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OPINIÓN

El éxito

Nunca agradeceré lo suficiente a mi amigo Alberto González que una noche soltara eso de “los miércoles son los nuevos viernes”, una afirmación que rápidamente cortapegué en los diálogos de Pagafantas. De hecho, hace unos días dejó escapar otra sentencia de estructura similar y que merece figurar en el guión de una película. O, por lo menos, ser el germen para una columna como ésta. Comentábamos Alberto y yo la posibilidad de que las series de mayor éxito de TVE (Cuéntame, Águila Roja, por ejemplo) dejen de emitirse en los próximos meses.

Imagino que conocen la historia: TVE tiene que recortar gastos y las series de ficción españolas pueden padecer ese hachazo presupuestario. Le decía a Alberto que lo más sorprendente del asunto es que son series de audiencias multitudinarias y que, por lo tanto, cumplen su objetivo de enganchar a millones de espectadores.

Sus creadores, técnicos y actores están haciendo un buen trabajo. Han conseguido el díficil objetivo de atrapar a un público fiel. Y el que ha trabajado en la tele conoce lo complicado que es acertar. Si tu programa no interesa, te vas a la calle en un suspiro.

“El éxito es el nuevo fracaso”, replicó Alberto. Y yo me eché a reír, pero con una risa helada. Reía y a la vez ponía los ojos en blanco. Quizás peco de ingenuo —o de ser el resultado de una educación jesuítica—, pero siempre he pensado que hacer bien las cosas tiene su recompensa. Si apruebas todas las asignaturas, te dan un caramelito. Si te portas bien, te regalan un Scalextric por tu Primera Comunión. Pero parece que ni por esas; ni acertando aciertas. Esto lógicamente descoloca, pero ya van unas cuantas veces en las que he visto que la eficacia está muy mal vista y que uno ha de plantearse abandonar la lógica para abrazar los designios del azar.

Hace un par de semanas, un artículo publicado en EL PAÍS que ahondaba en la crisis audiovisual empezaba con la siguiente cita: “La fiesta se ha acabado”. Muchos de los que trabajamos en el sector pensamos: ¿qué fiesta?; ¿me he perdido algo?; ¿es que a mí no me han invitado?

Más que de ambiente de “fiesta” la sensación que siempre hemos tenido es de discoteca sin alcohol a las cinco de la tarde. En un guiño a los treintañeros donostiarras: como ir al Keops en los primeros noventa. Desde que nací el audiovisual español está en crisis. Muchos no conocemos otra cosa. Quizás pasa lo que canta Sr. Chinarro en su canción María de las Nieves: “Sí, la fiesta terminó. O ni siquiera comenzó”. Y esto el día de los Goya, esa fiesta que empieza y parece que nunca acaba. A ver si este año bajamos de las tres horas de duración.