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Hasta la cocina de los creadores

Open Studio propone colarse en los lugares en que el arte pasa de la mente a la materia

La iniciativa abre al público este fin de semana 38 estudios donde trabajan 78 artistas

El estudio de los grafiteros Boamistura: Pablo Ferrero, Juan Jaume, Javier Serrano y Pablo Purón (de izquierda a derecha). Ampliar foto
El estudio de los grafiteros Boamistura: Pablo Ferrero, Juan Jaume, Javier Serrano y Pablo Purón (de izquierda a derecha).

Como el fuego, todos los estudios de artistas son iguales, pero cada artista tiene un estudio diferente, a su manera. Talleres normalmente vedados a los ojos del público en los que los creadores, en arrebatos febriles de inspiración o monótonas jornadas de trabajo, moldean eso que se ha bautizado como el universo de obsesiones del autor. ¿Cómo son estos espacios donde el arte pasa de la mente a la materia? Ahora es posible descubrirlo en la iniciativa Open Studio que, desde ayer y hasta el domingo, permite conocer los lugares de trabajo de 78 artistas en 38 estudios.

“Ver cómo y dónde trabaja un artista ya tiene cierto interés”, explica María Eugenia Álvarez, codirectora del asunto junto con Carolina Díaz, “pero también el proceso creativo, cómo se lleva a cabo y cómo se llega a los resultados”. Ambas directoras conocieron iniciativas similares en otras ciudades europeas y decidieron organizarlo en Madrid. “Se hace en grandes capitales, pero también en ciudades pequeñas, sobre todo en el mundo anglosajón, donde las organizan asociaciones, galeristas o personas independientes”, explica Álvarez. En Open Studio conviven nombres consagrados como Chema Madoz o Darío Villalba, con artistas de carrera media o jóvenes emergentes. Muchos fueron invitados a participar por la organización, pero otros se presentaron y fueron seleccionados por un consejo asesor. “Queríamos integrar el proyecto en la ciudad, por eso buscamos el apoyo del Ayuntamiento y la Comunidad”, dice la codirectora, “y además contactamos con centros como Museo Nacional Reina Sofía, el Centro de Arte Dos de Mayo o el Museo ABC que ofrecen visitas guiadas a sus fondos”.

Aunque todavía no había llegado totalmente el apoyo oficial a estas iniciativas, existen precedentes parecidos: los artistas de Lavapiés llevan varios años abriendo las puertas de sus casas en la ruta Los Artistas del Barrio, tratando de trascender las fronteras de los museos y las galerías. Un grupo de artistas, bajo el nombre de Se Alquila, comenzó a principios de año a organizar exposiciones colectivas en locales en alquiler, por aquello de buscar nuevos espacios expositivos, que muchas veces les resultan vedados a los numerosos creadores madrileños, y además aprovechar los locales vacíos que deja la crisis. El colectivo Fast Gallery ha organizado exposiciones efímeras en lugares inusuales bajo el lema No ocupes un espacio, créalo.

Estudio Beneficencia, de Jairo Alfonso. ampliar foto
Estudio Beneficencia, de Jairo Alfonso.

También existen en la ciudad otro tipo de iniciativas artísticas como Jugada a 3 Bandas, que lleva ya dos años en esto de dinamizar el arte emergente y vuelve en abril de 2013: en este caso las galerías participantes invitan a un comisario a presentar a un proyecto para su espacio. “Me decían los galeristas que conocían a los críticos pero no a los comisarios”, explica Virginia Torrente, creadora de la idea, que ahora gestiona el inquieto colectivo Hablar en Arte, “desgraciadamente no hay mucho espacio para los comisarios en este país, pero en Madrid, al igual que en el caso de los artistas, existe una gran ebullición”.

¿Cómo se explica la proliferación este otro tipo de convivencia entre público, crítica, comisarios, galeristas, artistas y coleccionistas? “Lo que yo veo es que han confluido dos tendencias: por una parte, una generación de artistas y críticos que querían salirse de la rutina comercial de la galerías y, por otro, la relación con los movimientos sociales. Además, con la crisis han cerrado muchas galerías y se ha creado un ambiente pesimista. Y de la necesidad, se crea una virtud”, explica José María Parreño, profesor en la facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense y crítico. “Por otra parte”, continúa Parreño, “muchos coleccionistas buscan ya un contacto diferente, más directo, con los creadores, y huir del ambiente algo más encorsetado de la galería. De todo este movimiento pueden salir grandes cosas, aunque sean minúsculas”. Con el tiempo, muchas de estas iniciativas, de aire independiente, comienzan a tener apoyo institucional, lo cual no parece una contradicción: “La verdad he conocido muy pocos artistas que no quieran integrarse en el sistema, tener éxito y ganar dinero”, concluye el profesor.

