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El PNV acusa a López de seguir una “estrategia” para empobrecer Euskadi

Ïñigo Urkullu advierte de que exigirá “esfuerzos adicionales” a los ciudadanos

Iñigo Urkullu (a la derecha) saluda a Joseba Egibar durante el mitin del PNV en Zarautz.
Iñigo Urkullu (a la derecha) saluda a Joseba Egibar durante el mitin del PNV en Zarautz. EFE

El acto en Zarautz con el que el PNV acostumbra a abrir su curso político a finales de cada mes de agosto se ha convertido en el primer mitin de la precampaña electoral de su candidato a lehendakari, Iñigo Urkullu. Y el calibre usado tanto por él como por el presidente de su partido en Gipuzkoa, Joseba Egibar, fue grueso: según la acusación que lanzó este último, el Gobierno de Patxi López ha desarrollado en estos tres años largos de mandato “una estrategia deliberada de empobrecimiento de la sociedad vasca, para que cada vez nos parezcamos más a España. Es una estrategia política de fondo”, aseveró. “Para que luego vayan vendiendo por ahí el modelo Euskadi”, añadió, en referencia a la expresión acuñada por el Gobierno para distinguir sus medidas frente a la crisis de las aplicadas por el PP.

La polémica que con toda seguridad va a abrir esta manifestación se añade a dos frentes que ya tienen al rojo vivo ambos partidos y candidatos. Primero, las acusaciones del consejero de Economía, Carlos Aguirre, al tripartito de Juan José Ibarretxe, por su aumento del gasto público en los años que precedieron a la llegada de los socialistas. Y, segundo, las dudas sembradas sobre la limpieza del propio proceso electoral por el vicepresidente segundo del Parlamento en la legislatura recién acabada, el peneuvista Iñigo Iturrate.

El líder del PNV reclama alcanzar “un gran pacto constituyente”

Urkullu cifró el reto de su partido en “sintonizar con las necesidades de la sociedad” y se desmarcó de un Estado que “ha derrochado y no ha ahorrado” y que “arrastra” a Euskadi con su “nefasto diseño institucional, económico y financiero.

El candidato a lehendakari, descalificó la labor de Gobierno de López —“su obsesión era llegar al poder, el poder por el poder”— a cuya gestión se refirió como “tres años negros de desgobierno”. El elemento de contraste serían los “treinta liderando el autogobierno ligado al bienestar” que reivindicó para el PNV. “Esto no da más de sí”, afirmó, para señalar que su formación persigue “un cambio de rumbo”. Los discursos de ambos líderes peneuvistas estuvieron salpicados de identificaciones entre sus siglas y Euskadi: “Lo nuestro es Euskadi, creemos en Euskadi”, sostuvo Urkullu, que llevaba escrita su intervención. “Somos los únicos que creemos en Euskadi. No hay otro”, se le adelantó Egibar, sin papeles en el atril.

Las frases

“¿Qué inquieta hoy a la sociedad? Que mañana sube el IVA. La gente siente incertidumbre, inseguridad y no hay un liderazgo que disipe sus temores. Esta es hoy en día la preocupación de la gente”. (Urkullu).

“Hay que proyectar a la sociedad el mensaje de que vamos a salir de esta y solo es creíble si lo dice el PNV, porque lo hemos demostrado en el pasado” (Egibar).

El Gobierno ha mantenido una “estrategia deliberada de empobrecimiento de Euskadi para que cada vez nos parezcamos más a España. Es una estrategia política de fondo”.

“La del PSE y el PP es una ruptura estratégica por los pésimos resultados electorales, pero hemos aprendido una cosa: si pueden, se juntarán de nuevo” (Urkullu).

“Ya está bien de tanta demagogia y mentira, ya está bien de acusaciones de falta de lealtad, de preguntar qué hospitales queremos cerrar, de acusaciones en la política fiscal o de actuar contra los intereses de Euskadi” (Urkullu).

