DOS SIGLOS DEL PRADO

Alberto Corazón, con el Saturno de Goya

La idea era invitar a 10 personajes de distinto y distinguido pedigrí, colarlos en el Prado y dejarlos solos con su obra favorita —de noche y con el museo desierto— y que luego contaran la experiencia. La intención final: contrastar esa forma inhabitual de contemplar el arte, solitaria y serena, con el ruido y la furia del tumulto contemporáneo en los museos. Unos lloraron, otras se extasiaron, todos disfrutaron. Este es el resultado de aquella noche tranquila de Alberto Corazón.

Tribuna:LA CUARTA PÁGINA

El deseo de hacer libros

El hombre no ha superado la creación de un soporte de interactividad -tan complejo y versátil que atiende igual a la consciencia y a los sentimientos- como la secuencia de imágenes y palabras impresas que es el libro