Rebeldía y “crisis política” contra Rajoy

Casi 30.000 personas marchan por las calles de las mayores ciudades para exigir al Ejecutivo del PP un cambio radical. Los sindicatos apelan al espíritu del 29-M y la “movilización permanente”

El secretario general de ELA, Adolfo Muñoz, durante el mitin que ofreció antes del inicio de la manifestación convocada por su central en Bilbao.
El secretario general de ELA, Adolfo Muñoz, durante el mitin que ofreció antes del inicio de la manifestación convocada por su central en Bilbao.LUIS ALBERTO GARCÍA

Cerca de 30.000 personas tomaron ayer las calles de las principales ciudades vascas, convocadas por los sindicatos mayoritararios, para mostrar su rechazo frontal a los recortes sociales y la reforma laboral aprobados por el Gobierno del PP. En el Primero de Mayo que llegaba con mayor crispación social de los últimos años por las “salvajes” reformas impulsadas por Mariano Rajoy, los líderes en Euskadi de CC OO y UGT apelaron a la “movilización permanente” y la “rebelión” para hacerles frente, mientras que Adolfo Muñoz, líder de ELA, fue, de nuevo, un poco más lejos al plantear “abrir una crisis política real para dar centralidad a lo social”.

UGT y CC OO, que celebraron otra vez unidos el Primero de Mayo, reunieron a unas 8.000 personas en su manifestación de Bilbao; otras 3.000 en Vitoria y 2.500 en San Sebastián. ELA, la central mayoritaria, aseguró que había congregado en la Gran Vía bilbaína a más de 11.000 simpatizantes, mientras que LAB dijo haber reunido a unos 2.000 en San Sebastián, donde celebró su acto principal, y a algunos miles más entre las otras 20 localidades de Euskadi, Navarra y el País Vasco francés en que ayer convocó manifestaciones.

Con todo, ninguna de las marchas alcanzó la magnitud de la del pasado 19 de febrero en Bilbao de CC OO y UGT contra la reforma laboral. Las centrales llamaron además a mantener el espíritu de la huelga general del 29-M. El País Vasco fue una de las comunidades en las que tuvo una mayor repercusión.

Los líderes sindicales se acusaron mutuamente de la falta de unidad

Pese a que el rechazo a las políticas de Madrid fue unánime, no fue posible la unidad sindical. Poco importó que todos los líderes de las centrales compartieran la idea que el portavoz socialista, José Antonio Pastor, expresó poco antes del inicio de la marcha de CC OO y UGT en Bilbao: “Estamos asistiendo al ataque más brutal e intenso de toda la democracia contra el Estado del bienestar y contra los derechos de los trabajadores”.

UGT y CC OO convocaron de forma conjunta a su militancia, mientras que ELA y LAB lo hicieron por separado —el año pasado, en Bilbao, las centrales nacionalistas desfilaron unidas, algo que no hacían desde 2004—. La Gran Vía bilbaína, por lo tanto, acogió varias marchas en sucesión. Por delante marcharon los simpatizantes de USO y CNT, seguidos a unos 200 metros por los de CC OO y UGT. Y en último lugar, los de ELA.

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Los dirigentes sindicales lamentaron esta falta de unidad y se acusaron mutuamente de que no hubiera sido posible. Así, tras afirmar que “hay que consolidar una alianza sindical”, Muñoz puso como “único requisito” que no haya “subordinación ni a los Gobiernos ni a los partidos políticos”. El secretario general de ELA criticó al lehendakari, Patxi López, por “llevar años” recortando el gasto en sanidad, educación, vivienda y prestaciones sociales. “En todo menos en las cantidades que da a sus amigos del diálogo social [en referencia a UGT y CC OO]“, dijo.

De su lado, el secretario general de UGT-Euskadi, Dámaso Casado, echó en falta la mencionada unidad, “algo de lo que se aprovecha el capitalismo”, opinó. En este punto se acordó, sin nombrarlo, de ELA, “el único responsable” de que la mayoría de los convenios colectivos vascos “sigan congelados”. “Se dedica solo a las grandes empresas. Así no se avanza”, censuró.

Muñoz reclamó a PSE, PNV, UPN y Bildu que no apliquen las reformas de Rajoy, ya que eso sería convertir a las instituciones vascas “en simples delegaciones administrativas de Madrid”. En su opinión, “si se opta por la docilidad y la sumisión, no hay recorrido social ni político alternativo; no hay proceso soberanista que valga”. “Aceptar eso supone una renuncia a cualquier ámbito de decisión”, apostilló Muñoz, quien también criticó a las Haciendas vascas. “Es inaudito que Rajoy haya hecho más que ellas en el IRPF y en Sociedades. Se limitan a hacer de notarios recordándonos que cae la recaudación”, dijo.

Frente a la “brutal” reforma laboral, el líder de ELA apeló a “la organización de la gente del trabajo” y a continuar con las movilizaciones. En esto coincidió con sus homólogos de las centrales de ámbito estatal. Unai Sordo, de CCOO, animó a la ciudadanía a que inicie “un proceso de rebelión” contra las durísimas medidas de Rajoy. “Las personas que están en el paro se merecen que los sindicatos se empleen hasta los tuétanos”, abundó. Casado apostó por “la movilización permanente” como “único camino” para que los políticos “se vean obligados a pegar un giro”.

“Está en juego todo lo logrado”

El 1 de Mayo resultó soleado. Tras un mes de abril pasado por agua, el buen tiempo hizo, por fin, acto de presencia para alegría de las miles de personas que se echaron a la calle en contra de los recortes de Rajoy.

El centro de Bilbao amaneció casi más engalanado que nunca. A las miles de banderas rojiblancas que lucen en ventanas y balcones en apoyo al Athletic, se sumaron las pancartas y banderas con las que los sindicatos habían decorado las calles por las que iban a transitar las distintas marchas.

Los simpatizantes de las diferentes centrales estuvieron juntos, pero nunca revueltos. La marcha de ELA fue la última en salir de la Gran Vía, junto al Sagrado Corazón. Para “ganar tiempo” y no atropellar a quienes les precedían —CC OO y UGT—, la central nacionalista organizó el mitin de su secretario general, Adolfo Muñoz, antes del inicio de la manifestación. La jugada salió mal, ya que todos los sindicatos retrasaron la salida. Así, los distintos grupos avanzaron a trompicones, parando cuando se acercaban demasiado al que iba por delante.

Rodrigo no quiere desvelar su edad, aunque es obvio que rebasa los sesenta. Camina junto a la cabeza de la marcha de UGT y CC OO. “El año pasado había más gente”, asegura. ¿Servirá para algo? “Esperemos que sí. Está en juego todo lo que hemos logrado tras muchos años de lucha”, dice

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