Dalí sin pedestal

José Ángel Montañés describe minuciosamente el entorno del pintor en Cadaqués tomando como hilo conductor la figura del hijo de uno de sus colaboradores

Salvador Dalí  y Joan Figueres juegan con espadas en Portlligat en1951, en una foto de Ricard Sans.
Salvador Dalí y Joan Figueres juegan con espadas en Portlligat en1951, en una foto de Ricard Sans.DRETS D'IMATGE DE GALA I SALVADOR DALÍ RESERVATS. FUNDACIÓ GALA-SALVADOR DALÍ, FIGUERES, 2020

La dalipedia de José Ángel Montañés, titulada El niño secreto de los Dalí, ha despertado en mí unas sensaciones contradictorias. Dalí se pasa la vida tratando de matar al padre —ya sean el notario don Salvador, André Breton o Picasso—, pero a la vez lo reivindica plasmando a menudo en sus óleos dos pequeñísimas figuras: un prócer que explica al vástago detalles del paisaje. Después sustituirá esta simbiosis por dos judías en posición yin/yang que actualizan su relación con Gala. Por otra parte, siempre aseguró que él ni tenía ni quería tener hijos. Gala sí, que tenía una hija, Cécile, poco atendida desde que nació y literalmente abandonada cuando “adoptó” al jovencísimo Dalí (se llevaban 10 años).

En el breve y circunstancial prólogo de este libro, Ian Gibson afirma que la relación de Gala y Dalí con el niño Joan Figueras (1942-1999) “nos ayudará a apreciar la ternura humana que a veces se les niega como personajes públicos”… Como si ternura, crueldad, amor, indiferencia y tantas otras emociones humanas fueran incompatibles. Dalí (y de propina Gala) eran humanos, demasiado humanos.

Fundación Gala-Salvador Dalí

Que no nos engañe el título, este niño era tan secreto como el rostro de Dalí tras el bigote; o sea, a la vista de todos, pero inadvertido. Joan Figueras es hijo de Jaume Figueras, pintor y albañil de paredes de piedra seca (muy típicas de esa zona). Los Figueras cuidaban de la casa de veraneo de la familia Dalí en Cadaqués. Cuando Dalí vuelve de EE UU, en 1948, Jaume Figueras participa en la adecuación del hogar propio del pintor en el otro extremo de Cadaqués, Portlligat. En 1949, necesitado de un modelo infantil para La Madona de Portlligat, Dalí fotografía y toma notas del hijo de Jaume que tenía entonces siete años. Desde entonces el niño frecuentará la casa de Dalí, quedándose a comer y a dormir un sinfín de veces. Los Dalí se ahijarán al pequeño Joan, le enseñarán a sentarse a la mesa y a pelar la fruta correctamente. Insistirán a sus padres para que estudie francés, se lo llevarán a Barcelona y más adelante incluso intentarán llevárselo a Nueva York. Hay casi un centenar de fotografías que dan fe de la relación del matrimonio con el niño. Incluso, dicen, Dalí propuso a un adulto Joan Figueras dirigir su futuro teatro-museo… Una de las frases favoritas del pintor era: “El prometre no fa pobre”.

Si alguien me preguntara de qué trata este libro, le diría, à la Hitchcock: “Es una minuciosa, extraordinaria descripción del entorno daliniano en Portlligat entre los veranos de 1948 y 1955”. ¿Y el niño del título? “El niño…, el niño es el macguffin, la excusa que motiva el desarrollo de una historia”.

La principal aportación de este libro, a pesar del autor, es el universo humano de Dalí; empezando por su familia, los trabajadores que frecuentaban la casa de Portlligat: el aparejador Emili Puignau, el carpintero Joan Vehí, el padre de Joan, que en los sesenta dejó de pintar paredes para dedicarse en exclusiva a la pintura de caballete —Dalí le patrocinó tres exposiciones—. Siguiendo por los ayudantes del taller, como el escenógrafo Isidor Beà; los “secretarios”, las mascotas… Y el servicio de la casa, el fiel Artur Caminada y la cocinera Paquita Buetas, que Montañés se apresuró a entrevistar en profundidad poco antes de que muriera. Testigos, en gran parte, de primera mano.

El niño secreto de los Dalí

Autor: José Ángel Montañés.


Editorial: Roca, 2020.


Formato: 352 páginas. 20,90 euros.


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