Rap rolo contemporáneo: la furia de estar vivos

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Rap rolo contemporáneo: la furia de estar vivos

Los barrios periféricos y populares de Bogotá tienen quién los cante

Los barrios periféricos y populares de Bogotá tienen quién los cante.

Lo hacen muchachas escuálidas que también son diseñadoras gráficas o pelados malhablados que pintan grafitis y montan patineta hasta quebrarse los huesos. Lo hacen líderes barriales que ya sobrevivieron demasiadas veces la violencia de la pandilla y activistas comunitarias signadas por la búsqueda de la justicia ambiental.

Las precariedades sociales que existen están diagnosticadas. Ante la escasa capacidad política para transformar la realidad urbanística y material de la capital segregada, el rap rolo y contemporáneo observa y participa y canta.

¿Qué canta?

La furia de quienes quieren estar vivos.

El rap bogotano está repleto de la riqueza léxica de aquellos ilustrados por el fuego de la calle y el consumo cultural ecléctico e indisciplinado. En contraste con el reguetón, un género-producto crecido en la última década desde Medellín, el rap es un cantar que vive en la urgencia expresiva y en la profusión de imágenes: nunca es un único coro repetido una y otra vez; el espacio de canto es preciado como para desperdiciarlo no pronunciándose.

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Asombra también la calidad sonora de sus grabaciones y la capacidad de autogestión de muchos de sus representantes contemporáneos, gente capaz de estar presente en diferentes plataformas globales a la vez que tocan con frecuencia en sus barrios y en los festivales de la ciudad que les abren las puertas y les ofrecen una tarima bien cableada.

Acá una semblanza de cuatro de sus representantes.

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NATURALEZA SUPREMA

1,226 Oyentes mensuales

Lucía Vargas y Karen Tovar, dos MCs de las localidades de Usme y Ciudad Bolívar, se juntaron en 2015 luego de una gira por Europa y conformaron lo que hoy se llama Naturaleza Suprema, una de las apuestas de hip hop politizado y feminista más relevante de la escena bogotana contemporánea. Han hecho trabajo social en cárceles con presos políticos y pusieron sus cuerpas en las primeras líneas del Paro Nacional de 2021.

Su rap es una forma de activismo artístico: rebelión creativa y comunitaria. Hace 17 años Vargas fundó Latidos, una organización de educación popular a través del hip hop en el territorio de Usmeka, donde imparten talleres a niños, niñas y jóvenes. Es trabajo de base para vincular ese ritmo a la preocupación por los derechos humanos y a los estudios de género, entre otros. Y no se limitan a Usmeka. Hacen intervenciones pedagógicas que llaman “latidos del alma” en los territorios que las raperas visitan.

Durante la pandemia, el pueblo ticuna en el Amazonas sufrió de distintos desabastecimientos. Karen y Lucía, junto a una organización llamada Naimara, grabaron la canción “Llama la selva”. Con ella difundieron y concientizaron sobre la situación de hambre que pasaban las abuelas y abuelos de aquel pueblo. La canción estuvo acompañada de una Vaki que recaudó fondos. También, durante el estallido social en Chile, Lucía y Karen apoyaron enviando “Tiempos de emancipación” para monetizar la canción y apoyar a jóvenes de primeras líneas detenidos en la cárcel.

Su carrera musical las ha llevado a rapear en edificios clandestinos de okupas en España o en Hip Hop al Parque en 2023, en una participación memorable. Parte de su trabajo ha pasado por investigar voces femeninas que han hecho rap en Colombia y en su toque proyectaron, en las pantallas gigantes, los nombres y las fotografías de las exponentes del movimiento.

Para entender la potencia de sus voces guerreras hay que ir a uno de sus conciertos y dejarse atravesar por la digna rabia que destilan cuando corean: “Nosotros somos la fuerza de este pueblo que no se deja callar/ Y somos lágrimas de madres guerreras que a sus hijos justicia harán”. El primer álbum de larga duración de Naturaleza Suprema se titula Sonrisa insurrecta (2021). En 2023 lanzaron otro álbum titulado Tiempos de emancipación. Actualmente promocionan un vinilo recopilatorio junto a Dj Kamikaze.

