Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

“Si llueve, los restos del incendio bajarán a los cauces y será un desastre”

Alcaldes afectados por los siniestros de junio exigen que no se demore la limpieza del monte

Tres aviones, este lunes, en la extinción del incendio en Pedralba.
Tres aviones, este lunes, en la extinción del incendio en Pedralba.

El miedo dio paso a la desolación cuando las autoridades dieron por controlado los pavorosos incendios que arrasaron a finales de junio 50.000 hectáreas del mejor monte del interior de Valencia y Castellón. No quedó nada, no se oía nada. “Nos dijeron que en septiembre empezarían las tareas de limpieza y todavía no sabemos nada”, denuncia Ernesto Pérez, alcalde de Teresa, casi tres meses después del incendio. El regidor, socialista, vio junto a sus vecinos como el fuego consumió un 75% de su término municipal, unas 1.400 hectáreas de bosques de incalculable valor.

Pérez explica que lo único bueno que ha hecho hasta la fecha la Generalitat es adelantar las indemnizaciones por daños; 100.000 euros en el caso de su municipio. “Y nos lo han dado para taparnos la boca”, opina. Su preocupación ahora es la limpieza y reforestación. “Si comienza a llover, la madera y las cenizas bajarán a los cauces y será un desastre”, pronostica porque somos un río muy importante para la replobación de la trucha”, detalla.

La oposición aguarda

J. F., Valencia

Los grupos de la oposición parlamentaria mantuvieron este lunes una actitud de prudencia a la espera de que la Generalitat controle el fuego, aunque dejaron entrever que las críticas llegarán. La portavoz adjunta del Grupo Socialista Ana Barceló, que se desplazó con distintos cargos del PSPV a las zonas afectadas, pidió al Consell que no escatime recursos para controlar las llamas y reclamó “máxima agilidad en la primera intervención”.

Compromís fue más allá y calificó de lenta la respuesta en el incendio de Chulilla. El portavoz adjunto Juan Ponce achacó la lentitud a los recortes en prevención extinción de incendios. Igual que Josep Lluís Torró, de Esquerra Unida, adelantó que una vez se sofoquen las llamas pedirán respuestas y una asunción de responsabilidades por parte del Consell.

Jesús Ruiz, alcalde de Andilla, del PP, recuerda con dolor lo sucedido. “Después de días de angustia y de fuego a tu alrededor, te endureces. Y cuando ves que tu casa se ha salvado del fuego y no hay desgracias personales, te respiras”, explica. Ruiz teme por las lluvias del otoño. En septiembre deberían haber comenzado las tareas de limpieza y colocación de fajinas (sistema que evita el arrastre de los desechos) pero se retrasa. “Si llueve fuerte, Artaj [aldea de Andilla], corre el riesgo de inundarse porque está junto al barranco”, advierte. La situación es muy complicada y la descoordinación y la falta de presupuesto no ayudan, reconoce el regidor.

El alcalde de Alcublas, otros de los términos prácticamente calcinados por las llamas del pasado junio. Con tres funcionarios municipales y la ayuda de concejales, voluntarios y becarios, este pequeño Consistorio ha abierto en pleno agosto centenares de expedientes de daños, ya que la Consejería de Gobernación les traspasó esa responsabilidad. “No hay un guión conjunto sobre cómo regenerar los montes quemados. Muchas reuniones pero ni un solo plan conjunto”, se queja el alcalde de Alcublas, que ha recibido 250.000 euros de adelanto cuando lleva estimados más de 600.000. “Se han valorado los daños en casas, coches, almacenes y cultivos pero el monte sigue desatendido”, resume Civera. “Si no actúan bien, volveremos a los mismo”, sentencia el regidor.

María José Casero, alcaldesa de Macastre, del PP, asegura que si Tragsa no ha iniciado la limpieza es porque no se puede. Recuerda con desazón el nerviosismo de los vecinos al verse rodeados por las llamas. “Las promesas se están cumpliendo pero lo que ocurrió fue muy grave y la reforestación costará muchos años”.