Música

La feliz crisis de los 40

La belga Helena Noguerra presenta 'Année zéro', su ecléctico regreso a la música

Retrato de Helena Noguerra
Retrato de Helena Noguerra

Helena Noguerra está desconcertada: acaba de enterarse de que en su concierto de hoy en el Instituto Francés debe cantar, casi exclusivamente, en francés. “Pues es que tenía pensado hacer un montón de canciones en inglés”, comenta un poco confundida.

Parece justo el tipo de esquemas reduccionistas que no van con Noguerra, una belga de padres portugueses nacida en 1969 y conocida en Francia -donde vive desde hace 20 años- como cantante, actriz, escritora, presentadora, modelo... “No pertenezco a nada”, explica: “Cuando empecé quería formar parte de una familia artística, pero no la encontré y eso me entristecía. Ahora, a los 44, me encanta ser libre. A veces soy actriz, otras canto o escribo: me siento como una espía en cada uno de esos mundos: entro, hago lo que quería hacer y paso a otra cosa”.

Année zéro es su primer disco con canciones propias en nueve años, además del primero en el que, además de la letra, también ha escrito la música de muchas de las canciones. Como su carrera y su personalidad, es un álbum ecléctico, con invitados muy diversos (entre ellos su hermana Lio, gran estrella pop francófona en los 80) y que salta con elegancia del folk a la electrónica, la bossa, el rock o el country. “He hecho lo que he querido, todos los estilos que me apetecían, cantando con voz grave como un hombre o como una adolescente... No quiero tener que elegir”.

La mayoría de las letras, cuenta, tratan de hombres que han pasado por su vida: “Hace unos años me divorcié, disfruté de la libertad, tuve algunas historias (unas de una sola noche, otras más largas), y me fueron saliendo estas canciones”, señala: “Podría no haber dicho nada, simplemente son canciones de amor, pero desde mi punto de vista feminista me pareció bueno decir que a las mujeres también nos puede gustar simplemente acostarnos una noche con un hombre y, además, componer una canción sobre ello”.

Noguerra se rebela ante el papel de “musa” que se le impone en ocasiones a las mujeres en la cultura: “Cuando he trabajado con hombres muchas veces me decían que era su musa. ¿Su musa? Es una colaboración, estamos trabajando juntos. Pero parece que solo podemos tener un papel pasivo. ¿Por qué tengo que ser yo la que esté tumbada en la cama mientras un tío me compone una canción? Es reduccionista. Así que pensé que yo también podía tener musos: les pongo en la cama y les hago una canción”.

El título del disco (Año cero en español) hace referencia a cierta sensación de renacimiento que Helena Noguerra sintió al alcanzar la cuarentena: “No quiero pensar que estoy acabada. Como mujer el paso del tiempo es más complicado, porque se nos reduce a ser sensuales y de repente estás fuera de ese mercado de la sensualidad. Pero no me quiero sentir una víctima, siempre puedes inventar algo, ser activa”.

Como parte de esa actitud de autoafirmación, Noguerra posó para Playboy en 2009: “Me habían propuesto posar desnuda a los 20, a los 26, a los 32... Nunca quise, pero cuando cumplí los 40 fui yo la que me ofrecí. 'Pero si tienes 40 años', me dijo mi agente. Claro, por eso. Quería decir que no estaba acabada. De todas formas, no sé si acerté del todo, porque cuando recurres al sexo la gente se queda solo en eso y no les importa el resto de la persona”.

Conocida en Francia gracias a películas como Los seductores o La familia no se escoge, el trabajo de actriz le ha puesto a veces en situaciones incómodas: “En 2009 participé en una horrible serie sobre la vida privada de Salazar y como se rodaba en portugués le pedí ayuda a mi madre para repasar el guión”, relata Noguerra: “Ella salió de Portugal durante la dictadura salazarista por sus ideas políticas y cuando vio que le retrataban como alguien romántico y cariñoso se cabreó mucho. La comprendí perfectamente, pero le tuve que decir: 'Lo siento, mamá, pero necesito el trabajo”.

Helena Noguerra actúa hoy a las 21 h. en el teatro del Institut Français (C/ Marqués de la Ensenada, 12). Las entradas cuestan entre 7 y 10 €.

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