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SAMUEL ARANDA | Ganador del World Press Photo

“Trato de implicarme con lo que fotografío”

Aranda, ayer en la presentación de la muestra en Bilbao. Detrás, en el cartel, la imagen con que ganó el World Press Photo.
Aranda, ayer en la presentación de la muestra en Bilbao. Detrás, en el cartel, la imagen con que ganó el World Press Photo.

Samuel Aranda (Barcelona, 1979), ganador del último World Press Photo, el premio más prestigioso del mundo en fotoperiodismo, participó ayer en la presentación en Bilbao de la exposición Guerra y Paz: una visión personal, enmarcada en el proyecto 2012 Euskadi, año de las culturas por la paz y la libertad, ideado por el Ejecutivo para conmemorar el 75º aniversario del bombardeo de Gernika. La muestra se inaugurará el 23 de marzo en la villa foral. Más adelante pasará por San Sebastián, Bilbao, Eibar y Vitoria. Para configurarla, un total de 33 fotoperiodistas de prestigio han elegido de su álbum personal dos imágenes cada uno, una que simboliza la paz y otra que representa la guerra.

Pregunta. ¿Cuáles son las imágenes que ha elegido?

Respuesta. La de guerra es la foto premiada con el World Press, una madre con velo islámico sosteniendo a su hijo herido en brazos. Y la de paz es del primer día de alto el fuego en Líbano durante la guerra de 2006. En ella se ve a un caballo famélico caminando por unos edificios destruidos. Quería mostrar lo que queda tras la guerra, una paz marcada. Tengo cariño a esa imagen.

“Ya he perdido varios compañeros y amigos. Cada vez tengo más miedo”

P. La que le ha supuesto el World Press Photo ha sido comparada con La Piedad de Miguel Ángel. ¿Cómo recuerda el momento en que la tomó?

R. Fue el pasado 15 de octubre. Empezó una manifestación por la mañana en Sana [capital de Yemen] y a los cinco minutos los francotiradores del Gobierno empezaron a disparar. Corrimos a buscar refugio a una plaza y la bombardearon con disparos de tanques. Nos metimos dentro de una mezquita y allí ocurrió. Fátima, la madre, me llamó la atención porque estaba muy entera, con mucha fortaleza. No lloraba. Creo que hice cinco disparos. Enseguida se llevaron a Said para atenderlo.

Perfil

Samuel Aranda (Santa Coloma de Gramanet, Barcelona, 1979) comenzó su carrera tomando fotos de los grafitos que él mismo pintaba. Con 19 años empezó a colaborar con EL PAÍS y El Periódico de Catalunya. Ese mismo año ya viajó a Gaza como reportero gráfico de la agencia Efe. Cubrió para la misma agencia el conflicto árabe-israelí dos años después. En 2011 documentó las revoluciones árabes de Túnez, Egipto, Libia y Yemen. Actualmente trabaja para The New York Times.

P. Habla de ellos con mucha familiaridad.

R. Tres días después de recibir el premio, volví a Yemen en su búsqueda. Estaba interesado en saber quiénes eran y cómo estaban. Ahora estamos en contacto.

P. ¿Supo del valor de la instantánea cuando la tomaba?

R. No. Por desgracia, estamos muy acostumbrados a hacer fotos de mujeres llorando en el mundo árabe. Sabía que había hecho una foto que podía ser interesante, pero no que iba a tener esta repercusión. Cuando la envié a mi editor del New York Times, él fue el primero que me dijo que era una imagen diferente. Muestra muchos sentimientos. Es fácil que una madre conecte con ella.

P. ¿Qué hace falta para ser un buen fotoperiodista?

R. Para mí es muy importante implicarme con lo que fotografío. Intento hacerlo siempre; sentirme parte de los lugares en los que trabajo.

P. ¿Hay que ser también un poco inconsciente o temerario?

R. Al principio, mucho. Ahora menos. Ya he perdido varios compañeros y amigos. Cada vez tengo más miedo.

P. ¿Se puede ser neutral documentando una guerra?

R. En lo personal a veces es complicado, pero profesionalmente hay que procurar documentar siempre los dos lados.

P. ¿No se ha vuelto un poco insensible con el tiempo?

R. Es imposible. Tienes que sentir que estás haciendo algo positivo y que te implicas con las cosas. Alguien insensible aguantaría uno o dos años y lo dejaría.