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Volver a la vendimia resurge como fuente de ingresos anticrisis

Este año 14.700 jornaleros españoles irán a Francia a recoger uva

La valenciana es la segunda comunidad que más trabajadores envía

José, joven licenciado en paro, irá este año a la vendimia francesa. Ampliar foto
José, joven licenciado en paro, irá este año a la vendimia francesa.

Son jóvenes, con estudios superiores, sin prejuicios y sin trabajo. No pretenden hacer del campo su modo de vida, pero ya no se niegan a aceptarlo como fuente de ingresos porque quieren independizarse. Sus padres les apoyan porque comprenden que sus hijos necesitan trabajar. José, valenciano de 26 años, y María, castellonense de 23, serán dos de los 14.700 jornaleros españoles que saldrán a finales de agosto de sus pueblos para ganarse la vida en la vendimia francesa de 2012.

Valencia es, tras Andalucía, la región que más jornaleros envía cada año a la recogida de la uva francesa en septiembre. No se requiere experiencia ni conocimientos de idioma. Solamente ganas de trabajar y disponibilidad para vivir un mes fuera de casa. El atractivo principal: el sueldo. “El salario de la vendimia francesa es impensable en el campo español”, afirma Jesús Acasuso, secretario de migraciones de UGT. Una jornada laboral de 35 horas semanales a 9,40 euros la hora y el cobro de las horas extra, que siempre hay en el campo, permiten que un jornalero gane en el mes de la vendimia más de 1.500 euros.

“El año pasado vi un reportaje en la televisión sobre gente joven que estaba organizando un viaje a la vendimia y pensé que era una buena opción”, cuenta María. No tiene prejuicios. Terminó un curso de etología en la Universidad Autónoma de Barcelona el año pasado y desde entonces da clases en residencias caninas. “Desde mediados de año el trabajo ha flojeado mucho. Voy a la vendimia porque quiero seguir pagándome los estudios y con mi trabajo y con esto voy avanzando”, precisa.

El salario de la vendimia francesa es impensable en el campo español

Tanto María como José viven con sus padres. Hablando con amigos comunes supieron que ambos estaban interesados en viajar a Francia y se pusieron a buscar juntos quien les emplease. “Envié unos 500 correos, de los cuales me respondieron 60 y solo 20 afirmativamente”, explica José, licenciado en Ciencias Ambientales, que ve en la vendimia una oportunidad para viajar, aprender idiomas y ganar dinero. Entre las 20 opciones eligieron una explotación de viñedos en la Provenza francesa que les mantendrá trabajando hasta finales de septiembre o principios de octubre.

“El campo francés está bastante copado y por eso no ha aumentado la oferta de plazas para esta temporada”, cuenta Jesús Acasuso. “Mucha gente que trabajaba en el sector de la construcción o de los servicios ahora cambia de sector y busca trabajo en la vendimia”, explica Acasuso, que añade que a la creciente demanda de los españoles se suma el retorno al campo de los parados franceses. En los años setenta eran cerca de 80.000 los españoles que viajaban a la vendimia pero esta cifra fue bajando en favor de otros sectores. “En los cuatro últimos años ha habido un repunte”, explica Acasuso, desde los 12.000 españoles que iban en 2008 hasta los 14.700 que viajarán este año.

Los temporeros agrícolas viajan todo el año allá donde se producen las cosechas, pero la vendimia francesa “es la estrella, es la que tiene más tradición y más romanticismo”, además de estar mejor pagada con 9,40 euros por hora “frente a los 6,60 euros que cobra en España, por ejemplo, un jornalero de la aceituna”. Acasuso explica que los jornaleros andaluces viajan en grupos organizados, mientras que los valencianos o los catalanes lo hacen solos o en compañía de conocidos que también van a vendimiar. Los estudiantes valencianos, según cuenta, siempre han migrado para obtener una fuente de ingresos extra, pero ahora esta demanda se agudiza por la situación de crisis.

Aunque no tienen pensado convertir el campo en su forma de vida, es algo que los nuevos jornaleros ya no descartan. “No lo tengo previsto, pero no puedo decirlo”, afirma María. “Si el año que viene sigo sin nada y puedo volver, volveré”, dice José.