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OPINIÓN

Y Griñán se metió en el río

El presidente andaluz ha logrado ya tanto respaldo para irse como el que tuvo para erigirse en candidato

A tenor del apoyo unánime de la ejecutiva regional del PSOE y de los dirigentes de la mayoría de las agrupaciones provinciales al anuncio de José Antonio Griñán de no presentarse a la reelección, cualquiera podría pensar que están deseando que se vaya. Griñán ha logrado ya tanto respaldo para irse como el que tuvo para erigirse en candidato. El asunto no deja de ser curioso, ya que pareciera que los únicos que están disgustados con la decisión de abrir el camino de la sucesión dentro del PSOE andaluz son los dirigentes del sector crítico, que supongo que deben pensar que contra Griñán se vive mejor. La política tiene estas contradicciones.

A Griñán le ha gustado decir siempre que hasta que no llegara al puente no iba a cruzar el río y todo parece indicar que se ha encontrado con un acueducto, ya que su decisión contempla un recorrido de hasta tres años para poder alcanzar la otra orilla: la del puente hacia la jubilación. Con 67 años recién cumplidos y el horizonte del 2016 para la próxima cita con las urnas, tampoco es para considerar una sorpresa el anuncio de que no repetirá de candidato. Era difícil mantener la necesidad de una profunda renovación en el PSOE con un dirigente que alcanzaría los 70 años en la foto del cartel electoral.

La única sorpresa del anuncio de Griñán es que sea una jubilación en diferido, como el despido de Bárcenas en su cargo de tesorero del PP. Se visualiza ahora, pero no se hará efectiva hasta dentro de tres años. Es una especie de prórroga en el servicio pero con la sustituta para la vacante sentada a su lado, ya que las oposiciones para cubrir la plaza se convocan de inmediato. En menos de un mes, el PSOE tendrá un todavía líder y un todavía presidente de la Junta en la figura de Griñán, y una futura lideresa y una futura candidata a la presidencia de la comunidad en la persona de Susana Díaz. Todo se realizará mediante un proceso de primarias en el que la militancia tendrá dos posibilidades, apoyar a la consejera de Presidencia de la Junta, Susana Díaz, o elegir a la secretaria general del PSOE de Sevillla, Díaz Susana. No parece previsible que los restos del sector crítico tengan tiempo y apoyos suficientes para plantear siquiera una alternativa.

Griñán, con esta operación, confía en no jubilarse solo. Al poner en marcha su relevo, lanza un claro mensaje a Alfredo Pérez Rubalcaba para que haga lo mismo: propiciar su sucesión inmediata al frente del PSOE. Hasta ahora, el líder andaluz mantenía asistido a Rubalcaba en la secretaría general con un respirador artificial. Con el anuncio del otro día, Griñán tira del enchufe y la maquina deja de inyectarle el oxígeno político que tanto necesita Rubalcaba para mantenerse en el cargo. El presidente de la Junta dice que la generación que realizó la Transición debe dar un paso atrás para que entre “savia nueva”. Y su petición incluye algunas jubilaciones en Andalucía, en concreto los que quedan todavía de esa generación de dirigentes que quedaron inmortalizados comiéndose una tortilla en el campo.

En el PSOE andaluz se daba por hecho que Griñán no iba a repetir, lo que abría un escenario de incertidumbre ante una hipotética ruptura con IU que hiciera necesario un adelanto electoral. Con la nominación de Díaz como candidata se cubren las espaldas, a la vez que meten presión al principal partido de la oposición. El PP no cuenta actualmente ni con un líder claro en Andalucía ni con un candidato a la Junta. El gran error de Griñán ha sido utilizar el debate sobre el estado de la comunidad para realizar este anuncio, dejando en un segundo plano la situación de una región que se desangra con la crisis económica y que alcanza el millón y medio de parados. Griñán se ha tirado al río sin alcanzar el puente. Y ahora empieza a caminar por un acueducto que puede tardar hasta tres años en transitar. Por muy atado que parezca todo, en el PSOE nunca hay que obviar lo rápido que se forman turbulencias.

@jmatencia