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Don Cheadle: "Hay una atmósfera prehitleriana en Estados Unidos"

El actor debuta como director con ‘Miles ahead’, sobre el genio del jazz Miles Davis, y se muestra enfurecido con lo que pasa en su país

Don Cheadle posa en exclusiva para ICON en Nueva York.

Existen dos momento óptimos para entrevistar a alguien. El primero es cuando su última obra es un fracaso y está intentando desviar la atención. El otro, cuando explora un campo que no es el suyo. En ambas situaciones el entrevistado se siente vulnerable. Actúa de una forma más humilde porque necesita explicarse.

Don Cheadle (Kansas City, Estados Unidos, 1964) se encuentra en el segundo supuesto: acaba de debutar como director (también es el protagonista) con Miles ahead (estreno en España el 29 de julio), una película más que digna basada en un episodio de la vida del genial músico de jazz Miles Davis, que comprende los cinco años de finales de los setenta en los que el titán de la trompeta, uno de los músicos fundamentales del siglo XX, desapareció de escena. En su carrera como actor, Cheadle ha sabido combinar con sabiduría películas de calado (como Crash, Traffic o Hotel Rwanda, donde fue nominado al Oscar), con filmes más claramente comerciales (las sagas de Ocean´s eleven y la de Iron Man).

Estamos viendo una parte del país que siempre supe que estaba allí, pero es impactante su naturaleza codiciosa y cómo está siendo utilizada como herramienta. Esta es una era en la que el fascismo podría volver

Como Cheadle saltó a la fama relativamente tarde, es fácil que se olvide de que tiene 52 años. No tiene mirada de estrella, sino de hombre sabio que explica que no le gustan los halagos de Hollywood.

¿Por qué un actor tan reconocido como usted, que cuenta con Ewan McGregor (otro de los protagonistas de Miles ahead) en su debut como director, tiene que producir su película sirviéndose de la financiación colectiva? Los productores buscan siempre excusas para no darte dinero más que razones por las que dártelo. Encontrar un inversor es difícil. Ha sido un proceso agotador. Mi mujer [la actriz Bridgid Coulter, con la que tiene dos hijos] me dice que no quiere volver a verme así, como un zombi, y yo tengo claro que no quiero repetir la experiencia, al menos no así. Rodamos en apenas tres semanas para ajustar los calendarios de todo el mundo. Fueron 104 minutos y el montaje final dura 100. Todo fibra, nada de grasa. No teníamos otra opción.

¿Qué tiene la historia de Miles ahead que le ha animado arriesgar tanto? Plasmar el silencio del genio y transmitir la sensación de pasar un rato con él. Entrar en su universo y tener una experiencia milesdavisiana. Y lanzar un mensaje: sin él no hubiese habido un Kendrick Lamar o un Kamashi Washington. Miles Davis cambió la historia de la música en tres o cuatro ocasiones.

¿Qué opina de la escena política actual en Estados Unidos? Es de locos. Es como un show televisivo, pero más demencial y terrorífico, porque es real. No es que me sorprenda: estamos viendo una parte del país que siempre supe que estaba allí, pero es impactante su naturaleza codiciosa y cómo está siendo utilizada como herramienta. Hay una atmósfera prehitleriana. Esta es una era en la que el fascismo podría volver.

Don Cheadle caracterizado como Miles Davis en 'Miles ahead'.

Hablando del tema social de su país. Cómo describe la tensión racial que ahora sacude Estados Unidos. Hollywood se percibe como algo monolítico y no lo es. ¿Existe un colectivo llamado Hollywood? ¿Hay una hermandad de actores negros? ¿Y de blancos? Somos muchos individuos intentando evitar eso tan horrible de acabar un rodaje y que te atrape la desesperación que provoca sentir que estás en paro. Como negro es más fácil encontrar tu sitio en televisión.

En Miles ahead se ve a un artista atormentado por el proceso creativo. ¿Le pasa a usted lo mismo? Como actor es muy distinto. Encarno a una persona y luego me desprendo de ella. Cuando eres músico, no puedes hacer eso. Miles Davis tenía que preguntarse continuamente qué era lo que iba a ofrecer de sí mismo a continuación. No descansaba, era como un tiburón: siempre acechando, buscando su próxima presa.

Además de sus labores cinematográficas, tiene una sólida carrera filantrópica y trabaja con Naciones Unidas. Después de rodar Hotel Rwanda [sobre el genocidio entre hutus y tutsis] me fue difícil volver a la vida de antes como si nada. Y si te planteas con sinceridad “¿qué puedo hacer?”, descubres inmediatamente que hay muchas respuestas posibles.

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