‘Una cuestión de apariencias’, en busca de un lenguaje para el cuerpo enfermo
El libro de Emily Wells sobre el dolor es una revelación autobiográfica marcada por su expulsión del mundo del ballet por su enfermedad y que también entrelaza el feminismo con la crítica anticapitalista

No nos equivoquemos: igual que ocurre con la novela comercial, también gran parte de la literatura “de prestigio” responde a códigos establecidos y formas reconocibles sobre las cuales cada nueva voz viene a ejecutar sus propias variaciones, a menudo pequeñas. Y no pasa nada: así se construyen las corrientes, las investigaciones y estilos colectivos, las épocas. En este sentido, Una cuestión de apariencias, de la escritora norteamericana Emily Wells, podría considerarse una obra “de género”, en el mismo sentido en que usamos esa expresión para hablar de novela negra o de wéstern. En concreto, Wells ofrece un ejemplo de escritura sobre la enfermedad cuya sinopsis evidencia las características de un tipo de libro que ha sido más que frecuente en la última década, a saber: el cuerpo en el centro de un discurso que combina la revelación autobiográfica con el manejo de una bibliografía casi académica y una posición política en la que el feminismo se entrelaza necesariamente con la crítica anticapitalista.
Esta brevísima descripción del trabajo de Wells permitirá a la lectora potencial discernir si la propuesta le interesa o no. En el caso de que la respuesta sea afirmativa, y se sienta apelada, entonces Una cuestión de apariencias le gustará mucho, porque es un estupendo libro, fruto de una inteligencia y un estilo tan rigurosos como elegantes. Por volver al principio: la variación Wells es enriquecedora y tiene un timbre propio. La autora fue una niña obsesionada con la danza clásica, convencida de su vocación de bailarina hasta que descubrió, incrédula primero, horrorizada después, que su cuerpo se rebelaba contra su voluntad por culpa de una enfermedad crónica que escapó de cualquier diagnóstico definitivo durante años y años. Expulsada del reino ascético y jerárquico del ballet, Wells se desempeña como modelo de fotografía y pasarela, periodista o editora de moda mientras se esfuerza por socializar, cocaína mediante, en la omnívora ciudad de Los Ángeles. Sin embargo, siempre hay algo que la aísla del entorno: el dolor corporal, las llagas, los ataques de asma, los desmayos, el dolor articular, en fin: los síntomas inacabables.
Entonces, Wells descubre la escritura, a la que se refiere como “algo que podía hacer sin enseñar la cara. (…) Se puede escribir desde la cama”. Y poco a poco, su proyecto literario transformará ese factor de aislamiento (¡el propio cuerpo, nada menos!) en todo lo contrario, un camino directo a conectar con el momento histórico que la rodea. Porque la enfermedad le permite preguntarse por las relaciones que los seres humanos (bueno, quizá debamos admitir que la generalización de lo que escribe Wells y de lo que nosotros leemos tiene límites: aquí hablamos de “seres humanos” occidentales y universitarios) mantenemos con la cultura contemporánea, con el lenguaje, con el trabajo, con la belleza física y sus codificaciones. El libro acumula temas sin llegar a romperse jamás gracias a una idea muy sólida de lo que quiere ser, y a eso me refería antes al mencionar la elegancia de la autora.
Aborda también la historia del término histeria, una supuesta dolencia usada para acorralar a mujeres de comportamientos, deseos y desacomodos que desorientaban o desafiaban la moral burguesa
Desde el principio, Wells escoge mirarse en el espejo incómodo de la histeria, un viejo diagnóstico hoy más que conflictivo. La histeria es una supuesta dolencia de difícil descripción, no se sabe si somática o biológica (buena parte del libro está dedicado a recorrer la historia del término), una categoría utilizada sobre todo para acorralar a mujeres de comportamientos, deseos y desacomodos que desorientaban o desafiaban la moral burguesa. La autora estudia las fotografías de las histéricas decimonónicas, las conecta con sus propias poses como modelo profesional, lee a Freud y a Daudet, a Guibert y Foucault, y Nadja, de Breton, invoca inevitablemente a Susan Sontag o Louise Bourgeois, y hasta viaja a París, al hospital de la Salpêtrière, en busca del espíritu de la paciente Augustine Gleizes, encarnación por excelencia de la enferma mental del XIX, salvífica y salvada en su carisma fotogénico, pero, al mismo tiempo, víctima de la torpeza del estamento médico, con su incapacidad o desinterés por escuchar la voz de la paciente. Y es que los médicos no salen especialmente bien parados en Una cuestión de apariencias.
Quien conozca la experiencia del dolor o las molestias persistentes que escapan a un diagnóstico claro se sentirá muy identificado con Wells y comprenderá a la perfección el reto que supone ponerle nombre a los asuntos del cuerpo. Como ella misma resalta, el dolor es algo sumamente expresivo, sí, pero paradójicamente esquivo al lenguaje. Siendo de una concreción física absoluta, se comporta como un asunto abstracto cuando se trata de traducirlo en escritura. Wells lo logra muy bien, entregando un libro exquisito cuya edición castellana se beneficia del buen gusto de la editorial Mapa (qué precioso color rojo, qué fotografía pompeyana de Giorgio Sommer en portada) y de la traducción de Irene de la Torre, no menos elegante que el original.

Una cuestión de apariencias
Traducción de Irene de la Torre
Mapa, 2025
240 páginas. 21,95 euros
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.




























































