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La Diada zarandea a CiU y PSC

El soberanismo sacude a los partidos centrales de la política catalana

Alrededor de 70 personas, entre ellos 20 submarinistas, ensayaron ayer la cadena por la independencia en L’Ametlla de Mar.
Alrededor de 70 personas, entre ellos 20 submarinistas, ensayaron ayer la cadena por la independencia en L’Ametlla de Mar.

Los grandes partidos catalanes viven en convulsión desde que Cataluña inició el proceso para convocar una consulta sobre la independencia en 2014. La cadena humana para reclamar la secesión que la Assemblea Nacional Catalana (ANC) ha organizado para la Diada de este año ha puesto otra vez a prueba las costuras dentro de la federación mayoritaria de Cataluña, Convergència i Unió, y del que históricamente había sido el segundo partido, un Partit dels Socialistes inmerso en una crisis y que pasa por sus horas más bajas.

La mala salud de hierro de CiU se ve agravada con el proceso soberanista: mientras CDC encabeza la reivindicación independentista, Unió cree todavía en el encaje con España. La división, de raíz ideológica, provoca un terremoto interno a cada avance hacia la consulta. Y la cadena humana ha tensado la federación. Convergència no titubeó: mostró su apoyo desde el primer momento y movilizó toda la maquinaria para que sus bases nutrieran la llamada Via Catalana, que pretende cruzar Cataluña de punta a punta. Unió se desmarcó enseguida: los democristianos enviaron una carta a la organización instándoles a cambiar el lema independentista por uno que hiciera referencia a la necesidad de convocar una consulta. La propuesta fue rápidamente rechazada por la ANC.

Nacionalistas y democristianos se han enfrentado por su posicionamiento en la cadena humana

Las diferencias entre Unió y Convergència llegaron a su punto máximo en agosto, con un intercambio de reproches entre dos de sus dirigentes. En plena polémica, Josep Rull, secretario de organización de CDC, pidió la participación de Josep Antoni Duran Lleida, líder de Unió. La respuesta de los democristianos fue contundente: su vicesecretario general, Toni Font, le instó, vía Twitter, a meterse en sus asuntos.

La división se trasladó al Gobierno de CiU. Pese a que la consigna del consejero de Presidencia, Francesc Homs, había sido mantener la incógnita hasta la primera reunión del Gobierno, algunos consejeros convergentes no resistieron a la tentación de dar por hecha su asistencia la cadena humana. Los de Unió, por su parte, insistían en la necesidad de minimizar el tono secesionista de la movilización. Pero el desaguisado quedó en una anécdota. Convergència i Unió calcula sus crisis de tal forma que nunca son irreversibles. Siempre encuentran una vía de última hora que les da la solución para no romper la federación. Los democristianos lograron que la ANC hiciera declaraciones a favor del derecho a decidir, con lo que lograron una excusa para ver con buenos ojos la Via Catalana.

Los nacionalistas han resuelto sus diferencias con una declaración de la ACN en favor del derecho a decidir

En la primera reunión del Gobierno catalán, no hubo ni discusión. El presidente Artur Mas comunicó a sus consejeros que seguiría la misma estrategia que en la multitudinaria manifestación de la Diada de 2012: adherirse pero sin asistir. Al resto, le dio libertad. La discusión se zanjó con una única y anecdótica intervención. Fue el consejero de Territorio, Santi Vila, que alzó la mano para preguntar si podía participar en el tramo que pasaba por su localidad, Figueres (Girona). Asunto cerrado. Así de plácido fue en el Gobierno el debate que había llevado de cabeza a CiU todo el verano.

La federación nacionalista ha supurado la herida, consciente de que Esquerra la ha desbancado en los sondeos como primera fuerza política. Justo lo contrario que el PSC, que, en tres años, —también por culpa de la crisis— ha perdido casi todo el poder político acumulado durante décadas. La vía soberanista ha roto el histórico equilibrio fraguado en los años 70 con la fusión de los partidos que conformaron sus dos almas. La entente funcionó como una seda pero la consulta ha fracturado a la formación, desangrada en público en un ejercicio inaudito en el que las dos partes se han criticado sin piedad. Pere Navarro, líder del PSC, intentará poner paz. Miembros del partido creen que al PSC no le pasa nada extraordinario: que es el reflejo de las turbulencias que causa en la sociedad catalana su posición ante la consulta. Navarro se ha significado: ha dicho que quiere votar y para votar no a romper con España. No todos los partidos, como Unió (confederalistas) o Iniciativa (federalistas), partidarios de un Estado propio, lo han hecho.

La fractura del PSC por el referéndum se extiende desde Girona a Tortosa

Navarro rechaza la cadena por una cuestión de cajón: él no es independentista. Pero muchos militantes socialistas acudirán, entre ellos Marc Mur, alcalde de Flix (Tarragona) y miembro de la Ejecutiva del PSC. Una decena de alcaldes socialistas de las Tierras del Ebro también irán. En el PSC existen dos corrientes catalanistas, no registradas oficialmente —Avancem y Fòrum Cívic-Agrupament— que han dado libertad a sus simpatizantes. La medida del conflicto lo da un manifiesto de este último colectivo: aboga porque Cataluña tenga un Estado propio “independiente o no”.

La tensión reside en que Navarro apuesta por la vía federal y una consulta pactada con el Estado. Más allá de qué votarían en una eventual consulta, los críticos creen que esa vía es papel mojado por la oposición al referéndum de PP y PSOE. Antonio Balmón, mano derecha de Navarro, abrió la caja de los truenos y dijo que los críticos “sobraban” en el partido no por sus ideas sino por sus quejas incesantes. La dirección cree que el conflicto se limita a un grupo de exconsejeros del tripartito, sin peso político —el poder está ahora en los alcaldes del Baix Llobregat— como Joaquim Nadal, Montserrat Tura o Marina Geli, con proyección mediática pero sin apoyo real.

La división entre los socialistas se ha  reflejado en el Congreso, el Parlament y el Ayuntamiento de Barcelona

Pero el problema es más profundo: el PSC pierde militantes y la fractura ha recorrido como una mecha de norte a sur y desde Girona a Tortosa, las federaciones del partido. Y se refleja en las instituciones: en el Congreso (Carme Chacón se negó a votar a favor del derecho a decidir); en el Parlament (cinco diputados se negaron a votar en contra de la declaración soberanista) y en el Ayuntamiento de Barcelona (el líder del PSC, Jordi Martí, fue el único edil del grupo socialista que votó a favor de ese texto).

Ningún exdirigente catalanista ha anunciado su asistencia a la cadena. No son independentistas pero el colectivo sostiene que hay razones para asistir sobre todo en defensa de la consulta. “No soy independentista pero estoy más cerca que los que estarán en la cadena que de los que no”, sostiene una diputada del Parlament. Navarro intentará mañana en su Ejecutiva la conciliación. “Soy optimista: nadie no ha pedido que nos separemos”, reflexiona Martí, miembro de la Ejecutiva y que posiblemente no se sume a la vía. “Había en los años 70 más diferencias entre un militante de la Federación Catalana del PSOE y un catalanista de Reagrupament —dos de los tres partidos que conformaron el PSC— que la que hay ahora entre Balmón y yo”. Pese a ello, el viernes lanzó este mensaje en Twitter tras saberse la supuesta implicación del PSC en el espionaje a Alicia Sánchez-Camacho: “Sobran en el PSC quienes puedan haber espiado a los adversarios”.