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El sueño de Jacobleu de un Abiyán digital

Los Encuentros Internacionales de Artes Numéricas triunfan en la capital económica marfileña

El artista plástico Jacobleu (Danané, Costa de Marfil, 1972) era apenas un adolescente cuando Jean-Michel Basquiat pisó su país. Corría el mes de agosto de 1986, dos veranos antes de que el revolucionario pintor muriera de una sobredosis de heroína en Nueva York y casi seis años antes de que Michael Jackson fuera coronado rey de los samwi en Krindjabo, al sureste del país.

Golnaz Behrouznia, en Abiyán, durante su participación en el RIANA. Ampliar foto
Golnaz Behrouznia, en Abiyán, durante su participación en el RIANA.

La huella de Basquiat sigue presente en Abiyán: se podría decir que la última prueba de esa marca indeleble fue la celebración de RIANA, los Encuentros Internacionales de Artes Numéricas de Abiyán, que se desarrollaron a mediados de febrero en el Instituto Francés de la capital económica marfileña ¿La razón? Basquiat y RIANA tienen un nombre en común, un enlace directo: Jacobleu.

La visita de Basquiat se demostró trascendental en la vida del joven creador marfileño. La prueba es que cuando inauguró su propia galería de arte en Abiyán, en la primavera de 2014 y en la zona Riviera 2, la bautizó Le Basquiat. El ejemplo de su ídolo también le marcó un camino vital: Jacobleu es polivalente, inquieto, todoterreno. No se conforma "sólo" con crear, sino que ejerce de galerista, mecenas y promotor cultural. De ahí, un subrayado doble en la línea recta que va de Jean-Michel Basquiat a RIANA.

No es la primera vez que Jacobleu se embarca en una experiencia que combina mecenazgo, pedagogía y nuevas tecnologías. Ya organizó, contando casi exclusivamente con su propio capital y al lomo de un entusiasmo a prueba de cataclismos, el primer gran festival de arte multimedia en Costa de Marfil. Fue una experiencia extenuante, previa a RIANA y también a la última guerra, en el año 2010. Se las arregló para traerse a artistas de todo el planeta hasta Costa de Marfil y en el proceso, por poco se arruina y pierde la cabeza.

Imagen de uno de los espectáculos del RIANA.
Imagen de uno de los espectáculos del RIANA.

Jacobleu conoce a todos y todos le conocen a él. Inauguró Le Basquiat exponiendo a cuatro grandes: el arquitecto y diseñador Issa Diabaté, el fotógrafo Ananias Léki Dago y los pintores Armand Boua y Aboudia. Para dar lustre a RIANA se trajo a la iraní Golnaz Behrouznia, con su instalación Lumina Fiction, y a la española Rocío Berenguer, con Homeostasis.

"El programa giró esencialmente en torno a talleres de formación con artistas, estudiantes y público", explica Jacobleu, que se lanza a describir el trabajo de sus dos invitadas de honor con pasión. "Lumina Fiction, de Golnaz Behrouznia, es una obra multimedia, inmersiva e interactiva, concentrada sobre los seres vivos, que hace vivir a los espectadores un viaje al interior de un mundo imaginario al que podríamos describir como una ficción biológica". Añade que Behrouznia colabora con el programador informático François Donato en este proyecto.

Compartiendo la experiencia abiyanesa, la española Rocío Berenguer participó con una pieza subtitulada Solo de danse multimédia inspiré du flamenco, que mostraba la hibridación humano-máquina a través de una investigación de la dramaturgia del cuerpo y los nuevos medios. "Rocío busca reprogramar su estructura interna dialogando con un ordenador", prosigue Jacobleu. "¿Cómo crear una versión mejorada de sí misma? ¿Cómo pueden cohabitar el cuerpo y la máquina?".

Futuro

Los objetivos de los Encuentros Internacionales de Artes Numéricas de Abiyán eran muy ambiciosos. No sólo pretendían dar a conocer el arte digital en el país, sino que también aspiraban a formar a ingenieros, técnicos y artistas en este tipo de creación y a suscitar el interés del público para, en palabras de Jacobleu,"hacer de Abiyán una plataforma de esta disciplina novedosa en África".