El presidente del PNV afirmó que su partido tiene escrito —y aprobado por su ejecutiva nacional el pasado lunes, aunque no lo ha dado a conocer— un programa “realista” y asumió como primer compromiso “decir la verdad. No prometer lo que no vamos a poder cumplir”. Urkullu mostró valentía al adelantar que si gobierna exigirá a los ciudadanos “esfuerzos adicionales”. “Nos va a costar salir de esta situación” y “nada se conseguirá sin sufrimiento”, añadió.

Egibar se mostró más concreto aún: “Tenemos que bajar nuestro nivel de vida”, advirtió, Y quienes tienen trabajo, verán “bajar sus sueldos” y tendrán que hacer “sacrificios”.

Urkullu revistió de una cierta solemnidad su referencia al autogobierno. El Estatuto de Gernika fue “el motor”, pero ahora es “el momento de la transición vasca, el momento de un gran acuerdo constituyente”, Y, ya concretando, el de un nuevo estatus político para Euskadi, que ha situado en 2015.

Para Egibar, estas palabras de Urkullu suponen un espaldarazo y un cierre de filas en torno a esas tesis, que le hará mucha falta en su pugna con la izquierda abertzale en Gipuzkoa, donde esta le ha batido en las últimas citas en las urnas: municipales, forales y generales de 2011.

El líder guipuzcoano, debilitado en términos de influencia en el seno de la formación tras la última renovación de las ejecutivas nacional y territoriales, indicó que el único partido que “conoce y respeta al pueblo vasco” es el PNV. “Solo nosotros creemos en este pueblo”, sostuvo. Por esa razón, solo el PNV podría sacar a Euskadi de la crisis, siguió. Rescató la vieja pregunta de Ibarretxe —“¿Qué daño hace el derecho a decidir?”— para mantener que una gestión “basada en la justicia social” y la soberanía son “las dos caras de la misma moneda”.

Ambos coincidieron en exigir un futuro “con memoria y dignidad” respecto del pasado violento, pero Egibar fue el más exigente con la izquierda abertzale: “Alguien se tendrá que responsabilizar de lo que ha pasado en las tres últimas décadas”.

Sin rectificación de las sospechas

El Gobierno mostró ayer con claridad que no quiere dejar pasar “como un lance de precampaña” cualquiera las dudas vertidas por el PNV por boca de su candidato por Bizkaia Iñigo Iturrate, sobre la limpieza del proceso electoral para el 21-O, tras la salida de Rodolfo Ares de Interior para hacerse cargo de la campaña socialista.

Transcurridas sin rectificación peneuvista más de 24 horas desde que Iturrate extendiera la sospecha e Interior le saliera al paso el mismo miércoles, el Gobierno volvió a emplazar ayer formalmente al primer partido de la oposición, y directamente a su candidato a lehendakari, Iñigo Urkullu, para que desautorice a Iturrate y diga sin subterfugios si confía en la administración electoral del Ejecutivo.

Si no llega la desautorización de Urkullu, el Ejecutivo amaga con ir a los tribunales, adelantando que “estudiará si de las palabras del dirigente nacionalista pueden derivarse responsabilidades de algún tipo y actuará en consecuencia”.

El PNV, sin embargo, no tiene ninguna intención de responder al requerimiento. “Los fuegos artificiales se acabaron el domingo”, ironizó ayer en declaraciones a EL PAÍS el propio Iturrate, para quien la insistencia del Ejecutivo intentaría tapar lo que consideró “la metedura de pata” del consejero de Economía, Carlos Aguirre, por responsabilizar ahora al tripartito de Juan José Ibarretxe del estado de las arcas públicas.

Aunque medios del partido indicaron a lo largo del día que tal vez Urkullu haría alguna referencia en su blog, finalmente su equipo decidió dar al Ejecutivo la callada por respuesta. No habrá, pues, rectificación, y el PNV, al menos por ahora, mantedrá su sospecha de parcialidad de Interior en el proceso electoral flotando sobre la campaña.

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