Carreras, porrazos, cardenales y una noche en comisaría

Quedan en libertad todos los detenidos en las protestas de Valencia y 12 de ellos pasan a disposición judicial

Un policía antidisturbios golpea con su porra a Jorge Navarro, uno de los detenidos que ha pasado a disposición judicial.
Un policía antidisturbios golpea con su porra a Jorge Navarro, uno de los detenidos que ha pasado a disposición judicial.CARLES FRANCESC

"Estaban pegando a una chica en la estación del Norte y me puse en medio, pero luego llegó una oleada de antidisturbios y me golpearon un par de veces hasta que caí al suelo, intenté moverme y me atizaron con la porra”, explica Jorge Navarro Ibáñez De Sebandiano, de 19 años, estudiante de Atención Sociosanitaria en el IES Jordi de Sant Jordi. Para él, la pesadilla arrancó pasadas las tres y media de este lunes, quizá en el momento más candente de las protestas estudiantiles de Valencia. Y acabó poco antes de las cinco de la tarde de este martes, cuando Jorge salía escoltado por la policía de la Ciudad de la Justicia de Valencia, con la rodilla vendada, cojeando y numerosas magulladuras de cintura para abajo, objetivo reiterado de las porras reglamentarias, tal y como acreditan numerosas fotografías publicadas en muchos diarios. Y de eso es de lo que más se queja, de la contundencia aplicada en las protestas: “Una vez en el suelo me pusieron una rodilla en los riñones, y yo, como había tenido hace poco un problema renal, les dije que por favor ahí no… quitaron la rodilla y volvieron a apretar con más fuerza”.

Marc Bullón y Jorge Navarro, tras quedar en libertad.
Marc Bullón y Jorge Navarro, tras quedar en libertad.EL PAÍS

Jorge era el último de los detenidos en las protestas del lunes en quedar en libertad. La jornada se saldó con 25 detenidos, seis de ellos menores, que quedaron en libertad antes de la medianoche. Otros siete fueron liberados a lo largo de la madrugada. Pero los últimos 12 pasaron a disposición judicial a mediodía de ayer en el juzgado de instrucción número 16 de Valencia en funciones de guardia. Y alrededor de las cuatro de la tarde fueron quedando en libertad tras ser acusados de resistencia, desórdenes, lesiones y atentado a la autoridad.

A Guillermo Arroba Fernández, de 18 años y estudiante de Bachillerato de Bellas Artes en el IES Lluís Vives, epicentro de las protestas de Valencia, le detuvieron a las tres de la tarde dentro del Burger King próximo a su instituto, donde entró con muchos otros estudiantes para escapar de una carga. La camisa rota y rociada de manchas de sangre habla de la contundencia aplicada para reducirle. Según asegura, le tiraron al suelo y siguieron golpeándole: “Incluso me metieron los dedos en los ojos y en nariz”. Cuando le sentaron en un vehículo policial, ingenuo, reconoce que intentó salir: “Me metieron dos tortazos, me esposaron y me incrustaron en el asiento trasero”. Eso sí, da gracias a los policías “normales”, no los antidisturbios, que le trasladaron hasta comisaría: “Tenía mucho miedo y me intentaron tranquilizar”. Guillermo se indigna cuando explica que le acusan de agredir a la policía con una silla de la hamburguesería y de zafarse de dos agentes. “Es falso; lo que sí es cierto es que a un policía le mordí en la mano pero me estaba tapando la boca y la nariz para que no respirase”.

"Me dijo que si le

Los detenidos son jóvenes normales, no se consideran líderes estudiantiles. Y simplemente querían protestar por los recortes en Educación impuestos por la Generalitat Valenciana. Algunos ni eso, como Ernesto Agustí, estudiante de 19 años, que asegura que pasaba cerca del Lluís vives y se quedó por curiosidad sin pensar que pudiera acabar perseguido, golpeado y acusado de atacar a los antidisturbios. “Es totalmente desproporcionado”, se queja tanto del ataque como de la acusación, “estamos hablando de mentiras, que es lo que están haciendo las fuerzas de seguridad”.

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Y quien al parecer ni siquiera estuvo en las protestas fue Laura Roque, de 26 años, que estaba en su puesto de trabajo y fue detenida en la propia comisaría de Zapadores a las siete de la tarde cuando fue a interesarse por el estado del estudiante Adrián Sifre, de 20 años, que se ha convertido en un símbolo de las protestas al aparecer en varias portadas de diarios con el rostro ensangrentado, tirado en el suelo y con las manos esposadas a la espalda.

Laura Roque fue detenida

Marc Bullón, de 21 años, lo que más temió es por sus brazos, es decir, por su futuro profesional. Estudiante de violonchelo en el Conservatorio de Música, también recibió su ración reglamentaria, que en líneas generales se resume en porrazos, derribo en el suelo, más porrazos, rodilla contra la nuca y esposas. “Me metí en la estación del Norte huyendo de los antidisturbios y me paré para ayudar a una chica a la que habían pegado con la porra y lloraba desconsolada”. Ahí es donde fue placado y reducido. Y también desmiente haber agredido a ningún policía.

Un antidisturbios, en el momento de la detención de Marc Bullón.
Un antidisturbios, en el momento de la detención de Marc Bullón.CARLES FRANCESC

Magulladuras en las muñecas por las esposas y contusiones por los porrazos era los más usual entre los detenidos. Felipe Benguila Biosca, de 19 años, estudiante de segundo de Bachillerato del instituto Benlliure, fue atendido a la una de la madrugada en el hospital General de Valencia, pues le retorcieron un brazo y le dolía un tobillo. “Me acusan de pegarle una patada a un agente y no es verdad”.

Y también requirió atención médica otro estudiante, de segundo de Derecho, de 19 años, cuyo abogado prefiere no facilitar el nombre, aquejado de “una cervicalgia certificada por el médico forense”, fruto de la ya muy vista rodilla en la nuca. Según la versión del abogado, a las 15.30 en la calle de Jesús el joven saltó a la acera entre dos coches durante una carga, y perdió la zapatilla. “Un policía le empotró contra la pared, le redujeron, le esposaron y le mantuvieron tumbado sin necesidad”, se queja su abogado, “le dieron golpes con la porra cuando ya estaba reducido, hay fotos en los periódicos”. Y añade que los agentes pueden mentir: “Ellos tienen presunción de veracidad y se les da más credibilidad”.

La desproporción de la actuación policial, que ha encendido el debate político en las últimas horas, también ha quedado más patente al afectar en algunos casos a menores. Vicente Marco, abogado y padre de un estudiante de 16 años detenido antes de las cuatro de la tarde se queja de que le mantuvieron en comisaría hasta las diez y media de la noche. Y lo que es peor, permaneció durante cuatro horas esposado.

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