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Una propuesta de 100.000 millones de euros para la ciencia europea

Un documento que servirá de base para debatir el futuro de la I+D en Europa propone apoyar a los países periféricos y no dejar los beneficios solo en manos de las empresas

Vista general del hemiciclo del Parlamento Europeo
Vista general del hemiciclo del Parlamento Europeo EFE

En los próximos meses se decide el futuro del mayor programa de investigación del mundo. El Programa Marco (PM) de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación de la Unión Europea recibió en su último periodo, de 2014 a 2020, 76.880 millones de euros. Este tipo de financiación ha servido para desarrollar decenas de proyectos de I+D. Inventar maneras para reducir la basura en el mar, producir combustible a partir de los residuos de la oliva o diseñar modelos para acumular más chips en menos espacio y seguir creando ordenadores o móviles aún más potentes sin aumentar su tamaño son algunos de ellos.

Los objetivos globales del programa pretenden alcanzar una variedad de logros muy ambiciosa que no siempre resulta alcanzable. Por un lado, se trata de conseguir que la ciencia básica, la que se mueve fundamentalmente por la búsqueda de conocimiento, sea excelente, sin obsesionarse por dirigirla hacia un objetivo concreto. Por otro, se quiere que ese conocimiento sirva también para impulsar el liderazgo industrial en Europa. Y por último, se pretende que la labor de los mejores cerebros del continente lideren la persecución de retos sociales como la salud o la construcción de una economía sostenible desde el punto de vista medioambiental.

Un equipo liderado por la eurodiputada socialista Soledad Cabezón ha elaborado un documento que se presentará en la comisión de ciencia del Parlamento Europeo el próximo 22 de marzo

A tres años de finalizar el periodo anterior, los responsables de ciencia y tecnología de la Unión ya llevan tiempo trabajando en el siguiente PM para después de 2020. Un equipo liderado por la eurodiputada socialista Soledad Cabezón ha elaborado un documento que se presentará en la comisión de ciencia del Parlamento Europeo el próximo 22 de marzo.

Como en la anterior edición, se pide una financiación de 100.000 millones de euros. Entonces, tras las negociaciones en la comisión de ciencia del Parlamento Europeo y el resto de instancias que debe superar un proyecto como este antes de aprobarse, quedó en algo menos de 80.000 euros, pero Cabezón espera que en esta ocasión la cifra se incremente. “El programa marco es el principal programa público de investigación del mundo, pero tiene una tasa de éxito de solo el 14%”, explica. “Eso significa que hay muchos proyectos de mucha calidad que no llegan a ser financiados y queremos que eso cambie”, añade.

El programa marco es el principal programa público de investigación del mundo pero tiene una tasa de éxito de solo el 14%

Otro de los aspectos que se quieren mejorar en el nuevo plan estratégico es la reducción de la brecha entre los países líderes en I+D, que tienen más experiencia, mejores instituciones y más dinero para atraer talento, y los de la periferia. “Los científicos excelentes se suelen sentir atraídos por las instituciones excelentes, las de países como Reino Unido, que tienen mejores infraestructuras, mejores redes y pagan mejores salarios”, apunta Cabezón. Por eso, en el documento que se presentará el 22 de marzo se plantean medidas para compensar las debilidades que puedan tener los centros de menor trayectoria puntuando la calidad de los proyectos por encima del contexto en el que se desarrollarán.

Algunas de las aspiraciones recogidas en el texto, si el pasado sirve como referencia, pueden resultar inalcanzables. La Unión Europea ya había planteado que la inversión en I+D de los países de la zona alcanzase el 3% del PIB global en 2020. La realidad es que, en 2015, la cifra se encontraba en el 2,03% y diez años antes era de 1,74%. Las diferencias entre países son importantes. Suecia, Finlandia, Dinamarca y Austria alcanzan o superan el 3% y Alemania casi lo alcanza con un 2,9%. Por debajo, hay países como Chipre con el 0,48, Rumanía con el 0,39% o España con el 1,24% de su PIB invertido en I+D. Como formas de ayuda a que los países miembros, y en particular a los que más deben progresar, se plantea que en los objetivos de déficit que deben cumplir los países miembros de la UE no se compute la inversión en I+D.

Un punto que también destaca Cabezón entre los más relevantes del nuevo programa es la necesidad de evitar que se empleen los fondos estructurales europeos para cubrir con ellos la parte de inversión en I+D que debería realizar cada país. Los recursos destinados a ciencia cayeron en España un 34,7% entre los años 2009 y 2013, según la OCDE. Mientras tanto, la media de la Unión Europea se incrementó en un 0,16%, Alemania en más de un 18% y Reino Unido un 1,83%.

Por último, el documento que servirá como referencia para elaborar el siguiente PM también incidirá en que, al mismo tiempo que se aumente la colaboración del sector público con la industria, se cuide que el esfuerzo de inversión de los ciudadanos europeos no suponga después solo beneficios privados para las empresas. “Nosotros, desde lo público, dirigimos las prioridades y la industria participa. Pero luego habrá que crear sistemas para compartir patentes o realizar la transferencia de tecnología, pero con equidad, buscando que haya un retorno público y que los beneficios lleguen a la sociedad. Que la labor del sector privado no se considere cumplida solo con la generación de empleo”, concluye Cabezón.

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