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“En Gibraltar hay mucha hipocresía de todas las partes”

El director del Centro Andaluz de las Letras apuesta por "soluciones imaginativas" ante la crisis

Téllez, en el Centro Andaluz de las Letras. Ampliar foto
Téllez, en el Centro Andaluz de las Letras.

En su nuevo libro recién publicado, Profundo Sur (EDA Ediciones), Juan José Téllez (Algeciras, 1958) se sumerge en sus recuerdos de infancia y juventud. No necesita gafas de buceo ni bombonas de oxígeno en esta inmersión por la memoria porque navega a gusto por el mar de su pasado más querido. Mima sus relatos y, por eso, admite que tarda mucho en escribirlos. Más en reunirlos. Ha hecho falta una década entre este parto y el anterior. Si escribe versos porque son más compatibles, argumenta, con su labor al frente del Centro Andaluz de las Letras (CAL). Los recortes están ahí, vigilantes, amenazantes, susurrantes. Pero los esquiva con imaginación y sin darle demasiada importancia. Como si ignorar el monstruo de los presupuestos menguantes fuera la mejor manera de espantarle.

Pregunta. Acaba de morir Álvaro Mutis. Usted le conoció en una de sus visitas a Cádiz, donde le ha ofrecido un homenaje esta semana. ¿Qué debemos recordar de él?

Respuesta. A quienes le conocimos nos fascinó su exuberancia como persona y sus paradojas como personaje. Y, sobre todo, nos atrapó siempre con su literatura.

P. En Profundo Sur vuelve al relato. ¿En quién se fija para escribirlos?

R. Soy hijo literario de Fernando Quiñones. Aunque, en el fondo, soy muy heterodoxo. Me entusiasman desde Chéjov hasta Félix Palma. En nuestro país hay una generación muy interesante de autores de relatos. Lo último de Felipe Benítez Reyes es fascinante. Y eso que en España se ha despreciado mucho el relato. Como si fuera un sucedáneo de la novela. Quiñones solía equiparar la literatura al whisky. Para él, la poesía era un whisky solo. El relato, uno con hielo. Y la novela, con agua y hielo. Para mí el relato es una de las ceremonias más inteligentes de comunicación entre el escritor y el lector.

P. Estar al frente del Centro Andaluz de las Letras en estos tiempos, ¿le ha dado ya muchos disgustos?

R. Los disgustos vienen del presupuesto. Hay que hacer encaje de bolillos. Hasta ahora creo que estamos manteniendo los muebles gracias a poner en práctica soluciones imaginativas. He de decir que este libro lo preparé antes de acceder al cargo. Ahora no tendría tiempo. Desde que asumí la dirección, solo he escrito un relato. Es difícil ejercer de entrenador y delantero centro. Aunque poemas he escrito más.

P. ¿El cargo le inspira más versos que relatos?

R. No. Es por el tiempo. La poesía es más automática. Puedo escribir un poema, iniciarlo, plantearlo, decantarlo y cerrarlo. El relato requiere mayor complejidad. La novela ni te cuento. No escribo novela porque no tengo tiempo. Quizá no tenga ni capacidad. A los personajes hay que pastorearlos y eso lleva mucho tiempo.

P. En Profundo Sur revisa su memoria de juventud en el Campo de Gibraltar. Hay episodios con John Lennon y Yoko Ono, Truman Capote

R. Son relatos que tienen en común el escenario de toda la geografía del sur. Uno a personajes históricos que estuvieron en esta zona y a gente que se ha cruzado en la vida de uno. La memoria, como dice José Manuel Caballero Bonald, es ficción y la ficción, en buena medida, es memoria.

