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EL BEBÉ MUERTO EN ALMERÍA

La niña raptada y muerta en Almería sufrió un fuerte golpe en la cabeza

El presunto asesino la metió en una bolsa con piedras y la arrojó a una balsa

Jonathan Moya González, el presunto asesino de Miriam, la niña de 16 meses hallada muerta la noche del jueves en el fondo de una balsa de riego en medio de un almendral de Abrucena (Almería), aseguró el pasado jueves a la Guardia Civil que intentó hacerla desaparecer después de que la niña se le muriera. Sin embargo, la autopsia preliminar, realizada en la mañana de este viernes en el Instituto de Medicina Legal de Almería, indica que la muerte del bebé fue mucho más violenta. Tras examinar el cadáver, los forenses descubrieron que tenía un fuerte golpe en la cabeza y que esa lesión se produjo antes de que la niña fuera lanzada a la charca donde la encontraron.

El informe, según fuentes de la investigación, no indica si ese golpe fue la causa del fallecimiento. Hasta el momento también se desconoce si esa lesión fue originada por una piedra o por un objeto contundente y si fue propinada a propósito por el presunto asesino, detenido a primera hora de la tarde del jueves. Lo que los forenses saben con seguridad es que la niña no murió ahogada y que el cuerpo presentaba un traumatismo craneal. Debido al tiempo que el cadáver pasó en el agua, no se ha podido determinar con absoluta seguridad el momento del fallecimiento, pero sí se ha establecido un margen. Miriam murió entre el pasado lunes y el miércoles. Habrá que esperar a los resultados de las pruebas histopatológicas que se realizarán ahora —y que tardarán, según fuentes forenses, unos dos meses— para lograr mayor precisión.

Jonathan Moya González, presunto secuestrador y asesino de Miriam, un bebé de 16 meses, en la foto de su perfil de Facebook. ampliar foto
Jonathan Moya González, presunto secuestrador y asesino de Miriam, un bebé de 16 meses, en la foto de su perfil de Facebook.

En las pocas horas transcurridas desde que fuera detenido pasadas las cuatro del pasado jueves en el cortijo de su familia —llamado Torre de Marfil y situado en el Camino Real de Abrucena—, Jonathan ha mantenido varias versiones sobre el paradero de la niña. En primer lugar, aseguró a los agentes que se la había entregado a un amigo y que este se la había llevado a Sevilla. Pero tras largas horas de interrogatorio, el presunto asesino se derrumbó ante los agentes. Aseguró que murió accidentalmente mientras la tuvo secuestrada. Y que después la tiró a la balsa. Los agentes del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil que acudieron a buscarla se la encontraron en el fondo. Estaba envuelta en una bolsa con varias piedras dentro para impedir que flotara.

Además de a Jonathan Moya, los agentes también detuvieron el jueves en Almería a Raúl Ríos Fortes. Se trata de un amigo del presunto asesino que, según aseguró su padre, fue interrogado en varias ocasiones por los investigadores tras la desaparición de Miriam y su secuestrador hace ocho días, después de que este último dejara tirada a su madre, Gemma Cuerda, en medio de la carretera entre los municipios de Gérgal y Nacimiento el pasado 20 de diciembre. Los agentes investigan si Raúl, que trabaja como portero de discoteca, pudo actuar como cómplice o cooperador necesario de Jonathan. El presunto asesino, que tenía intervenido el teléfono, lo llamó para ofrecerle “un trabajito de 50.000 euros”. Fue así como llegaron hasta él.

Tras la denuncia de la madre de Miriam, presentada el día 20, la Guardia Civil desplegó un dispositivo de búsqueda, pero no se logró dar con él hasta el jueves. Fuentes de la investigación apuntan como causa el buen conocimiento del terreno que tiene el presunto asesino y secuestrador. Los vecinos del cortijo en el que fue detenido avisaron a las tres de la madrugada del pasado día 26 de que habían visto una puerta abierta y una luz en la vivienda, pero cuando los agentes acudieron al lugar ya no estaba allí. Lo que sí encontraron fue unos pañales tirados junto a una ermita cercana que les hizo sospechar que se encontraba cerca. Al final, fue su teléfono móvil lo que le delató. Lo que indicó su posición.

Resta por conocer el móvil del secuestro y posible asesinato. Fuentes de la investigación aseguran que pudo mantener una discusión con Gemma, la madre del bebé, con la que mantenía una relación sentimental tras haberla conocido por internet y haberla visitado en Palma del Condado (Huelva), su lugar de residencia. Sus vecinos no entienden cómo este joven de 25 años, conocido en el pueblo por sus múltiples robos y engaños, pudo llegar a hacer algo así. “Sabíamos que era un prenda, un fanfarrón que siempre andaba metido en líos, pero nosotros, que lo hemos visto crecer desde que era un chaval, no nos podíamos imaginar que acabara haciendo algo tan grave”, asegura la propietaria de un cortijo cercano.

Jonathan estuvo en prisión el pasado junio por 12 delitos de estafa. Se hacía pasar por agente de policía para sustraer motos y coches que después vendía. Contactaba con sus víctimas —personas interesadas en vender su vehículo— por internet. Después se ganaba su confianza, les enseñaba la supuesta placa, les pedía el coche o la moto y huía con ellos. Su vecina recuerda cómo un día apareció en el cortijo vestido de uniforme. “Fantaseaba con la idea de que era un agente. Incluso nos dijo que cuando quisiéramos nos daba una vuelta en un coche policial”, asegura.

La madre de la víctima viajó hacia Palma del Condado (Huelva) a las ocho de la tarde. Desde la desaparición de Miriam, Gema Cuerda, de 33 años y con tres hijos más, estuvo alojada en un centro de acogida de Almería. Por la tarde, poco antes de las seis, llegó en taxi al Instituto de Medicina Legal, donde se había realizado la autopsia, junto al coche fúnebre que luego conduciría los restos mortales de su hija. La acompañaba su madre. Visiblemente afectada, vestida de negro, entró para ver el cuerpo de su hija e identificar el cadáver.

Al mismo tiempo, en Fiñana, decenas de vecinos encabezados por su alcalde, Rafael Montes, se congregaron en la plaza del Ayuntamiento en una concentración silenciosa.

Todos colocaron velas junto a la fuente situada en el centro. Al lado, una niña sostenía una pancarta escrita con rotulador. Decía: “¡Justicia! Fiñana está contigo, Miriam”.

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