La revolución bolivariana, una historia a medida

Populismos, nacionalismos, Estados e identidades se construyen y fortalecen con harta frecuencia sobre las mentiras. En este siglo XXI, uno de los ejercicios más descarados de falseamiento interesado ha sido el llevado a cabo por Hugo Chávez

Un seguidor de Nicolás Maduro sujeta un cuadro de Simón Bolívar en Caracas, Venezuela (2019).
Un seguidor de Nicolás Maduro sujeta un cuadro de Simón Bolívar en Caracas, Venezuela (2019).Carolina Cabral (Getty Images)

En los tiempos que corren, una de las principales funciones del historiador consiste en desmontar y criticar los mitos, las memorias y las manipulaciones del pasado. El combate por la historia no es, seguramente, ni la más placentera y ni la más lucida de las tareas de la disciplina, pero resulta indispensable. Populismos, nacionalismos, Estados e identidades se construyen y fortalecen con harta frecuencia sobre las mentiras. En el siglo XXI, si dejamos al margen las iniciativas del régimen nacionalista en Cataluña, uno de los ejercicios más descarados de falseamiento interesado de la historia ha sido el llevado a cabo por Hugo Chávez y una pléyade de académicos y políticos autodenominados bolivarianos. Y ello, tanto en Venezuela como en otros países de América del sur y central y del Caribe. En El sueño de Bolívar y la manipulación bolivariana, Carlos Malamud aborda con rigor esta cuestión a partir del caso de la integración regional latinoamericana y sus mitos fundamentales. Hacerlo, sostiene, no es un acto militante, sino una muestra de pura coherencia intelectual.

¿Fue Simón Bolívar el gran precursor de la integración latinoamericana? Líderes políticos como Chávez, Rafael Correa o Evo Morales, así como no pocos académicos, lo han aseverado insistentemente. Y en ocasiones han añadido a la lista de precursores a otros próceres, como Miranda, San Martín o Egaña. No hay, sin embargo, como bien argumenta Malamud, ninguna línea directa que una a Bolívar y Chávez, ni tampoco a las independencias del siglo XIX con la llamada revolución bolivariana de nuestra época. Se trata de una visión teleológica. Solamente la manipulación documental y los falseamientos pueden ayudar a sostener dicha tesis. Aunque sea extensible a otros momentos de la historia venezolana y latinoamericana, el uso y el abuso de la figura de “Libertador” llegó a límites delirantes de la mano de Hugo Chávez. Buenas muestras de ello son el acto de exhumación del cadáver en 2010 y las tesis complotistas sobre su fallecimiento, el nuevo “retrato científico” mestizado del personaje (2012) o la obsesión de Chávez por identificar su propia persona con la de un omnipresente Bolívar, considerado “su contemporáneo”. No se ha dudado tampoco, en un ejercicio que obvia que las personas cambian y actúan según las circunstancias de cada momento, en distinguir entre el Bolívar bueno, reivindicable e idealizado, y otro malo, el más conservador, condenado al olvido.

En el caso que nos ocupa interviene, además, otro factor: la confusión interesada entre la unidad hispanoamericana, frenada por la emergencia de los nacionalismos, y la integración regional. Estamos ante categorías no coincidentes, usadas en épocas muy alejadas y con finalidades bien distintas. Ni los “libertadores” ni nadie en su época manejaban la idea de integración del bolivarianismo reciente, con cesiones de cuotas de soberanía e instancias supranacionales. Inventar precursores y justificantes históricos para el chavismo, para montajes institucionales (ALBA, UNASUR, CELAC) o, asimismo, para anunciar la segunda independencia —ahora, del imperialismo estadounidense—, con un relato que tergiversa y falsea el pasado, busca según Malamud modificar la realidad, presente y futura. En el libro se someten a crítica los principales textos y actuaciones que sustentan el culto a Bolívar y la gran manipulación: la famosa y mal citada Carta de Jamaica (1815), el mito de la patria grande o el complejo pensamiento del personaje. En un análisis serio de Simón Bolívar no aparece por ningún lado la integración regional a la contemporánea, sino, en fin de cuentas, unidad hispanoamericana –sin Brasil y con beneplácito estadounidense- como vía de defensa de la independencia venezolana y muchas evoluciones y adaptaciones. Denunciar la historia a medida es, siempre, un ejercicio tan imprescindible como recomendable.

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