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libros

La cara oscura de Madrid

Este sábado arranca en Getafe su festival de novela negra

El género reúne a autores y adictos al lado más criminal de la vida

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El escritor Marcelo Luján, en las cercanías de Tribunal.

Escribo una novela policial. En la página 14 al sospechoso le hacen la prueba de la parafina para detectar pólvora en sus manos. Ese es el momento en el que un criminólogo cierra el libro espantado: ¡La pólvora hace décadas que no se busca así! De acuerdo, ¿pero cómo iba a saberlo yo? Pues había medios: estudiar criminología, una búsqueda rigurosa de medicina forense o apuntarse a un seminario para escritores de novela negra.

Esta última solución es la que propone la escuela de creación Hotel Kafka (Hortaleza, 104): cursillos impartidos, junto a escritores como Rafael Reig, por forenses, abogados y detectives que instruyen a los alumnos sobre las circunstancias en torno a un asesinato. El criminólogo Ángel García Collantes es uno de los docentes: “Además de escritores, vienen guionistas o periodistas que necesiten familiarizarse con la especialidad para no decir barbaridades”. Aprenden a reconocer el punto del que procede una bala a partir de las manchas de sangre en la pared, el arte de los retratos robot y las autopsias… Por 690 euros y en 22 horas y media. “Yo lo hice el primer año”, cuenta Guillermo Aguirre, coordinador de los cursos en el Hotel. “Tuvimos que dar el DNI para que nos tuvieran localizados, porque es información sensible. Visitamos la cárcel e hicimos prácticas de tiro”.

Se trata de un plato más en el menú negro de Madrid. Mañana arranca la quinta edición del festival Getafe Negro y el mundo de la ficción criminal continúa su tímida expansión: librerías, clubes de lectura y jóvenes escritores se hacen fuertes en Madrid.

En la librería Burma (Ave María, 18) le deben el nombre al detective Nestor Burma, del francés Léo Malet. Abrieron hace dos años y se especializan en literatura policiaca y cómic. “Pero completamos con actividades como talleres, etc.”, cuenta Chus García, copropietaria junto a Alfredo Jiménez. Los clubes de lectura (10 euros) se disponen en ciclos por géneros (novela negra, crímenes mediterráneos, relato ruso…), y una vez al mes la librería organiza junto con la asociación Sábado Negro un encuentro con un autor policiaco. El invitado hoy será Javier Márquez Sánchez con Letal como un solo de Charlie Parker. “Los de la asociación asisten fielmente, y el resto de visitas dependen del tirón del escritor”, cuenta Jiménez. “Festivales como el de Getafe son una buena oportunidad de fichar a escritores para las charlas”. En Burma defienden las virtudes de la especialización: “Permite tener más fondos y escapar a la tiranía de las novedades”. Chus y Jacinto son grandes aficionados al género: “Hay que leer mucho para asesorar al cliente”.

Cinco años de homenaje al ‘noir’

  • Getafe Negro, del 20 al 28 de octubre, cumple su quinta edición. La mayoría de actividades se desarrollan en Getafe, pero también habrá en varias en Madrid.
  • La República Checa será el país homenajeado. Participan los escritores Pavel Kohout, Petr Král, Markéta Pilátová y Martin Reiner.
  • Kafka tendrá un tributo con una exposición traída de Praga que se ubicará en La Fábrica de Harinas de Getafe. “Sin ser un autor negro, hay elementos de su escritura que pertenecen al género: la crueldad, los juicios, la oscuridad...”, explica Lorenzo Silva, comisario del festival.
  • El humor tendrá un papel, con charlas de Eduardo Mendoza o Juan Bas. La crisis, el periodismo, el cine negro o el cómic serán otros temas de las charlas diarias. Un camión laboratorio de la Guardia Civil estará el domingo en Getafe.
  • Un festival de jazz en la ciudad acompañará a la literatura los días 19, 20 y 21.
  • La mayoría de actividades son gratuitas.

Donde también gestionan un club de lectura de novela negra es en la librería Estudio en Escarlata (Guzmán el Bueno, 46). Al frente está Juan Salvador López, conocido en el mundillo como Juan Escarlata. “Yo soy el moderador del club. Un viernes al mes nos reunimos y elegimos dos títulos por votación”, cuenta. El club es gratuito y supone un aliciente más dentro de un negocio familiar que lleva abierto ocho años y que va capeando la crisis aunque haya comenzado a notar cierta caída este año. Venden todas las gamas del negro (policiaca de serie, thriller, gótico…) pero su especialidad son los libros de Sherlock Holmes, un subgénero en el que Conan Doyle fue un autor más: después de él vinieron cómics, sagas paralelas, aventuras de Sherlock en España (en eso no fue precursor Garci)... “Hay mucha producción, y se van haciendo cosas muy buenas en español, pero yo echo de menos que no se haya explotado más la corrupción y la degradación de la nuestra vida política. No hace falta que venga el de Las Vegas aquí para traernos eso”, bromea Juan.

Nueva generación

Aunque precisamante los escritores coinciden en que el vigor del género se explica porque este se está empapando de realidad. El reciente premio Planeta, Lorenzo Silva, comisario de Getafe Negro, considera que “cuando bajan las aguas, quedan muchas cosas feas al aire, y existe una necesidad de contarlo”. Nadie niega que la marea negra tiene un componente de moda espoleada por la saga Millenium de Stieg Larsson, pero la crueldad de la crisis ha acelerado un ennegrecimiento de la novela social. “Y la calidad de los escritores nuevos pesa: un género muy secundario se ha convertido en central y eso ha atraído a grandes autores”, valora Silva.

Dos de sus recomendaciones son Mercedes Castro (1972) y Marcelo Luján (1973), “muy buenos escritores”. Ambos se declaran deudores de lo negro, pero no lo practican plenamente.

“Ahora se puede hacer negro sin que haya ni policías ni muertos”, cuenta Luján. “El mundo se ha convertido en algo tan cruel que la novela urbana, social, por fuerza tiene que ser negra”. Luján ha transitado tanto por el noir contemporáneo (La mala espera, premiada en Getafe en 2009), como por los territorios lejanos en el tiempo y en el espacio de su última obra, Moravia, ambientada hace 50 años en círculos checos. “Lo que me importa es la historia; lo de negro es secundario: esta última obra la ubiqué en el pasado porque trata de unos valores que ya no existen”.

Mercedes Castro, aficionada al género, también se divierte entrando y saliendo de él. “Sus reglas pueden ser un buen punto de partida, pero a mí lo que me interesa es entender la sociedad”. Su primera obra, Y punto, tiene como protagonista a una policía que tiene que bracear en un mundo de hombres al tiempo que utiliza su papel de funcionaria de la ley para husmear en todas las capas sociales: las bajas y las altas. “En esa novela quería hablar de los grandes contrastes que hay en Madrid. En mi segundo libro, Mantis, rompí deliberadamente con el género negro, aunque también hay crímenes”.

Los dos coinciden en que la ciudad cada día resulta un espacio más hostil. No tienen que moverse muy lejos para buscar material para la crítica y la disconformidad. El boom negro les ha servido como trampolín pero tienen claro que ninguno quiere ser un nuevo Conan Doyle, prisionero de la pipa y la lupa. El objetivo es hacer Literatura. Sin colores.

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