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Nepotismo, y manual de corrupción

El director Eugenio Amaya debuta como autor con una obra sobre las entretelas del poder

El 7 de julio de 2011, durante la sesión de investidura del diputado general de Álava, visto que las dos junteras de Ezker Batua en el parlamento foral no iban a votar la candidatura de Xabier Agirre (por “discrepancias programáticas” con el PNV), éste decidió desvelar ante la opinión pública las verdaderas causas de su desacuerdo: a cambio de su apoyo, los negociadores de EB habían pedido que se colocara a 39 afiliados suyos, “de manera cualificada y disfrazándolo de algún proceso de selección” en la dirección de la obra social de la BBK, en el consejo de administración de la Caja Vital, en el Teatro Arriaga o en el Palacio Euskalduna, etcétera; amén de un crédito de 600.000 euros y de que en los presupuestos de 2012 se pusiera a su “exclusiva disposición” 300.000 euros más para dar las subvenciones que quisieren.

Jamás había oído a un responsable político expresarse con tanta claridad respecto a las regalías, privilegios y canonjías que pueden barajarse en una negociación de estas características. En Anomia, comedia de intrigas políticas tan sustanciosa, por su contenido, como el citado discurso de Agirre, Eugenio Amaya, director de origen chileno que debuta como autor, habla sin eufemismos del nepotismo, contado desde el punto de vista de quien lo ejerce; de la corrupción y de la financiación irregular de los partidos.

ANOMIA

Autor y director: Eugenio Amaya. Intérpretes: María Luisa Borruel, Pablo Bigeriego, Cándido Gómez, Elías González y Quino Díez. Teatro María Guerrero, sala de la Princesa. Hasta el 21 de octubre.

Carmen, su protagonista, concejala de urbanismo de una ciudad de tamaño medio, acaba de recibir una mala noticia de boca de Matías, joven secretario de organización local: la cúpula del partido pretende apartarla de las listas en las elecciones que están al caer, debido a que la Fiscalía Anticorrupción ha filtrado un informe con el que podrían imputársele los delitos de prevaricación, cohecho y falsedad en documento público. “Por tu poder adquisitivo no debes preocuparte”, dice Matías: “Tendrás un retiro dorado (un sillón con dietas en el consejo de administración de la Caja, un puesto en una empresa pública o en el Consejo Consultivo de la comunidad autónoma…)”

Anomia podría haber sido un thriller político, ingredientes no le faltan, o una farsa al estilo de El inspector gubernamental, de Gogol, pero Amaya ha preferido adentrarse en el retrato humano de sus protagonistas y en el de las condiciones objetivas que convirtieron su inicial compromiso político en un ejercicio de cinismo. Aunque al principio no conseguimos librarnos completamente de la sensación de que los personajes nos están suministrando información, más adelante fluye la comedia, especialmente a partir del combate desigual entre Carmen e Ignacio, hombre de confianza del secretario general, y de la escena muda subsiguiente, en la que Carmen no ha acabado de desatarse el nudo que tiene en la boca del estómago cuando, ciclón optimista, entra el alcalde con una botella de vino, dispuesto a arrastrar a su molino las lágrimas de la concejala.

Brillantes, el trazado de la peripecia y los giros que Amaya imprime a la acción, y las interpretaciones de María Luisa Borruel y de Quino Díez. Conmovedor, el Arturo de Cándido Gómez.

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