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El Palacio de Cibeles florece a costa de la lenta decadencia de la Casa de la Villa

La antigua sede municipal apenas tiene uso y su patrimonio se ha deteriorado

Huchas de "patrocinio popular" en el palacio de Cibeles. Ampliar foto
Huchas de "patrocinio popular" en el palacio de Cibeles.

Tantas ganas tenía Alberto Ruiz-Gallardón de mudarse al Palacio de Cibeles que trasladó allí su despacho y la Junta de Gobierno cuando el edificio estaba aún en obras. En noviembre de 2007, el Ayuntamiento de Madrid comenzaba así la mudanza de la Casa de la Villa, su sede durante más de 300 años, en la que Gallardón nunca llegó a estar cómodo. Siendo presidente de la Comunidad, había reformado a fondo la sede regional en la Puerta del Sol. Cuando llegó a la alcaldía, entregó al Estado dos edificios y un solar valorados en 360 millones para hacerse con el Palacio de Telecomunicaciones, en la plaza de Cibeles, que también ambicionaba el Tribunal Constitucional.

Inició entonces una reforma que debía costar 77 millones y salió por 125 millones. En 2011, con dos años de retraso, el Rey inauguró el nuevo salón de plenos de Cibeles, y la Casa de la Villa pasó a convertirse en un incordio.

Coincidiendo con el inicio de la mudanza, en 2007, Gallardón había prometido reformar el viejo edificio municipal para convertirlo en un lugar de representación en el que recibir a autoridades y celebrar actos de alto nivel. Sin embargo, ha sido el Patio de Cristales de Cibeles, inaugurado en 2009, el que ha acogido los principales actos institucionales. Allí se entregan las medallas de San Isidro y los Premios de la Villa, por ejemplo. Allí se recibió en febrero al presidente de Guatemala, Otto Pérez, para entregarle las llaves de la ciudad, el tipo de acto que antes se solía hacer en la Casa de la Villa. Ahora, allí solo se recibe a la alegre cofradía del carnavalesco entierro de la sardina.

Gallardón anunció en 2010 su intención de convertir la Casa de la Villa en una sucursal del Museo de Historia, una reforma que también afectaría a la vecina Casa de Cisneros. Este último edificio, del siglo XVI, ha sido rehabilitado y alberga ahora dependencias municipales. La Casa de la Villa sigue esperando su turno. Dentro de un mes, albergará un acto de la Policía Municipal, pero antes deberá repararse urgentemente lo que el Ayuntamiento considera tan solo “una gotera” y el PSM califica de “evidente deterioro”.

El portavoz socialista, Jaime Lissavetzky, denuncia que el edificio está clausurado desde 2011. Ni turistas ni escolares pueden visitarlo, y está pendiente de arreglo la rotura de varios cristales de la vidriera histórica. La concejal socialista Ana García d’Atri ha pedido al Ayuntamiento que “abra sus puertas a todos los madrileños y viajeros”, a la espera de su destino definitivo. Los recortes presupuestarios han congelado las obras en todos los museos municipales; uno de los más afectados es el Museo de Historia, del que dependería la Casa de la Villa.

Paradójicamente, lo que sí se ha convertido en museo, y marcha viento en popa, es el Palacio de Cibeles. Suma 70.000 metros cuadrados, distribuidos en ocho plantas. La alcaldesa, Ana Botella (PP), está aprovechando al máximo el espacio administrativo para ubicar a funcionarios y ahorrar en alquileres. El resto, cerca de 45.000 metros, corresponden al espacio cultural CentroCentro, que dirige José Tono desde marzo de 2012. Tono heredó un edificio grandioso que había costado casi 500 millones de euros, con el mandato de convertirlo en un centro “moderno, de vanguardia”, pero sobre todo vivo y reconocible. “Ya que ha costado mucho dinero, por lo menos que no cueste más”, se dijo. Así que, al tiempo que moldeaba la personalidad del centro, se concentró en sacarle rendimiento económico. Un año después, lo ha logrado: CentroCentro ingresará en 2013 más del millón de euros que cuesta.

Aspecto deteriorado de la vidriera de la Casa de la Villa. ampliar foto
Aspecto deteriorado de la vidriera de la Casa de la Villa.

Hasta el momento, su mayor éxito ha sido la exposición de la Casa de Alba, que entre noviembre y abril recibió más de 100.000 visitas. Las 150 obras expuestas estaban tasadas en 250 millones de euros, “más de lo que vale el edificio”, explica Tono. El director respiró aliviado el día en que salieron de allí sin percances de vuelta al palacio de Liria, escoltadas por Policía Nacional y GEO. La muestra reportó 100.000 euros al Ayuntamiento y 250.000 a la Casa de Alba. El 24 de mayo abrirá una exposición de la colección de Helga de Alvear con la que Tono espera ganar otros 75.000 euros. La máquina registradora funciona gracias a su audacia. Contra el consejo de muchos, abrió el mirador del edificio a un coste de dos euros. Este año recaudará 200.000. Ha colocado una tienda cultural en la primera planta, que le reportará otros 50.000. Por patrocinios, sacará 100.000. Por el alquiler de los tres auditorios, 100.000 más. Y por el alquiler de la galería de cristal, 650.000 (cuesta 35.000 euros al día). “Este año incluso ganaré dinero”, afirma orgulloso.

Su penúltima idea ha sido colocar huchas. “Es un modo de patrocinio popular, permite que la gente sea consciente de que la cultura no es gratuita”, explica. Con las dos primeras, obtuvo 6.000 euros en los tres meses. Confía en lograr 12.000 este año, poniendo al menos una por piso, diseñadas por diferentes artistas. Las primeras se las iba a encargar, a modo de gamberrada, a grafiteros. Finalmente, lo dejó en manos del artista pop Dani Mayo. De los 6.000 euros obtenidos, dos tercios serán para obras sociales. Pero a partir de ahora, ese dinero sufragará, entre otras cosas, el programa de actividades. Todo vale para que el edificio no cueste más dinero a los madrileños. Y para ganarse un hueco en su corazón y su agenda de fin de semana.