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Valencianos en Manhattan

Un documental recupera la memoria de los miles de emigrantes de La Marina en EE UU

Emigrantes de Tàrbena en Nueva York hacia 1920. Sólo se ha identificado a Josep Vicent Moncho Soliveres (el de la izquierda).
Emigrantes de Tàrbena en Nueva York hacia 1920. Sólo se ha identificado a Josep Vicent Moncho Soliveres (el de la izquierda).

Hay una abundante documentación fotográfica de la exportación de naranjas que partía del puerto de Valencia a principios del siglo XX. Son imágenes triunfadoras, de una actividad económica emergente. Hay muy pocas fotografías de los miles de emigrantes que embarcaban para buscarse la vida fuera de Valencia en los años veinte, en Nueva York, por ejemplo. El periodista Juli Esteve ha visto muchas fotografías de las primeras y ninguna de las segundas. Pero su interés no es ilustrar la historia de un éxito sino el de recuperar la memoria familiar y local de los miles de valencianos, fundamentalmente de La Marina y comarcas colindantes, cercanas al Montgó, que se marcharon a EE UU y también a Canadá.

También tiene el propósito de rendir homenaje a “la valentía, al coraje de una gente”, analfabeta en muchos casos, que cruzó el Atlántico sin tener ni idea de inglés, para ganarse su pan como mano de obra barata erigiendo rascacielos, asfaltando carreteras y trazando líneas de ferrocarril. La mayoría regresó a su tierra con la expresión del perdedor que no hizo fortuna; muchos callaron y silenciaron su historia hasta que sus descendientes, hijos y nietos, les obligaron a destapar el tarro de los recuerdos.

Recuerdos que ahora está filmando Esteve al frente de su productora Info TV para su documental Del Montgó a Manhattan. Valencians a Nova York. A tenor del ingente material que ha ido recopilando por más de 40 pueblos, el proyecto puede desembocar también en una exposición y un libro. Las fotografías de este reportaje son una prueba de ello, así como las postales, las cartas, los diarios, las revistas o los objetos hallados.

“Tenemos localizados 14.000 emigrantes entre 1904 y 1924, procedentes de La Marina y también de L’Alcoià, El Comtat, La Safor y otras comarcas”, explica el que fue redactor jefe de Informativos en Canal 9 y delegado de TV-3. La productora ha trabajado meses para expurgar las listas del archivo de la isla de Ellis de Nueva York, donde pasaban todos los inmigrantes, corrigiendo errores en topónimos y gentilicios y revisando los pasajes de los barcos.

Pasaporte de Aquilino Barrachina con su mujer María Sastre y su hija Maria Amparo familia barrachina-info tv
Pasaporte de Aquilino Barrachina con su mujer María Sastre y su hija Maria Amparo familia barrachina-info tv

Para ello, la productora ha convocado a los Ayuntamientos afectados por aquella inmigración para colaborar en la búsqueda de los testimonios. Si la mayoría de ellos procedía de La Marina, de pueblos como Orba, es porque la gran plaga de filoxera de principios del siglo XX fulminó una economía basada en el cultivo de la vid y de las pasas muy arraigado entonces en aquella zona. Si la mayoría de inmigrantes llegó a Nueva York antes de 1921 es porque entonces entró en vigor una ley más dura que limitaba la entrada a inmigrantes.

El periodista había oído hablar de los valencianos neoyorkinos, pero el desencadenante del proyecto fue la lectura el pasado año del libro Valencians a Nova York. El cas de La Marina Alta (1912-1920) (Edicions 96), de Teresa Morell, que presenta el primer estudio sobre un fenómeno migratorio apenas conocido fuera de las poblaciones afectadas e incluso en éstas.

“Mi abuelo José Morell emigró de Orba a Nueva York en 1916 con un billete de tercera. Llegó y se fue a la Fonda La Valenciana, que dirigía su tío”, explica esta profesora de la Universidad de Alicante, especializada en lingüística aplicada en la enseñanza de lenguas y, en particular, del inglés. Ella y sus hermanos nacieron en EE UU, pero nunca perdieron la relación con la tierra de sus ancestros. “Mi padre conoció en 1957 a mi madre en Orba. Se casaron y se fueron a EE UU en principio cuatro años, como le dijo mi padre. Se quedaron 25 años”, señala Teresa, que se licenció en la Universidad de Nueva York y realizó el viaje inverso al de su madre, estableciéndose en Alicante, formando una familia y perfeccionando el valenciano que había aprendido en viajes de verano.

Su padre y su abuelo le contaban múltiples historias de ellos y de otros valencianos de una comarca con un 87% de analfabetismo entonces que se aventuraron en una tierra promisión que sufriría la brutal crisis del 29. Muchos emigrantes se quedaron sin trabajo y regresaron sin nada. Son aspectos de una migración que no fue tan numerosa como la gallega, asturiana o vasca y sí más desconocida y cuyo estudio está despertando un gran interés.