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UNDERCLASS

1,777 Oyentes mensuales

El dúo UnderClass destaca por su fuerte mensaje antipolicial. Su música es autosugestionada y ocurre en un estudio casero en el barrio Puente Aranda. Su onda es la calle sigilosa, nocturna, el escenario propicio para deambular y hacer pintadas, una cultura grafiti de intervención en las paredes que les ha significado golpizas policiales y la criminalización de su expresión estética. De su álbum El rap conmigo (2019) salieron varios himnos que hoy todavía se cantan. U. C. Records volumen 2 (2024) es su álbum más reciente, donde está el tema Lo ideal, un canto metafísico que parece escrito por monjes de 100 años. En su carrera musical han pasado por el sonido del boom bap noventero hasta el slam, un rap autóctono bogotano que se baila como un pogo y tiene un ritmo acelerado.

UnderClass son Creg y Vitamina —Uveite U. C. cuando actúa como beatmaker—, con colaboración del productor Dejando rastro beats. Creg y Vitamina tienen 26 años y empezaron en el skate, pasaron al grafiti y llegaron al rap al final de su adolescencia. Su primer álbum, Desayunando calle (2018), es en parte una elegía dedicada a un amigo de la infancia apodado Maed, a quien le arrancaron la vida de forma violenta. Desayunando calle porque las madrugadas son el horario de los grafiteros que amanecen pintando los muros del capitalismo.

La versión grafitera de la UnderClass —su crew— se llama WNS (Winners), que para ellos alude a la sensación de victoria que da coronar un muro codiciado. En el caso de la portada de El rap conmigo, fue primero la acción de pintar una valla publicitaria gigantesca y tomar la fotografía. Ahí supieron que, a esa atmósfera, a ese momento y a esa imagen había que hacerle un correlato rapero. Así surge el disco.

El rap conmigo porque una vez Creg y Vitamina se hallaron suspendidos en las alturas, arriesgando su vida para plasmar el aerosol sobre el metal, pusieron rap para hacer danzar la adrenalina. En medio del vértigo y la soledad de las alturas, la gravitación del rap los mantenía unidos a la tierra. De lo contrario habrían salido disparados a las distancias del espacio exterior como dos cosmonautas extraviados. “Lo terrible es el borde, no el abismo”, escribe Piedad Bonnett. Dos jóvenes, que penden del aire para marcar el cielo, se enfrentan al borde y le escriben: “Con el estilo del rap pondré a cabecear la muerte”.

En junio de 2024 será publicado Un verso en el tiempo, el primer vinilo de la banda compuesto por doce canciones que cristalizan una vida entera consagrada al arte del hip hop, cuyos frutos pródigos en poesía escucharemos.

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SUPPRA

65,572 Oyentes mensuales

Suppra es hoy la letrista más destacada de la escena rapera colombiana. La ironía es hermosa: ella es de la localidad de Kennedy, pero vive desde hace años en Chile, donde en 2020 lanzó su música, hecha de arreglos sonoros sofisticados donde se escuchan pianos y saxofones. Se expande como MC con un Ep de cinco canciones titulado Amazona Street. Su rap ha cantado la experiencia reciente de politización de su generación (el denominado estallido social que ocurrió entre 2019 y 2021), pero también ha ido más lejos hasta volar en la emancipación mental y espiritual. Para Suppra, el rap —escucharlo tanto como cantarlo y performearlo en la vida cotidiana— es una táctica de liberación de ataduras, una siembra de futuro, el activismo delicado en procura de la expansión de la consciencia. Epifanía (2023) es su álbum más reciente. Allí canta: “Traigo la fuerza de una anaconda”.

Su nombre artístico surge de lecturas de Krs One, el rapero y filósofo de la cultura hip hop, quien junto a otras creadoras establece que, a los cuatro elementos principales (djing, grafiti, brake dance y rap), se suma un quinto elemento, el conocimiento. Krs One afirma que el conocimiento es supreme y comprende la realidad: una totalidad cósmica. Suppra experimenta la inmersión en sí misma y en el universo en busca de obtener el saber del quinto elemento.

“Descubro información que hace que caiga el velo”, rapea Suppra en Apokalypsis, “si quieres las respuestas, prepárate para el fuego”. Como rapera se sabe portavoz de una palabra que emancipa. El rap es de tradición oral, la maestría de la palabra hablada según Krs One. El rap se memoriza, opera como mantra. Un mantra que se repite es capaz de transformar el espíritu. En la metamorfosis hay dolor, el parto es un desgarro, quien busca respuestas debe prepararse para el fuego. Como dice Virginia Woolf, “Cuando las cosas se hacen imposibles a un nivel, tenemos que saltar a otra dimensión”. Tales puertas mentales e interdimensionales, abiertas por el rap, Suppra las explora desde los vectores de la curiosidad. Lo sentencia en Grano: “La pregunta será mi guía”. Suppra hace un rap que interpela y siembra duda: es su modo de crítica social y examen de sí.

