10 años de vida 'rurbana'

Can Masdeu se consolida como proyecto alternativo y como equipamiento ciudadano

Can Masdeu, en la sierra de Collserola, el jueves pasado. / GIANLUCA BATTISTA

La historia arranca una fría noche de diciembre de 2001. Tan fría como que Collserola, la sierra que cierra Barcelona por el oeste, amaneció nevada. Un pequeño grupo de personas entraba de noche en Can Masdeu, una antigua leprosería que llevaba más de 40 años abandonada. De entrada, ocuparon la masía para celebrar un encuentro internacional contra el cambio climático. Reunieron a 200 personas de 22 países. Acabó la conferencia y unos cuantos se quedaron. Pasó un mes y otro, al tercero lograron paralizar el único intento de desalojo que ha habido... y ahí siguen diez años después. Es un proyecto comunitario que abarca todo el valle, inseparable del distrito de Nou Barris y en el que la ocupación ilegal es solo una de las piezas de un puzle que se ha convertido en un referente internacional, ejemplo de que se puede vivir de otra forma.

Ellos dicen que son rurbanos: viven en el campo a 10 minutos a pie del asfalto y el metro. Más que de la casa, hablan del valle. El valle de Sant Llàtzer. "Ellos" son 25 personas de edades variadas: desde 50 años hasta niños. Can Masdeu es, pues, una vivienda, pero también otras muchas cosas: dos hectáreas de huertos comunitarios que cultivan ellos y un centenar de vecinos del barrio, un centro social que ofrece educación agroecológica y una oficina de información para compartir experiencias con proyectos similares. Además, los domingos ofrecen visitas guiadas para quien quiera conocerles y abren un bar que sirve 100 menús.

En una década, Can Masdeu ha evolucionado de una postura inicial muy activista y ligada al movimiento antiglobalización hacia la causa de los transgénicos, y actualmente "es un proyecto más transversal, con vocación política, agroecológica y muy vinculada a Collserola y al distrito de Nou Barris". Lo explica Arnau Montserrat, uno entre la media docena de personas que viven en el valle desde el primer día. A veces ellos mismos se sorprenden del eco de su proyecto. Como cuando en 2008 el World Watch Institute, organización que mide el impacto del hombre sobre la Tierra, los destacó como experiencia que tener en cuenta. A menudo les visitan profesores o estudiantes de universidades de todo el mundo.

Montserrat considera que el hecho de que haya 25 personas viviendo en Can Masdeu "da mucha regularidad al resto de los proyectos". La presencia de sus habitantes garantiza, por lo menos, 20 horas de trabajo semanal para la casa, sea en el huerto, cocinando, recogiendo leña o en el mantenimiento de las instalaciones, que revierten en todo lo demás. Es el compromiso que tienen quienes viven en Can Masdeu, y Montserrat entiende que proporciona "un salario en especies: vivienda y comida". Y añade: "Además no costamos un duro a la Administración, aunque la casa tiene un uso público".

Con todo, la mayoría de los habitantes de Can Masdeu tienen trabajos abajo, en Barcelona. Son medias jornadas, por temporada, hay free lances... Todos aportan 45 euros al mes para comprar lo que no pueden conseguir de su propia producción o con el trueque que practican. Defienden el autoabastecimiento o soberanía alimentaria como alternativa al sistema económico predominante, pero Montserrat aclara: "Esto no es una comuna hippy ni tenemos planteamientos dogmáticos".

Tal como tienen montada la vida, el reciclaje y el trabajo de taller también se lleva buena parte del tiempo y el espacio. En Can Masdeu hay 18 almacenes y seis talleres: vidrio, metal, latas, bicicletas, banco de semillas, herramientas, electricidad, madera, pinturas... La cuestión energética la resuelven con placas solares, leña y butano, y el agua que beben y con la que riegan procede de las centenarias minas y balsas que han recuperado.

Los de Can Masdeu ganaron en el intento de desalojo de 2002. Fue por la vía penal y la propiedad, la Muy Ilustre Administración (MIA) que integran el hospital de Sant Pau, la Generalitat y el Ayuntamiento, se retiró. En 2006 perdieron por la vía civil, pero la MIA no ha pedido la ejecución de la sentencia. Puede hacerlo en cualquier momento, pero en la casa ni lo prevén. "Nos consideramos totalmente asentados, cualquier intento pondría el barrio patas arriba", augura Montserrat.

 

Alternativa al teleférico

C. B.

Una de las cuestiones que más ocupan ahora mismo a los habitantes de Can Masdeu es la presentación de un proyecto alternativo al plan del Ayuntamiento de abrir 16 puertas a Collserola.

A Nou Barris le tocan cinco. La de la pista que sube a Can Masdeu es la número 11 y el proyecto municipal prevé la construcción de un aparcamiento y un teleférico. Se entiende que con fines turísticos, porque en el valle solo están ellos, otras dos casas y los guardias de seguridad del antiguo hospital de Sant Llàtzer, jamás utilizado.

Junto con la Coordinadora de Entidades y Asociaciones de Vecinos de Nou Barris y el despacho de arquitectos La Col, y apoyados por un centenar de entidades, Can Masdeu ha presentado un plan que apuesta por aprovechar los equipamientos existentes en vez de crearlos nuevos; por fomentar el transporte público para acceder al parque; por aprovechar la experiencia de gestión vecinal de equipamientos del distrito, y por soterrar las líneas eléctricas. El proyecto se refiere a Can Masdeu como "espacio de uso público que no tiene coste para las Administraciones y donde se da la vocación multifuncional de la sierra, en beneficio del bien común".

 

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