"Las artes numéricas son formas de expresión que relacionan las artes, las ciencias y las tecnologías", avanza el artista. "Abren una puerta a las nuevas estéticas creativas y permiten relaciones innovadoras entre el mundo y el imaginario. Su campo de expresión es tan amplio que cubren las artes escénicas, visuales y gráficas, el cine y la investigación científica. Es una designación que engloba el conjunto de las creaciones artísticas que utilizan un soporte digital".

Jacobleu explica que seleccionó a los participantes en estos encuentros por sus competencias en este campo de trabajo y en el marco de un partenariado con la ciudad francesa de Enghien-les-Bains, Ciudad Digital UNESCO. Entre los invitados se encontraban también Grégoire Pénavaire, del Ayuntamiento galo; Dominique Roland y Marie Lesage, del Centro de las Artes de Enghien-les-Bains, y dos técnicos dedicados a iluminación, sonido y programación, Sylvain Delbart y François Donato.

"Diría que las artes digitales pueden contribuir al desarrollo de las nuevas tecnologías, abrir oportunidades a la juventud de expresarse artísticamente de manera innovadora y favorecer la eclosión de talento y la creación de empleos", afirma Jacobleu, con optimismo. Las cifras parecen avalar su entusiasmo: tres días y cerca de un millar de participantes in situ además de casi dos millones de seguidores en televisión y redes sociales.

La pregunta se impone: ¿cómo se puede embarcar uno en este tipo de eventos sin perder la cabeza ni arruinarse?

Jacobleu responde habitualmente con una sonrisa que rara vez desaparece de su rostro y la mirada siempre limpia, chispeante. "No existe un gran apoyo a las iniciativas culturales y artísticas en Costa de Marfil", admite. "Y los eventos que organizamos son, con frecuencia, riesgos que asumimos. Pero como nos apasionan la cultura y la innovación, nos lanzamos. Si esperamos por las ayudas, jamás haríamos nada en los tiempos estipulados y según la programación".

El artista aclara que RIANA contó con el apoyo institucional del Ministerio de la Comunicación, la Economía Digital y Correos y con financiación de la Agencia Nacional para el Servicio Universal de las Tecnologías de la Información y Comunicación (ANSUT).

Jacob Bleu, en el centro, con Rocío Berenguer (izquierda) y Golnaz Behrouznia.
Jacob Bleu, en el centro, con Rocío Berenguer (izquierda) y Golnaz Behrouznia.

"Por no hablar de los estudiantes de centros especializados como el Instituto de Ciencias y Técnicas de la Comunicación (ISTC), el Instituto Nacional Superior de las Artes y de la Acción Cultural (INSAAC) y el Departamento de Arte de la Universidad Félix Houphouët-Boigny, a los que extendemos nuestro agradecimiento", concluye.

No habla de futuro, de momento. Quizás las experiencias pasadas le han indicado que es necesario poner algo de prudencia y de mesura en las bridas que atan sus sueños. Pero Basquiat sigue mostrándole el camino...

Uno de los talleres de RIANA.
Uno de los talleres de RIANA.

El único viaje africano del artista norteamericano se limitó a varias semanas en tierra marfileña, una exposición en Abiyán, una amistad breve pero intensa con un artista local, Ouattara Watts, y la inspiración para un libro y una película al respecto. También quedan trazas de ese viaje en algunas fotos y una visita a un pueblo del interior del país en el que Basquiat, como Michael Jackson, encontró parte de sus orígenes. En el aire quedó una promesa incumplida: regresar a Costa de Marfil, con más proyectos y más tiempo.

Una de las imágenes que dejó RIANA, con los talleres y los encuentros entre artistas, estudiantes y público.
Una de las imágenes que dejó RIANA, con los talleres y los encuentros entre artistas, estudiantes y público.

Ahora que Le Basquiat se asienta en el ecosistema artístico abiyanés, Jacobleu hace suya esa visión y trabaja en proyectos que lancen a la capital marfileña al mismísimo centro de las periferias artísticas, donde se cuece lo bueno. Estará en el encuentro de Artes Escénicas del Altántico Sur MAPAS, en julio, en Tenerife. Puede que RIANA se pinte para una segunda edición ahí.

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