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Convergència i Unió es cosa de tres

Ramón Rodríguez, María Rodés y Martí Sales editan un disco al alimón

Los tres miembros del grupo Convergència i Unió.
Los tres miembros del grupo Convergència i Unió.

No es habitual, es más bien insólito. Tres artistas con sólidas carreras en solitario coinciden bajo el paraguas de un reto: grabar un disco conjunto en apenas una semana en un estudio de grabación, el de Paco Loco en el Puerto de Santa María (Cádiz). Son Ramón Rodríguez, conocido como The New Raemon, María Rodés, artífice de mundos frágiles y hermosos, y Martí Sales, poeta, reciente traductor al catalán de John Fante, escritor y líder de los despeinados, garajosos y vitriólicos Surfin’ Sirles. ¿Un capricho? “Sí ¿acaso tenía que ser de otra manera, acaso los artistas no podemos movernos por estos impulsos, es quizás un hecho que hemos de justificar?”, zanja Martí Sales. No, ciertamente. El caso es que hoy lo presentan en directo en el Festival de Música al Carrer de Vila-Seca. Lo de Convergència i Unió no tiene más secreto que ser el elegido de una lista de nombres disparatados propuestos por Sales.

“Las letras son más oscuras, hay taxidermia, sexo sórdido”

La entrevista es en una bodega de Gràcia, uno de los territorios naturales de Martí, el menos conocido de los tres. Menudo, de habla veloz y pensamiento rápido, fue el último en incorporarse a una idea que venían fraguando Ramón y María desde hacía tiempo. María precisa: “Martí aporta un humor que en mi música resulta subterráneo, por ejemplo de él es el nombre del proyecto, pero en especial tiene un registro componiendo letras que resulta muy distinto al de Ramón y al mío, que por lo general resultan más crípticos”. Si se le pide a María una traducción más explícita responde: “Pues que Martí es más crudo, que yo nunca hubiese dicho en mis letras ‘quiero follar contigo’, por ejemplo, y aquí lo hago”. Comprendido. Pero por si acaso, Ramón apostilla: “Las letras son más oscuras, hay taxidermia, sexo sórdido; en fin un mundo no plácidamente pop”.

Si bien Martí Sales ha aportado voz —“no grito como en Surfin’ Sirles, sino que canto”, mete a modo de cuña en la conversación—, gran parte de su trabajo ha consistido en aportar las letras, que llevó a Cádiz sin concluir del todo, “lo que ha provocado que el ajuste de los textos y la composición de las músicas haya sido un proceso resuelto en conjunto”, dice. ¿Es entonces por ello que las autorías tanto de letras como de canciones, como de intérpretes solistas de las mismas no estén atribuidas a nadie en concreto, quedando todo en el mundo de la autoría colectiva? “Sí, porque de hecho este ha sido un disco muy de conjunto, muy de trabajar y ver qué es lo que salía, de probar fórmulas que resolviese los problemas que se presentaban”, responde Ramón, hombre parco en palabras, pero de gesto expresivo.

Aun con todo, se desvela que hay poemas y escritos de Enric Casasses, Pere Calders, Bernard Marie Koltès, Nùria Martínez-Vernís y de la Biblia. ¿La Biblia? Solo citarla y el verbo de Martí se dispara: “La Biblia es un material literario de primera, usarla no tiene nada de provocativo. Además, al margen de lo mal que me pueda caer la Iglesia yo no formo parte de una generación que haya sido víctima de los curas, no me han hecho ningún mal, no he coincidido con ellos”.

En un disco de estas características, en el que los egos pasan a segundo plano, cabe la posibilidad de una distensión que facilite relajaciones que luego, convertidas en errores, se escondan en el colectivo. Este hecho queda desmentido por María cuando afirma: “La autoexigencia no siempre es garantía de resultados, es más, en ocasiones te frena al limitarte el atrevimiento debido a la presión externa que marca lo que presuntamente se espera de ti como artista”. Martí prosigue el razonamiento al indicar: “No debemos olvidar que la principal presión y exigencia te la impones tú mismo, es más interna que externa, y no por trabajar en equipo se abona la indolencia”. Ramón asiente tras su barba de cantautor contemporáneo y remata feliz: “Por fin he trabajado en un disco en el que me he limitado a interpretar y vigilar por el buen funcionamiento de la estructura de las canciones; no he tenido que componer ninguna letra”. Sí, en esta Convergència i Unió todos son felices.