Libros electrónicos y ferias

Juan José Téllez se comprometió al llegar al Centro Andaluz de las Letras a trabajar por conseguir un libro electrónico andaluz y por revisar el papel de las ferias del libro. “Es cierto que el libro electrónico fue una de mis apuestas aunque hemos encontrado cierta reticencia en los propios editores. Estamos en conversaciones con ellos y los libreros para avanzar en este proyecto. También vamos a presentar pronto un portal de literatura andaluza con las Universidades. Y estamos iniciando acciones como alternativas a las ferias de libros. Ya hemos probado en Jaén y queremos probar en la de Almería. Vamos a abrir nuevos canales, uno de ellos para mejorar la visibilización de la mujer. Y queremos fomentar la interculturalidad en nuestra red de bibliotecas. Tenemos muchos frentes abiertos. Hay escasa financiación pero espíritu de combate”.

P. Y en estos relatos la música tiene un papel muy importante.

R. Siempre me ha interesado. Nací con el rock and roll. El relato de la boda de John Lennon y Yoko Ono en Gibraltar está inspirado en la infancia de un niño de Algeciras con la verja cerrada que, cuando su padre se iba de la habitación, dejaba puesta una radio majestuosa con los cantes de Pepe Marchena o Juanito Valderrama. Entonces, cuando él se iba, cambiaba el dial para escuchar a Los Beatles o Los Rolling en la emisora de Gibraltar. Todavía no existían los 40 Principales.

P. El dibujante Carlos Pacheco, de San Roque, también se aficionó a esa música de la misma manera. ¿Marcó mucho Gibraltar la infancia y la juventud de los niños de Algeciras y alrededor?

R. Lo mejor que tienen las bases militares son sus emisoras musicales. Cuando me fui a Cádiz, a los 11 años, temí perder esa oportunidad que me daba Gibraltar pero tuve la emisora de la base de Rota que, por entonces, intercalaba canciones de Bob Dylan o David Bowie. Yo tengo 54 años ahora. Entonces descubríamos la vida al mismo tiempo que el rock and roll.

P. ¿Y a qué le suena ahora Gibraltar?

R. A mucha hipocresía. Hay hipocresía de todas las partes. Es hipócrita el Gobierno de Gibraltar que quiere defender los caladeros por motivos ecológicos y, al mismo tiempo, permite las plataformas y el bunkering. Y hay hipocresía del Gobierno español que, para defender un sector pesquero minoritario, aunque digno en sus reivindicaciones, le fastidia la vida a 8.000 personas que tienen que enfrentar colas de horas para acudir a sus trabajos o a los pensionistas para cobrar sus pensiones. No deberían estrangular de esa manera a seres humanos.

P. ¿Y alguna solución?

R. Para resolver esto hace falta un diálogo. Pero desde la vida cotidiana. Del contencioso histórico venimos hablando desde hace 300 años. Un avance importante sería que las cuestiones de Estado dejaran de molestar a las personas.

P. Usted siempre ha estado siempre muy comprometido con otro de los problemas de ese sur donde vive: la inmigración clandestina. Siguen las muertes. Siguen viniendo. ¿Hay solución?

R. No parece que vaya a haber una solución porque no hay ninguna intención de encontrarla. Cuando decíamos que no tenía sentido que hubiese 11 millones de personas en Europa sin papeles, que había que regularizarlas porque estaban sin derechos y deberes, nos decían que podíamos provocar un efecto llamada. Como si el que está debajo de un árbol en África estuviese pendiente de algo así. Todo el mundo sabe que en España y en Europa hay crisis. Pero siguen viniendo. Será porque la crisis estructural de África es mucho mayor que cualquier crisis coyuntural de Europa. Y esto nadie lo intenta resolver. Ni los tiranos que viven en África, ni los que toman decisiones aquí. Los muertos no interesan porque no hemos conseguido darles de vida. Son miles de muertos. Quizá un millón. Y no pasa nada. ¿Qué supondría esto si fueran otro tipo de muertos? Sería un escándalo mayúsculo. Nos hemos acostumbrado a que se mueran, como a los accidentes de tráfico. Y esto no es un accidente. Son causas artificiales. Políticas y económicas.

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