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Último adiós a ‘Goofy’

Varias empresas de la región ofrecen servicios funerarios para mascotas

Hasta que llega el momento, nadie quiere pensar, ni piensa, en cómo gestionará la muerte de su mascota. Por razones de salud pública, está prohibido enterrar o incinerar libremente a los animales, así que los ayuntamientos suelen tener servicios de recogida (gratuitos o con una tasa de entre 30 y 40 euros), pero hay también empresas que ofrecen unas exequias más rumbosas para los más peludos de la familia.

Esther Quejido optó por incinerar a su yorkshire Goofy y enterrar sus cenizas en un cementerio de mascotas. El Último Parque abrió en 1983 en un terreno de unas tres hectáreas en el término municipal de Arganda del Rey y en él descansan unos 3.500 animales. La sepultura oscila entre los 250 euros por una tumba en tierra con una pequeña placa hasta los 5.000 que cuesta la fosa de honor con lápida de mármol.

La sepultura oscila entre los 250 y los 5.000 euros si lleva placa de mármol

¿Es razonable semejante gasto con el hambre que hay en el mundo? “Siempre se ha cuestionado lo que hacemos aquí, y lo entendemos, pero no hay más que darse un paseo y leer las inscripciones de las lápidas para entenderlo un poco mejor”, justifica el gerente de la empresa, Jesús Díaz Franco. “No te olvidamos”, es la inscripción que más abunda debajo de nombres como Chispita, Saly, Kenia o Nano.

Cada vez que un animal muere Nadia Palacios tiene que sentar a los dueños en su clínica veterinaria de Alcorcón a explicarles qué se puede hacer con ellos. “Nosotros les damos todas las opciones para que puedan tomar una decisión”, explica. Siempre insiste en que no se entierren en el campo o en el jardín, porque “pueden tener enfermedades contagiosas, contaminar aguas subterráneas o puede desenterrarlo otro animal”.

Beatriz García velando a su perro antes de ser incinerado. ampliar foto
Beatriz García velando a su perro antes de ser incinerado.

En Alcorcón también está una de las dos empresas de la Comunidad que se dedican a la incineración de mascotas. A las cinco tienen cita Beatriz García de 24 años y su madre, María del Carmen Martínez, de 54, para despedir a Pepe. El cocker, que murió a los 15 años en brazos de su ama, ya está en las instalaciones lavado y peinado detrás de una cristalera.

Los dueños tienen unos minutos para velar a solas al animal y acariciarle por última vez antes de que se lo lleven al incinerador. “Esto puede parecer algo extraño para los demás, pero lleva conmigo desde los nueve años y hemos querido hacer algo especial”, explica la joven mientras enseña una foto en el móvil de ella de pequeña con el cachorro.

Los precios van desde los 210 a los 315 euros según el peso e incluye la recogida del animal y una urna básica. A partir de ahí pueden elegir otros modelos más exclusivos de hasta 900 euros y también colgantes en los que llevar consigo un poco de ceniza. El establecimiento lo abrieron hace dos años cuatro hermanos que vieron la necesidad de hacer algo más allá por las mascotas que la incineración colectiva que ofrece el ayuntamiento.

Lo único que no permite el tanatorio canino son los símbolos religiosos

Pero estos servicios todavía no son muy conocidos. “Estoy acostumbrado a que hagan fotos con el móvil a la furgoneta de Cremascota cuando voy conduciendo por la ciudad”, explica Eduardo Lázaro, el hermano que tuvo la idea y descubrió que en la Comunidad solo había una empresa más que daba este servicio que se llama Hadescan y se encuentra en Sevilla la Nueva.

Lo único que no se permite es simbología religiosa. “Consideramos que los animales no tienen afinidad política ni religiosa”, cuenta Ángel García, director del cementerio de Arganda del Rey. Los dueños vienen los fines de semana a pasar el día, a visitar a sus perros y a pasear a los nuevos. “Cuando vienen al entierro destrozados siempre les recomendamos que se compren otro”, explica García, “al principio no se lo creen, pero se vuelven a encariñar en seguida”.