En medio de estos hervores, el colectivo Boamistura (www.boamistura.com) abrió ayer las puertas de su lugar de trabajo con motivo de la primera jornada de Open Studio. Es un grupo de cinco jóvenes dedicados al arte urbano, social y participativo, entre los que se encuentran arquitectos, ingenieros, publicistas o artistas, que funcionan como un solo hombre, formando una “buena mezcla”: de ahí su nombre. Es curioso, porque aunque cavilan y se preparan en este estudio, su arte urbano sucede fuera, en el espacio público, tanto español como extranjero. “En España hay cierta estigmatización sobre el arte urbano, al que se asocia con el grafiti y el gamberrismo, por eso a veces nos resulta más fácil trabajar fuera. Pero nosotros tratamos de ser siempre respetuosos con el entorno y dar mensajes positivos”. En efecto, aunque el arte urbano puede tener su origen en el grafiti, ha evolucionado hacia un interés mayor por la calidad artística y la reflexión social. Y, en efecto, Boamistura ha trabajado fuera, y mucho: en Ciudad del Cabo, Sao Paulo, Argelia, Noruega o Berlín, muchas veces en proyectos implicados con comunidades desfavorecidas. Su estudio, que antes era tienda de ultramarinos y vivienda, es una mezcla de lo moderno (paredes blancas, ordenadores Mac, una nutrida colección de libros de arte y diseño) y lo cañí (el suelo de azulejo, una cocina de carbón o un San Pancracio regalo de su casera).

Espacio Vacío. Performance 'Página en Blanco'. ampliar foto
Espacio Vacío. Performance 'Página en Blanco'.

Más destartalado, en la línea de la idea romántica del taller de artista, con papeles, pinturas y maderas por todos lados, e inundado de luz, es el estudio Beneficencia, donde trabajan siete jóvenes artistas de diferentes nacionalidades. Aquí cada uno crea por su cuenta y la distribución del espacio va mutando según las necesidades de los ocupantes. La verdad, se asemeja a esos espacios de coworking que florecen por la ciudad en los que trabajadores freelance de diferentes ámbitos, pero sobre todo profesiones liberales, comparten gastos y emprenden colaboraciones fructíferas. “Trabajamos juntos por compartir gastos, pero también por tener alguien al lado al que consultar, pedirle algo prestado o fumarse un cigarro. Se crean dinámicas y surge la inspiración”, dice Daniel Martín, que trabaja transformando en curiosos diagramas los gestos de oradores como Fidel Castro, Woody Allen o Jacques Lacan. La griega Ioanna Papageorgiou nos muestra los dinosaurios (“una reminiscencia de mi infancia”) casi invisibles que pinta con lápiz sobre lienzo. El cubano Jairo Alfonso trabaja en grandes cuadros de objetos amontonados que retratan el síndrome de Diógenes y reflexionan sobre el consumismo contemporáneo. Al lado de los cuadros de Pedro López Zamora, Ignacio Bautista enseña sus curiosas manipulaciones de fotos de prensa de las que hace desaparecer las redes de las porterías de fútbol o anteriores ministros de Trabajo. Y el mexicano Ugo Martínez Lázaro y el español Álvaro Moreno trabajan en un taller aparte creando muebles que Ugo tunea con sus pinturas realistas de motivos pop (aparecen Esperanza Aguirre llena de tatuajes o Chewbacca, el ser peludo la Guerra de las Galaxias). Desde luego, este espacio está lleno de arte y creatividad. Pero no todos los espacios están tan llenos.

El Espacio Vacío es una iniciativa diseñada especialmente para Open Studio y comisariada por María López Velasco. Un gran espacio vacío cedido por particulares, que antes fue teatro o fábrica de material quirúrgico o textil, en un edificio que hoy en día ocupan artistas, fotógrafos y hasta una escuela de danza africana, se utiliza ahora para albergar una exposición sobre, precisamente, el espacio vacío, en cualquiera de sus acepciones: topográfico, físico o artístico. Se inspira en la célebre frase del director teatral Peter Brooks: “Puedo tomar cualquier espacio vacío y llamarlo un escenario desnudo”. Ayer, para demostrarlo, abrieron con la performance Página en blanco, porque en Open Studio, además de la visita a los talleres también se ofrecerán charlas, coloquios, proyecciones, etc. Una vía para adentrarse en las entrañas del arte contemporáneo de la capital y ver cómo los artistas se manchan las manos.

Open Studio se celebra hasta el próximo domingo. Más información: www.openstudio.es

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