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Desarrollo sostenible
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Sin digitalización no hay sostenibilidad

Es clave que toda empresa, Gobierno o laboratorio de investigación se plantee desde el inicio, al embarcarse en el apasionante mundo de la inteligencia artificial, algunas preguntas clave que reflejen los criterios éticos y eviten efectos secundarios no deseados

Una persona observa una de las obras de la inauguración de una exposición sobre inteligencia artificial el 5 de septiembre en La Coruña (España).
Una persona observa una de las obras de la inauguración de una exposición sobre inteligencia artificial el 5 de septiembre en La Coruña (España).M. Dylan (Europa Press)

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Existe un consenso global acerca de que la sostenibilidad es el camino idóneo para que el sector privado contribuya activamente a la lucha contra el cambio climático y a la construcción de economías más justas e inclusivas. Esto implica, principalmente, que las empresas, además de buscar la rentabilidad financiera, deben medir su impacto con criterios ESG –medioambiente (Environment), sociedad (Social) y gobernanza (Governance), por sus siglas en inglés. Este planteamiento, especialmente en boga en Europa, va por el buen camino, pero padece de una cierta cojera. Necesitamos un marco de referencia más amplio y acorde con las grandes transformaciones que vive la humanidad. Y esto pasa inevitablemente por integrar el componente digital a los planteamientos de sostenibilidad.

Recientemente The Economist y McKinsey Quarterly dedicaron artículos críticos al enfoque ESG. Según ellos, ESG tiene demasiados objetivos, algo que impide mostrar clara e intuitivamente el equilibro de las ventajas y desventajas para las economías y las sociedades. Además, exponen, no hay una medición sólida y existen muchos índices con poca coherencia entre ellos. Y, por si fuera poco, se podrían haber sobrevendido sus resultados, en particular su rentabilidad financiera. Todo esto desemboca en que el enfoque ESG podría ser una distracción para el negocio central de las empresas.

Hay que reconocer que estas críticas tienen cierto fundamento. En cuanto a la medición y heterogeneidad de objetivos los análisis académicos (como por ejemplo el de Berg, Kölbel y Rigobon de MIT) e las prácticas de las principales agencias de rating muestran que sus calificaciones apenas coinciden en la mitad de indicadores, por lo que se está midiendo bajo el título ‘ESG’ cosas muy distintas. A ello se une que, más allá de algunos estudios panorámicos, análisis financieros recientes concluyen que la rentabilidad de carteras centradas en empresas líderes en ESG no es mejor que el resto (aunque tampoco necesariamente peor).

Ante esta situación, The Economist sugiere centrarse exclusivamente en la dimensión de sostenibilidad medioambiental –y casi traducir la E en ‘emisiones’- y abandonar el resto de las acciones. Nosotros, en cambio, sostenemos que la respuesta debe ser mejorar el enfoque ESG y, aprovechando su empuje político inédito, invertir en mejores mediciones, algo que pasa por añadir una letra al trío: la ‘D’ de digital. Hoy en día es impensable enfrentar transformaciones profundas sin incluir el componente digital.

En primer lugar, se debería intentar exportar al resto de dimensiones lo que ha hecho que la ‘E’ funcione, y que explica que incluso los más escépticos lo apoyen. La dimensión medioambiental se fundamenta en que las empresas quieren convencer a los analistas para que los inversores inviertan en ellas. A su vez, los inversores buscan valor económico a largo plazo (sostenible), y los consumidores tienen una conciencia ambiental cada vez más sofisticada. Queda claro que, sin planeta, no hay beneficios económicos. La conciencia sobre la ‘E’ fue impulsada por la publicación del libro de Al Gore “An Inconvenient Truth”, que ha logrado incorporar, tras más de 15 años, eso sí, este pensamiento de responsabilidad hacia el planeta en las empresas. Para la ‘S’ o la ‘G’ aún no existe la misma conciencia en los interesados para que pueda pasar algo parecido.

