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CRÍTICA LITERARIA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘La península de las casas vacías’, la Guerra Civil como ciclo artúrico fundacional

David Uclés ha levantado una novela peculiar en la que narra aquel magma de violencias con un enfoque de mito para recordarnos que habitamos su linaje

El escritor David Uclés, en la Latina, en Madrid, el 22 de marzo pasado.
El escritor David Uclés, en la Latina, en Madrid, el 22 de marzo pasado.Samuel Sánchez

Buena época para prestar atención al tejido que van conformando las nuevas voces. Llega otra novela extensa, ambiciosa y agitadora de conversación pública debida a un autor en la primera mitad de la treintena, en este caso, David Uclés (Úbeda, 1990). Me encantaría que La península de las casas vacías y Los escorpiones, de Sara Barquinero, provocasen el ruido, desencuentro y morbo necesarios para que la coincidencia arbitraria de dos libros tan diferentes se convirtiera en un instante recordado de la narrativa española, uno de esos a los que volvemos de tanto en tanto para revisar quiénes éramos, quién acertó o cómo funcionaban las cosas en 2024. No es un vaticinio (lo previsible es el olvido inmediato), ni siquiera una apuesta (no hay para tanto, seguro que no; casi nunca lo hay), sino un capricho entusiasta que me permito para celebrar, más que ambos libros, las especulaciones entretenidísimas que propician entre los lectores curiosos con ganas de intuir el mapa venidero.

Desde las coordenadas que se impone a ella misma, ‘La península de las casas vacías’ es admirable y nunca se traiciona

Cuando consultas la contraportada o las notas de prensa divulgadas por Siruela, la propuesta de Uclés resulta marciana en términos generacionales. La península de las casas vacías es una “historia total de la Guerra Civil”, setecientas páginas fruto de 15 años de trabajo (es decir, la empezó a los 19), vertebradas en torno a una saga familiar arraigada en un pueblo y con trazos de “realismo mágico” (sic). ¿Déjà vus que viejunean o regreso al esto-sí-es-novela? Depende: si la descripción le atrae, la novela le encantará. No merece menos. Desde las coordenadas que se impone a ella misma, es admirable y nunca se traiciona. Y si las palabras de la editorial disparan prevenciones fuertes en usted, déjela correr, por las mismas razones.

Ahora bien, caben más opciones. En principio, yo no era el target ideal del libro: mis inquietudes van en otras líneas. De hecho, al empezarlo, la prosa parecía confirmar nuestro desencuentro. Es una escritura impecable, ojo, solo que evoca referencias cuya revitalización no añoro en particular. Sin embargo, el despliegue de Uclés (minucioso, exhaustivo, coherente hasta lo obsesivo) alinea a la perfección estilo, trasfondo histórico o moral y arcos narrativos. De pronto, en medio de la seriedad trágica que impone el tema, nos regala detalles juguetones o cálidos, como las apelaciones en segunda persona al lector. En paralelo, las múltiples citas de escritores, testimonios e historiadores sedimentan de un modo perfecto. Y, sobre todo, el destino de los personajes importa de verdad. Así, poco a poco, La península de las casas vacías conquista mi agradecimiento y también, por vías insospechadas, su propia contemporaneidad (el narrador autoconsciente es fundamental para ello).

Para evitar que convierta el drama en algo demasiado distante, demasiado clausurado, lo metafórico alterna con un tono cercano, oral, de complicidad íntima con lector y personajes

Dicho esto, quizá la pregunta clave sea qué agrega un autor nacido en 1990 a la tradición narrativa de la Guerra Civil. Posible respuesta: dar cuenta de cómo se ha renovado la perspectiva. En la panorámica total que Uclés propone (aquí cabe todo cuanto él considera verdad esencial), los registros mágicos, fantasiosos e incluso abstractos parecen sugerir que la Guerra Civil ejerce de ciclo artúrico fundacional para la España de hoy. Pero, para evitar que convierta el drama en algo demasiado distante, demasiado clausurado, lo metafórico alterna con un tono cercano, oral, de complicidad íntima con lector y personajes. Si aquel magma de violencias tolera un tratamiento cercano al mito, es solo con el objetivo de recordarnos que habitamos su linaje. La honestidad de Uclés impresiona, igual que la convicción con que acomete el desafío.

Entonces, ¿qué efecto cabe prever que tendrá La península de las casas vacías? Los escorpiones no solo captó mi atención porque me gustase, también porque intuí en Sara Barquinero el don de la oportunidad para ampliar los horizontes narrativos de su generación sin romper con las urgencias que la vienen caracterizando. Por su parte, Uclés ha levantado una novela peculiar, medio atemporal, autónoma respecto del entorno, a la que cuesta imaginar descendencia o alianzas con otras voces millenial. ¿O quizá su aparición es síntoma de posibilidades que hemos pasado por alto? Ya ven: sin autores que arriesgan, como David Uclés, sería muy difícil divertirse reseñando.

Portada de 'La península de las casas vacías', de David Uclés. EDITORIAL SIRUELA

La península de las casas vacías

David Uclés
Siruela, 2024
700 páginas. 26 euros

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