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Declara como imputado el directivo de una piscifactoría acusada de contaminar

Un estudio de la universidad detecta altas concentraciones de metales pesados

Vista de la piscifactoría en Quilmas (Carnota)
Vista de la piscifactoría en Quilmas (Carnota)

El responsable de la piscifactoría que la empresa Stolt Sea Farm tiene en Quilmas (Carnota) deberá declarar ante el juez como imputado por una supuesta contaminación con metales pesados de los terrenos próximos a la planta. El responsable del juzgado de Instrucción número uno de Muros ha reabierto la denuncia que la cooperativa de agricultura ecológica Rainha Lupa puso contra la empresa en 2009 —y que se cerró por falta de indicios— a raíz de las conclusiones de un estudio de la Universidade de A Coruña en el determina que hay contaminación en el terreno. El imputado, Pablo García, deberá declarar el próximo 9 de abril.

El estudio de la universidad, realizado por el Departamento de Química Física e Enxeñería, compara dos parcelas de la zona —una pegada a los terrenos de la piscifactoría y otra más alejada— y concluye que existe “un claro episodio de contaminación por metales pesados y también por sustancias salinas”. En el área más próxima a los terrenos de Stolt Sea Farm registraron una salinidad 11 veces superior al de la parcela más alejada, mientras que la concentración de metales pesados está entre 5 y 13 más alta, según el metal que se considere. La elevada presencia de metales “no son la razón” para que no crezca la hierba en el primer terreno —según la denuncia de la cooperativa— como tampoco afectaría la concentración salina, por lo que los responsables del estudio afirman que podría deberse “a la presencia de otros contaminantes no analizados en este estudio”. En cualquier caso, el terreno “no es apto para la producción de alimentos saludables”.

La cooperativa considera que la contaminación del terreno se debe “a los vertidos de la piscifactoría” y que supuso “una pérdida de cosechas y convirtió el terreno en inhábil para la producción de alimentos”. Para la asociación ecologista Adega, que apoya a la cooperativa en su denuncia, “queda en evidencia la realidad de la acuicultura industrial que no solo contamina el mar con residuos orgánicos, antibióticos y productos químicos, sino que también envenena la tierra”.

Desde la piscifactoría de Carnota consideran la denuncia un “auténtico disparate”. El director general de la planta, Luis Toro, afirma que en el proceso que se lleva a cabo en este tipo de acuicultura “es imposible que se generen metales pesados”. “Cogemos agua de mar y les damos a los peces alimento controlado”, explica. Toro, que afirma que en la empresa desconocen la citación, apunta que, si existe la contaminación, “se puede deber al mal uso de abonos de uso agrícola, pero de una piscifactoría es absolutamente imposible”.