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Las personas miedosas votan a la derecha (y no pueden evitarlo)

Es nuestra visión del mundo (más o menos agorera) la que nos hace elegir opción política, según un nuevo estudio

miedosos

Primera hora de la mañana, abrimos el periódico, ponemos la radio o accedemos a las últimas noticias vía ordenador. La información nos invade, tenemos que elegir. “Seleccionamos en qué cosas nos fijamos y qué cosas creemos según nuestras creencias previas. Buscamos información congruente y que apoye lo que creemos previamente, descartando aquello que lo contradiga. Interpretamos la realidad poniéndole cosas de nuestra parte, de nuestro interior, de nuestros valores”, dice el psicólogo José Guillermo Fouce, del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras y autor del libro Psicología del miedo (2015).

Según un novísimo estudio de la Universidad de California (EE UU), las personas de derechas lo son porque son más miedosas, se fijan más en las malas noticias e intuyen en ellas un riesgo. Los investigadores realizaron dos estudios, con un total de 1.210 participantes, a los que les pidieron que dijeran si se creían o no una serie de titulares falsos, pero creíbles. Unos contenían buenas noticias (“Comer zanahorias mejora significativamente la visión”) y otros, malas (“El kale contiene talio, un metal pesado tóxico que la planta absorbe del suelo”). Los de ideología conservadora —detectada en un test al que fueron sometidos— daban más veracidad a las noticias malas (incluso terribles) que a las buenas. “Básicamente, la estructura dominante del miedo enmarca su forma de ver el mundo y de actuar con él”, explica Fouce. “Puestos a elegir entre seguridad e igualdad o libertad, [los conservadores] prefieren lo primero. Están de acuerdo en renunciar a derechos y libertades a cambio de sentirse seguros”.

Los conservadores están más preocupados por el terrorismo y el crimen que los progresistas, asegura Daniel Fessler, profesor del estudio. Y son más propensos a creer afirmaciones falsas. Tienden a ser un poco más autoritarios, y a encerrarse en falsas explicaciones que obligan a ordenar un mundo caóticamente aleatorio.

Hay más estudios que muestran que los conservadores son más sensibles a la posibilidad de peligro que los progresistas. “Eso ayuda a explicar por qué las personas más conservadoras respaldan políticas que minimizan la introducción de nuevas influencias que, a su juicio, son dañinas para la sociedad, como la inmigración, el matrimonio homosexual o la educación sexual integral”, se argumenta en un análisis del estudio publicado por The Atlantic.

Diga cómo ve el mundo y le diré a quién vota

“Nuestra visión del mundo marca nuestra forma de actuar, ya que según percibo el entorno, así pienso, así siento y en consecuencia actúo”, apunta Beatriz Valera, psicóloga experta en seguridad del centro Psicología en Positivo (Valencia). “La personalidad de un individuo marca también, junto con las experiencias, las convicciones políticas”.

Para Fouce, “la política, como la religión, forma parte clave de nuestros valores y creencias, de nuestra manera de ver el mundo y, por tanto, de seleccionar lo que nos interesa o no, lo que nos llama la atención o no. La realidad es una construcción social, sin duda, y el marco del miedo y la desconfianza hoy es dominante". Eso explicaría el respaldo mayoritario a políticas conservadoras en determinados puntos del planeta.

El presidente de la Fundación Psicología sin Fronteras remite a un documental de la BBC titulado El poder de las pesadillas (2012) que refleja muy bien esa sensación de miedo en algunos sectores sociales. “En el pasado los políticos vendían utopías de un mundo mejor; hoy plantean problemas y miedos y ellos se postulan como los que pueden resolverlos. Siempre hay una utilización política del miedo y de la amenaza que no es nueva, ya desde Maquiavelo en El príncipe se hablaba de ella. Ahora ocurre más, porque los medios son globales. Somos de derechas o de izquierdas como una forma de ver el mundo y valorarlo, y este viene condicionado por lo que se nos vende en los programas políticos. Los riesgos, las amenazas, la política del miedo, la doctrina del shock, en palabras del conocido libro de Naomi Kleim (La doctrina del shock, 2007), es un uso intencionado para construir una forma de ver el mundo”, concluye José Guillermo Fouce.

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