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EL CALENDARIO ELECTORAL EN GALICIA

El dilema vasco de Feijóo

El presidente tendría que renunciar a la reforma de la ley si opta por adelantar

Feijóo en la capilla ardiente de Avelino Pousa Antelo Ampliar foto
Feijóo en la capilla ardiente de Avelino Pousa Antelo

Dice el diccionario que un dilema es una elección entre dos posibilidades, especialmente si son malas. Y los inconvenientes superan a las ventajas para Feijóo en las dos opciones a las que el lehendakari, Patxi López, ha reducido el escenario electoral de Galicia al anticipar los comicios en el País Vasco al 21 de octubre. O convoca en esa misma fecha, y renuncia a la reducción de 14 escaños que debía suponer el tiro de gracia a la oposición, o se expone a que el creciente deterioro económico y social del país lo devore en el incierto 2013. Por si fuera poco, el tiempo apremia: la decisión, que corresponde únicamente al presidente de la Xunta, debe ser tomada en el plazo de siete días. Si el martes próximo el Diario Oficial de Galicia no publica el decreto de disolución del Parlamento y la convocatoria de elecciones, el debate del anticipo electoral estará prácticamente finiquitado.

El escenario electoral que imaginaba el Partido Popular era muy distinto, por más que entrara dentro de lo posible que Patxi López, que ganó sus elecciones el mismo 1 de marzo de 2009 que Feijóo, se inmiscuyera en el calendario. El PP necesitaba un poco más de tiempo. El suficiente para aprobar la reforma de la Ley Electoral y esperar a finales de noviembre para la cita con las urnas, que entre los dirigentes populares se consideraba la opción más probable. Legalmente nada se lo impide, pero la posibilidad de convocar las autonómicas un mes después de que voten los vascos se antoja descabellada, por lo que tiene de tensión política, desprestigio del modelo autonómico y despilfarro. El Feijóo que asegura reducir diputados para ahorrarle dinero a los gallegos difícilmente podrá defender dos convocatorias electorales en el plazo de un mes.

En el entorno más próximo a Feijóo aseguran que su decisión no está tomada, y que en ella pesarán otros factores que pueden inclinar la balanza hacia uno u otro lado. Dos de ellos juegan a favor del anticipo, ambos relacionados con la oposición. Si opta por hacer coincidir las elecciones con las del País Vasco, cogerá con el pie cambiado tanto al PSdeG, aún sin candidato, como a los grupos nacionalistas y de izquierdas que tratan de organizarse al margen del BNG.

La decisión de Feijóo se cocina con más ingredientes, que van de la posibilidad de que España pida un rescate en las mismas fechas de las elecciones, si convoca en octubre, al temor a los negativos datos del paro que suelen caer hacia marzo, si opta por 2013. En todo caso, la intención del presidente era cerrar el contrato con Pemex para los astilleros gallegos y establecer con la Consellería de Infraestructuras alguna inauguración relevante antes de los comicios.

El secretario general del PSdeG, Pachi Vázquez, le instó ayer a “acabar con la incertidumbre”. Pero no abundarán las pistas de aquí al martes. La casualidad quiso que el anuncio del lehendakari coincidiese con la primera aparición pública de Feijóo desde que se fue de vacaciones, en la visita a la capilla ardiente del galleguista Avelino Pousa Antelo, en Teo. El presidente de la Xunta se deshizo de los periodistas que se arremolinaban a su alrededor para conseguir alguna pista del calendario electoral una sola frase: “El velatorio de un galleguista no es lugar para hablar de elecciones”.

Minutos antes, el que habló fue el portavoz parlamentario del PP, Pedro Puy, en una convocatoria urgente a los medios de comunicación para hacer una valoración de la convocatoria de elecciones en el País Vasco. Sus palabras invitan a pensar en 2013 como escenario probable, aunque Puy se cuidó mucho de categorizar. Afirmó que la decisión de López “no afecta en nada a Galicia”, porque la competencia de convocar es solo de Feijóo, pero tampoco negó que el 21 de octubre fuese una opción.

Puy apuesta por negociar la ley electoral

En las últimas semanas, las del mes de agosto, no paran de llegar señales contradictorias desde el PP respecto a la reforma electoral. Nadie la pone en duda. Sigue en pie, pero lo que un día es innegociable al siguiente pierde importancia, para volver a convertirse en clave tiempo después. Ayer tocaba una defensa tibia, la que hizo el portavoz del grupo popular, Pedro Puy.

Feijóo se fue de vacaciones con el mensaje de que era innegociable. Cuando el PSOE contraatacó con una propuesta de recortar el mismo gasto sin tocar el número de escaños, el PP lo descartó inicialmente para, horas más tarde, sumar las dos iniciativas: reducción de gastos y de diputados. Días más tarde, la portavoz adjunta Marta Rodríguez Arias volvía a abrir las puertas a la negociación, incluido el fijo de 10 diputados por provincia que dispara la representatividad de Lugo y Ourense, graneros del voto popular. A los pocos días, el presidente de la Xunta descartaba esa posibilidad.

Ayer, Pedro Puy volvió a insistir en la vía negociadora. Aseguró que su grupo quiere “valorar las contestaciones” de la oposición, apostó por lograr un “amplio consenso” y advirtió que, de momento, la propuesta del PP “no está registrada”. En todo caso, el futuro de la reforma electoral depende ahora de que Feijóo resuelva su dilema. Un anticipo al 21 de octubre enterraría la iniciativa definitivamente.