En segundo lugar, proponemos añadir al enfoque la #D de digitalización: ESDG: Environment, Social, Digital and Governance. Mientras se adaptan a las nuevas demandas y exigencias del mercado y de los consumidores a la economía digitalizada, las empresas ya se están transformando. Debemos asegurarnos de que esta transformación promueva el uso ético de los datos y la inteligencia artificial (IA). Por ejemplo, la probabilidad de obtener un crédito para un emprendimiento, las ofertas laborales que recibimos o las ofertas de comercio electrónico, entre otros, vienen determinadas por datos y algoritmos que predicen autónomamente nuestra situación socioeconómica, el éxito de nuestro proyecto empresarial, nuestra productividad futura o nuestras necesidades de consumo. Por ello, es clave que toda empresa, Gobierno o laboratorio de investigación se plantee desde el inicio, al embarcarse en el apasionante mundo de la inteligencia artificial, algunas preguntas clave que reflejen los criterios éticos y eviten efectos secundarios no deseados. En ámbitos profesionales y publicado por la AECA (Asociación Española de Contabilidad y Administración de Empresas), se está proponiendo algo similar a añadir la ‘D’ de Digital al informe no financiero.

El marco ESDG es ideal para avanzar hacia una economía digital sostenible, al permitir conservar la multidimensionalidad y explicitar las interrelaciones entre economía, medioambiente, sociedad, política y digitalización. En particular, la agenda de transformación digital debe tener en cuenta su impacto en sostenibilidad medioambiental, no solo por su intensivo uso de energía y materias primas, sino también porque puede ser un agente proactivo para innovar en políticas de medioambiente. Además, las dinámicas sociales y políticas hoy están impactadas por el uso de tecnología (con la difusión de información y debates por redes alternativas a los medios de comunicación tradicionales). Y cada vez hay más ejemplos de tecnología como herramienta central de lucha contra la corrupción. La ‘D’ puede acelerar conseguir avances en la ‘E’ y la ‘S’ (el uso de la IA para un mundo más verde y social - green and social by AI), pero al mismo tiempo hay que velar para que no tenga impactos negativos en ellos (la implementación de la IA tiene que ser sostenible y ética - green and ethics in AI).

En este contexto, UNESCO y Telefónica unieron fuerzas para impulsar el desarrollo de sistemas de inteligencia artificial éticos y responsables para las políticas públicas y los servicios privados. Lanzaremos próximamente un consejo empresarial con empresas líderes en servicios financieros y seguros, de intermediación laboral, de formación y de comercio electrónico en Iberoamérica. Estos trabajarán en paralelo al consejo de países de CAF y UNESCO de países que están impulsado la recomendación de UNESCO sobre Inteligencia Artificial y ética. Así, lanzaremos un documento de casos prácticos de uso ético de la IA y colaboraremos en la formación de capacidades dentro de las empresas y de los Gobiernos para el desarrollo de una IA ética, y en particular para la implementación de la recomendación de UNESCO.

En tercer y último lugar, se debe invertir tiempo y recursos en mejorar las mediciones, en homogeneizar las dimensiones y las estadísticas empleadas, y en enfoques aceptados globalmente o, como mínimo, regionalmente. Y generar conocimiento sobre su impacto financiero y social a corto plazo (en las que parecen centrarse la crítica), pero también en el largo plazo. Las nuevas regulaciones como la CSRD en Europa y la nueva de la SEC en EE UU son un paso en esta dirección, aunque queda mucho por hacer.

En definitiva, en líneas generales el enfoque ESG ha sido positivo para el planeta. Creemos que no deberíamos solo enfocarnos en la ‘E’, sino mantener las otras dimensiones y sumar el componente digital. Vivimos en economías y sociedades digitalizadas, por lo que la D es simplemente un reflejo de la actualidad. En conclusión, gracias ESG. ¡Bienvenida y larga vida al enfoque ESDG!

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