_
_
_
_
_
CRÍTICA LITERARIA
Crítica
Género de opinión que describe, elogia o censura, en todo o en parte, una obra cultural o de entretenimiento. Siempre debe escribirla un experto en la materia

‘El peso del tiempo’: terremoto generacional y crisis política en España

Oriol Bartomeus profundiza en las tesis generacionales, que él analiza con factores como la relación con la familia, la economía o la tecnología

Oriol Bartomeus
Filas de votantes en la cita electoral del pasado 23 de julio en el Colegio Ramiro de Maeztu.Álvaro García

A cualquier lector de 31 años, como una servidora, se le escapará una sonrisa incrédula al leerle a Oriol Bartomeus que la generación del baby boom es la “invisible” porque “no ha acabado de eclosionar como dominante”. El autor lo justifica: Los boomers han nacido entre unos padres que sufrieron en sus carnes la dictadura de Franco y los chavales del 15-M, así que no hay ningún estruendo político que les haya hecho preeminentes generacionalmente. Ahora bien, el truco se hace solo: pese a que los boomers crean que la generación que protagonizó la Transición ha sido un tapón, y que ahora se vean desplazados por los valores de la siguiente, la realidad es que ellos son quienes han gozado del mayor confort o potencial socioeconómico en las últimas décadas —sobre todo, los nacidos en los primeros sesenta— y nuestro sistema todavía garantiza mantener su nivel de vida —­las pensiones son una prioridad de todo Gobierno—. Hasta la política actual se sigue explicando mediante su visión: la exaltación mediática a las “bondades” del bipartidismo frente a la actual algarabía, o que sus referentes, Felipe González o José María Aznar, sigan teniendo un lugar privilegiado en la escena democrática.

Así que Bartomeus ha escrito El peso del tiempo, un libro donde categoriza las distintas generaciones en España —posguerra (1940-1960), baby boom (1961-1975), democracia (1976-2008), crisis (desde 2009)— para dar contexto a los cambios políticos ocurridos en las últimas décadas. Cuenta que el esquema bipartidista saltó por los aires gracias a los votantes que no se habían socializado durante la Transición, y, por tanto, sentían menos apego a la construcción de nuestro sistema. Ello explicaría en un primer momento el auge de los nuevos partidos —Ciudadanos y Podemos, o, luego, Vox— como catalizadores de quien ha nacido en democracia y se muestra mucho más insatisfecho con la política, al ser más exigente.

Los nuevos ciudadanos están dispuestos a arriesgar más en su voto porque saben que podrán cambiarlo a la siguiente convocatoria, incluso, cuando apuestan por el populismo o la ultraderecha

La tesis generacional no resultará nueva a un lector especializado —estuvo antes en obras como La crisis de representación en España, de Ignacio Urquizu, o La perestroika de Felipe VI, de Jaime Miquel—. La aportación de Bartomeus es la explicación social al cambio mediante factores como la relación con la familia, la coyuntura económica o la tecnología. Por ejemplo, el autor aporta un interesante argumento psicosocial, entre otros, sobre la volatilidad del voto actual: En un mundo donde las aplicaciones móviles permiten ir “para atrás” o “borrar”, los nuevos ciudadanos están dispuestos a arriesgar más en su voto porque saben que podrán cambiarlo a la siguiente convocatoria, incluso, cuando apuestan por el populismo o la ultraderecha.

Sin embargo, el razonamiento de Bartomeus admite contestación. Si sólo asumiéramos que hay necesidad de satisfacción inmediata o ganas de probar detrás de ciertas decisiones, obviaríamos que las nuevas generaciones podrían estar atravesadas por una reacción al ideal de progreso —­algo que el autor reconoce cuando dice que la democracia no tiene por qué hacer demócratas—. Lo mismo aplicaría para la generación de la posguerra o de los primeros boomers: Aunque su fidelidad de voto era fruto de un contexto vital donde elegían menos y sentían mayor vinculación con sus partidos, no podemos ignorar la importancia decisiva del miedo. De hecho, la estabilidad de nuestro sistema hasta 2015 —eso que Podemos llamó el “régimen del 78″— se sustentó en parte porque una generación vivió un periodo no democrático y prefería no arriesgarse a experimentos. E incluso, porque ellos todavía tienen algo que conservar, como un Estado de bienestar de gasto decisivo en los mayores.

No hace falta vivir un hito político trascendental para que haya un corte entre generaciones

Como nota, discrepará el lector milenial con eso de que una persona nacida en 1975 y otra llegada al mundo en 2000 sean de la misma generación. Las expectativas de promoción laboral, la capacidad adquisitiva de los salarios o el precio de la vida no son iguales en ambos casos: No hace falta vivir un hito político trascendental para que haya un corte entre generaciones. De hecho, los primeros son consecuencia de los segundos.

En resumen, el libro es estimulante: Permite hacerse preguntas y entender lo que ocurre, así que se vuelve una lectura obligada sobre ciencia política para cualquier estudiante, analista en medios o ciudadano con conciencia crítica. El “peso del tiempo” es el que a menudo no vemos, pero que explica dónde estamos políticamente y dónde estaremos en el futuro. El caso es que a no todas las generaciones les pesa igual su tiempo.

Portada de 'El peso del tiempo', de Oriol Bartomeus. EDITORIAL DEBATE

El peso del tiempo 

Oriol Bartomeus 
Destino, 2023
272 páginas. 17,95 euros

Puedes seguir a BABELIA en Facebook y X, o apuntarte aquí para recibir nuestra newsletter semanal.

Suscríbete para seguir leyendo

Lee sin límites
_
Normas
Tu comentario se publicará con nombre y apellido
Normas

Más información

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_