Para Suppra no es diferente el rap chileno del rap colombiano. Si es verdad que al cantar tu pueblo cantas el mundo, el mundo es un barrio y hay algo particular, pero al tiempo universal en cada barrio. De Santiago a Bogotá los dolores son los mismos: “El rap es la voz del barrio, es la voz de la marginalidad”. La diferencia radica en el dialecto, la jerga callejera, la jeringonza.

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REALIDAD MENTAL

329K Oyentes mensuales

Este texto sobre la escena rapera bogotana no podría terminar sin Realidad Mental, el rapero vieja-escuela que es leyenda viva porque ha estado al borde de la muerte: Óscar Alejandro Corredor Zabala, oriundo del barrio Casablanca en Kennedy. Realidad Mental es el underground callejero y al tiempo un ícono respetado del rap rolo. Ha ido a la cárcel a cantar con los presos, conoció el desespero de la adicción al bazuco y estuvo en cada tarima que se levantó durante el estallido social (2019-2021). Su militancia es estar con la gente, cantarles por horas sin desfallecer con su voz ya ronca del trajín de la vida áspera. Su padre fue un profesor de español amante de los dichos y de las coplas. De allí le nació el amor por la lectura y las palabras, esa materia plástica con la que sabe trabajar y gozar porque casi nadie como él en la ciudad alcanza la alquimia de su freestyle. Su álbum insignia es Volviendo a lo básico (2014), producido por El Sonido del Javier. En 2023 hizo 1306, un álbum colaborativo con Penyair, rapero de la localidad de Suba.

Realidad Mental encarna la vida de barrio bajo. Underground no es solo un término proveniente de los músicos de jazz que en épocas de guerra tocaban en teatros bajo la tierra para esconderse de la persecución militar. Underground es una esencia, un color, energía. Se trata de hacer buenas canciones. El arte como primer eslabón y estandarte de un movimiento cultural y político. Se trata de “ser un buen rapero antes de querer vender tu trabajo”. Ser underground no significa ser desconocido o caleto. Ser underground es “cantar rap desde lo más hondo del ser”, dijo Realidad Mental en un concierto en la plaza de la Hoja en Bogotá a finales de 2023. Underground es la fidelidad inalienable hacia el rap que elude las modas; es evitar instrumentalizar la cultura hip hop por parte del mercado de las apariencias y del mejor postor.

“Esos pirobos que hablan de las calles, pero se la pasan en los bares y cuatro paredes, no son la lleca”, canta Realidad. Su crítica se enfoca en el propio movimiento, lleno de personajes que buscan expropiar un discurso hip hop y decirse raperos, cuando lo que hacen es vivir de juerga y asediar mujeres en fiestas. Realidad Mental empezó a rapear a los 14 años, pero su vestimenta y aspecto fueron siempre los de un rockero, razón por la cual en la vieja escuela fue objeto de burlas. Inspirado en su mentor, el rapero Abarco, impuso una noción del rap como disciplina samurái o espartana. Un culto a la escritura tipo El club de la pelea.

Realidad Mental entró al rap a través de las líricas. La escritura ha sido el núcleo vital de su música y su ser. Así lleva ya 10 álbumes, entre los que se encuentra El viaje del poeta, grabado en Venezuela junto al productor Afromak. En 2024 cumple 20 años de carrera musical. Su formación artística ocurrió en el circuito de Kennedy, meca del rap capitalino. Cuenta que en una casa del barrio Roma, con su parche de entonces, llegaron a hacer freestyle durante 32 horas seguidas. Ponían colchonetas. Así quien caía podía conciliar algo de sueño y luego se despertaba para seguir escupiendo rimas.

El mensaje de Realidad Mental es simple: las personas marginalizadas de los barrios populares tienen una dignidad inquebrantable. En sus conciertos, antes de arrojarse al público a rapear su tema insigne —Cuánto dan por mí —, a los escuchas les hace prometer que nunca van a permitir que nadie los humille.

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Los barrios periféricos y populares de Bogotá tienen quién los cante.

Estxs cuatro exponentes los cantan. Son la furia vital de territorios urbanos marginalizados y la estética sonora de una disputa popular por la vida y el derecho a vivirla: el rap.

CRÉDITOS

Texto: Juan Álvarez y Cristian Garzón
Diseño y Layout: Mónica Juárez y Luis V. Guillén
Fotografías: Chelo Camacho y Andrés Galeano

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