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Tres cuestiones

Les faltó mucho a los intérpretes de Jacopo y Lucrezia en el tan metafísico tema del descubrir almas

Plácido Domingo, el tenor italiano Ivan Magrì y la soprano china Guanqun Yu, en un ensayo de la ópera.
Plácido Domingo, el tenor italiano Ivan Magrì y la soprano china Guanqun Yu, en un ensayo de la ópera.

No por nueva, esta coproducción del Palau de les Arts pudo eludir tres problemas que son bastante antiguos. El primero, como cabe suponer siendo Plácido Domingo quien se ocupa de Francesco Foscari, es la idoneidad de un tenor, por sabio que sea, para ocupar roles de barítono.

El segundo marcha, sin embargo, hacia el otro extremo del campo interpretativo, y se refiere al saber decir, al descubrir mediante el canto las sutilezas y los entresijos de un personaje. Incluso cuando éste no sea adecuado para un determinado tipo de voz, o cuando la edad del intérprete ponga en peligro los resultados.

Y el tercero, por último, tiene que ver con el público: muchas veces parece que al cantante se le mida más por la potencia que por la belleza de la voz o el arte de manejarla. Es práctica bien conocida: nada mejor para arrancar el aplauso enfebrecido que los agudos en fortissimo. Cosa de vatios, al fin.

En cuanto al primer problema, los mejores momentos de Domingo como el viejo Foscari fueron aquellos donde la partitura le permitió enarbolar el color tenoril que tiene su instrumento por naturaleza y que, todavía, resulta muy bello en la franja central. Cierto es que, justo por eso, su voz se fusionaba demasiado en los concertantes con la del otro tenor -Ivan Magrì-, perdiéndose con ello la nitidez del conjunto.

Il due Foscari

De Giuseppe Verdi. Solistas vocales: Plácido Domingo, Ivan Magrì, Guanqun Yu y Gianluca Burato, entre otros. Coro y Orquesta de la Comunidad Valenciana. Director musical: Omer M. Wellber. Director de escena: Thaddeus Strassberger. Palau de les Arts. Valencia, 24 de enero de 2013.

También parece más adecuado, por la edad -el padre respecto al hijo- un registro más grave. Pero ahí enlazamos con la segunda cuestión: si se sabe decir, si se sabe cantar, si el personaje se expresa con la complejidad debida, el oyente, con razón o sin ella, puede olvidarse de otras consideraciones: ¿un barítono con voz de tenor? ¿un anciano con voz de joven? ¿un cantante que ha perdido las notas altas sin haber ganado gran cosa en los graves? Es cierto, pero en definitiva... ¡qué bien se ha descubierto el alma del atormentado veneciano!

Les faltó mucho a los intérpretes de Jacopo y Lucrezia en el tan metafísico tema del descubrir almas. Ciertamente, Verdi se ocupó más de la de Francesco, dejando al hijo y a la nuera menos terreno para explorar. Quizás por eso parecieron decantarse por la "tercera cuestión", y lucieron un volumen -sobrado, sobrado- que desembocó en bravos a gogó por parte del público.