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OPINIÓN

La navaja de Ockham

Es tentador buscar razones ocultas, dobles intenciones y mecanismos complejos para explicar ciertos fenómenos. Como si la casualidad estuviera fuera de la ecuación y la interpretación más sencilla resultara la más simplona y, por consiguiente, la equivocada. Muchos asocian la naturaleza humana con lo retorcido, lo malintencionado y lo cruel. Personalmente creo que nuestro comportamiento se puede definir mejor con los adjetivos de “ingenuo”, “chapucero” y “cutre”.

Pienso en este tema a raíz del vídeo promocional de la marca Loewe que ha revolucionado las redes sociales esta última semana. Para quienes no conozcan el asunto, breve resumen: el anuncio muestra a unos niños pijos glosando las bondades de España y Loewe, con testimonios llenos de “oseas” e imágenes que parecen filmadas por Sophia Coppola con resaca. El vídeo de marras ha sido visto, enviado, comentado y parodiado hasta la saciedad. La opinión más común acerca de él ha sido la de “qué grima dan”, en ocasiones apostillada por un demagógico “con la que está cayendo”.

El segundo tipo de comentarios que más ha proliferado señala el anuncio como gesto calculado, como campaña hecha para provocar la primera reacción y así tener a Loewe en boca de todos. Ésta es la opinión que me interesa, la conspiranoica, la que ve intenciones misteriosas en los propósitos de los creadores del spot.

Por un lado, este comentario está diseñado para sentirse superior al resto (el “a mí no me engañan”). Por otro, ¿de verdad no es evidente que los artífices del anuncio se creían con absoluta convicción lo que estaban mostrando? Desde mi punto de vista quien diseñó esta campaña pensaba que el vídeo retrataba lo más molón que ha parido madre. No soy capaz de detectar ninguna estrategia más allá de la propia ingenuidad del “qué bonito es ser joven y rico y llevar bolso”. En ese sentido la virtualidad del anuncio me ha parecido casual. Ha sido un fenómeno de masas precisamente por ser repugnante, no porque haya sido modelado para serlo.

Podemos pensar que detrás de la decisión de un político haya intereses oscuros pero seguramente encontraremos una suma de chapuza y mezquindad. Que un desastre natural esté orquestado por manos ocultas pero la razón se hallará realmente en la dejadez. Los “hombres de negro” son mucho más perezosos a la hora de elaborar fechorías que los conspiranoicos cuando toca pergeñar teorías. Las cosas horribles que nos pasan (y el vídeo de Loewe es una de ellas) tienen un origen cutre y chusco, nada novelesco ni grandilocuente. En este caso detrás de la frivolidad, sólo encontramos más frivolidad.