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Un proyecto en defensa del teatro

La colaboración entre el CDG y la Escuela de Arte Dramático no conlleva ningún trabajo precario

La publicación en estas páginas de un reportaje de Iago Martínez, el pasado 15 de agosto, ha provocado reacciones dispares, lo que aconseja informar a la ciudadanía de las finalidades últimas de una iniciativa que va en una dirección bien diferente a la que le atribuyen algunos sectores, ajenos tal vez a la lógica educativa que la sustenta.Desde su creación en 2005, la Escola Superior de Arte Dramática de Galicia (ESAD)ha promovido la creación de una compañía propia para que sus egresados pudiesen continuar su formación desarrollando proyectos escénicos, y siempre bajo la fórmula de bolsas para postgraduados, pues ese es el único marco posible en un centro educativo. Será finalmente el Centro Dramático Galego (CDG) el que active la propuesta, mediante un convenio que respeta fielmente el espíritu de la misma, tanto por ser su director, Manuel Guede, un firme defensor de la idea, como por el hecho de que las competencias en cultura y educación dependan ahora de una misma Consellería, lo que facilita diálogo y acuerdos.

En el Museo Pedagóxico de Galicia, en el Centro de Investigacións Agrarias de Mabegondo o en la Facultade de Ciencias Sociais e da Comunicación, hay becarios posgraduados, pues así lo permite la normativa aplicable pero también lo demanda el desarrollo de proyectos de investigación. La puesta en marcha de la compañía de la ESAD es una más de las iniciativas a implementar para promover la transición a la vida activa de sus egresados y favorecer la continuación de sus estudios, y con la misma lógica institucional y normativa se convocan ahora becas de creación para postgraduados. No se inventa nada, se siguen pautas de actuación de centros superiores de formación con mayor recorrido y de los que se debe aprender.

La ESAD de Galicia en ningún caso puede renunciar a una propuesta que hará realidad un viejo proyecto fundamental en su futuro como institución con competencias en formación, investigación y creación, y con responsabilidades claras en la empleabilidad de sus egresados. Una negativa de la ESAD a desarrollar su propia propuesta sería tanto como negar su razón de ser y la utilidad de su oferta educativa, caminar con decisión hacia su suicidio institucional. Pero tampoco se entendería que se tratase de impedir su desarrollo con razones y argumentos que no respetan la lógica académica con la que operan los centros educativos con una orientación finalista.

El convenio entre el CDG y la ESAD implica producir un espectáculo anual con egresados en interpretación, dirección escénica, dramaturgia o escenografía, conformando un practicum que les permita aplicar y consolidar competencias adquiridas, desarrollar otras y sumar experiencias nuevas. Pero, last but not least, también les permitirá colaborar en la docencia de materias como Prácticas de dirección de actores o Prácticas de dirección de escena, en las que se necesita un elenco mínimo en los procesos de aprendizaje. Incluso facilitará que puedan cursar el Máster en Artes Escénicas de la Universidad de Vigo, o avanzar en su proyecto de doctorado. No se trata de “contratos en precario”, pues ni se habla de contratos ni es ese el marco legal aplicable: son becas para postgraduados, las mismas que existen en otros centros de formación superior. Y cuando se haga pública la convocatoria se verá que no inducen a la precariedad sino todo lo contrario, tanto que seguramente los solicitantes potenciales aumentarían de forma exponencial si esa participación no estuviese limitada a personas con titulación superior en arte dramática, dada su dimensión académica.

Esta colaboración académica con el CDG entra dentro de la lógica institucional y sistémica de cualquier centro de formación, por lo que no se explican ciertas visiones negativas de un proyecto que potencia la legitimidad de la ESAD y amplía la cualificación de una hornada de nuevos profesionales a través de un practicum al que solo podrán acogerse en dos ocasiones. También entra dentro de la lógica institucional que las administraciones públicas favorezcan la inserción laboral de las persoas que están contribuyendo a formar con recursos públicos, en centros oficiales y públicos. Y es de esperar que este tipo de medidas se generalicen, y que cualquier compañía teatral pueda en breve disponer de becas para postgraduados e incorporar egresados a proyectos escénicos y en su elenco artístico.

Finalmente no se puede obviar que estamos ante un proyecto estratégico para que la ESAD pueda cumplir los criterios aplicables en los procesos de acreditación de las titulaciones integradas en el Espacio Europeo de Educación Superior. Como cabe suponer que en este país nadie apuesta por el cierre de la ESAD de Galicia, cabe pensar que con un poco de comprensión y diálogo entre las partes se podrá superar esta pequeña polémica, que se puede tornar estéril. Todo sea en defensa del teatro.

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Manuel F. Vieites es director de la Escola Superior de Arte Dramático de Galicia

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