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CRÍTICA TEATRO

La eurozona, con la óptica de Tarantino

Chévere pone en solfa a la Europa del euro y la gestión de la crisis de deuda en un espectáculo incisivo y divertido

Los intérpretes de Eurozone, en un momento de la representación. Ampliar foto
Los intérpretes de Eurozone, en un momento de la representación.

La crisis del euro y de la deuda soberana de los países periféricos, contada usando Reservoir Dogs como falsilla. En Eurozone, Chévere, combativa compañía compostelana que celebra sus bodas de plata, equipara el atraco a mano armada perpetrado por un grupo de gangsters en la película de Quentin Tarantino con el inflamiento inducido de los precios de los inmuebles, la concesión masiva de créditos por encima del valor de liquidación de tales activos y la conversión en deuda pública de buena parte de la inmensa deuda contraída por bancos, empresas y particulares.

Eurozone arranca con la proyección de la primera secuencia de Reservoir Dogs, cuyos protagonistas, en el doblaje que hacen en vivo los ocho actores de Chévere, toman los nombres de cinco países de la unión monetaria, más los del Reino Unido, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, y prosigue en torno a las monumentales escaleras mecánicas de un aeropuerto sin aviones o de una ciudad de las artes sin artistas, a donde llegan Francia y España (desangrada tras el asalto especulativo y la deflagración de la burbuja), fieles trasuntos de los señores Blanco y Naranja de la película.

Los intérpretes entran y salen de sus personajes a placer, y saltan cada dos por tres del aquí y ahora a una situación dramática cuya pertinencia y detalles discuten entre ellos cual si la función fuera un ensayo abierto al público, al que se dirigen como aquellos payasos que, según el joven Brecht, deberían de irrumpir en el teatro durante las transiciones de las funciones serias, para comentarlas jocosamente con el respetable. A los chicos de Chévere ya se les veía a gusto trabajando sin cuarta pared en sus óperas de bolsillo de los años noventa, pero están aún más a sus anchas después de haber celebrado decenas y decenas de funciones del cabaré mutante Ultranoite en su antigua sala Nasa, de Santiago de Compostela, y en el Auditorio Municipal de Teo (La Coruña), donde son compañía residente desde hace dos de temporadas.

Eurozone

Idea y creación: Chévere. Dirección y dramaturgia: Xesús Ron. Intérpretes: Manuel Cortés, Miguel de Lira, Patricia de Lorenzo, Borja Fernández, Mónica García, Iván Marcos, Pepe Penabade y Arantza Villar. Audiovisuales: Cuco Pino. Coreografía: Iván Marcos. Escritura: Manuel Cortés. Luz: Fidel Vázquez. Sonido: Xacobe Martínez Antelo. Escenografía: Javier Ballestín / Chévere. Teatro Valle-Inclán. Hasta el 24 de noviembre.

El espectáculo es divertido, incisivo, descarado, incorrecto políticamente y oportuno, muy oportuno: además de desde las tribunas políticoeconómicas acostumbradas y los laboratorios de ideas (think tanks), las causas de la crisis y la manera en que se gestiona e instrumenta deben releerse desde una perspectiva social y artística, y desde montajes que, como este, proporcionan oxigenación en la sangre y desahogo colectivo al poner en solfa con cierto rigor a los gestores de todo esto y a sus beneficiarios. El acabado formal de Eurozone está en línea con el de las buenas puestas en escena alemanas de cabaré político, pero su final, con esa polifonía de repeticiones prolongada, podría cerrarse más eficazmente.