Big Draw, el arte que hacen los niños

El Museo Picasso invita a miles de familias a dibujar con profesionales

Niños enseñan las máscaras que han fabricado en el taller Cara a Cara, en el paseo de Picasso.
Niños enseñan las máscaras que han fabricado en el taller Cara a Cara, en el paseo de Picasso.CARLES RIBAS

El Big Draw —o la fiesta del dibujo— llenó ayer, por tercer año consecutivo, los barrios de la Ribera, Santa Caterina y Sant Pere de alegría y lápices de colores. Marionetas, elefantes e incluso dibujos animados: “Nosotros hemos hecho un cómic un poco surrealista, con monstruos y fuegos artificiales”, comentaba Sergi mientras sus hijas Koro y Vera, de cuatro y ocho años, se esmeraban en pegar gomets (adhesivos) en una viñeta.

“Lo más bonito de esta fiesta”, aseguró el dibujante Manolo Trullàs, que controlaba un taller de collage en La Seca Espai Brossa, “es que los niños pintan con la ayuda de sus padres”. El director del Museo Picasso, Bernardo Laniado-Romero, entidad que organizó la fiesta, lo consideró “un éxito rotundo” de participación. Una veintena de actividades tuvieron lugar durante la jornada, cada una “centrada en un área diferente del dibujo”, relacionada con el diseño, el cine o la música (esta última la organizó el Palau de la Música).

Artistas reconocidos, como los diseñadores Javier Mariscal y Ernest Perera, y el colectivo de arquitectos de El Globus Vermell, dirigieron los talleres de forma “prácticamente altruista”, explicó la responsable de Programas Públicos del Museo Picasso, Anna Guarro: “Otras entidades han colaborado con nosotros, y cada una ha negociado las condiciones con ellos”. Sin embargo, aseguró, “todos han trabajado mucho más de lo que se les pedía”.

Uno de los talleres más concurridos ha sido el de máscaras, en el paseo de Picasso, a cargo del ilustrador Francesc Pagès y la Asociació Professional d’Il·lustradors de Catalunya: “¡Mira qué he hecho, mami!”, decía una niña, oculta tras la careta de una princesa. “Es un zombi”, explicaba Marc, de cuatro años, a sus padres, que no conseguían descifrar el sentido de su dibujo.

Laniado-Romero destacó, por su parte, la “sensación de comunidad” que “hemos conseguido” sacando a la gente de casa y propiciando que se “relacione con sus vecinos”.</CF>

Perera, que inventó el taller El Dibuix de l’Objecte, se mostró sorprendido por “las diferentes miradas de los niños, sus muchísimas formas de involucrarse con el objeto” del dibujo. El artista colocó una especie de máscara a los participantes que impedía que pudieran apartar la vista del motivo: “no pueden ver el resultado de lo que están pintando, así que tienen que centrarse en cada trazo”.

A pesar de no disponer de cifras oficiales de participación, todo apunta a que se superaron los 6.000 asistentes del año pasado, lo que es un éxito a todas luces.

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