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De peste a peste y erradico aunque me cueste

Todo lo aprendido al acabar con la bovina puede servir para otras. Pero faltan fondos y visibilidad

Una vaca vacunada contra la peste bovina en Isinya, Kenia, en 2010. Ver fotogalería
Una vaca vacunada contra la peste bovina en Isinya, Kenia, en 2010. Tony Karumba

Negra y muy solemne, es como una lápida en siete idiomas. Pero es una de esas que no dan pena. Porque cuando vivía, el desaparecido solo trajo problemas. Hace cinco años, el 25 de junio de 2011, en la entrada de la sede de la agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura se descubría este cenotafio, una vez certificada la muerte de la peste bovina. Como lo fue la viruela a finales de los setenta respecto a las dolencias que afectan a humanos, esta enfermedad viral altamente contagiosa y mortal que atacaba al ganado y al búfalo doméstico se convertía en la primera de animales en ser oficialmente erradicada. Y las lecciones aprendidas sirven hoy para luchar contra la que puede ser la próxima en caer, la peste de los pequeños rumiantes (PPR).

La próxima de la lista

La próxima enfermedad animal puede estar al caer. Tras la peste bovina, una campaña mundial busca acabar con otra dolencia de la misma familia, la peste de los pequeños rumiantes (PPR), para 2030.

Las agencias y organizaciones que dirigen la lucha contra la PPR cuentan con la ventaja de las lecciones aprendidas y con el hecho de que, como con la bovina, baste con una sola vacuna.

El senegalés Bouna Diop está en la vanguardia de la batalla contra el virus que se ceba en ovejas, cabras, y otros pequeños rumiantes. "Esta enfermedad tiene impacto directo en comunidades pobres de varias regiones y en sus medios de vida, y por eso es una prioridad", argumenta Diop.

Pero hay muchas prioridades en el mundo. Y como, en efecto, quitando Nueva Zelanda, Australia y algunos paises del sur de Europa la PPR afecta sobre todo a países en desarrollo, no resulta fácil conseguir los fondos para su erradicación. "Pero, entre otras cosas, invertir en que agricultores y ganaderos de esas regiones no pierdan los animales que les dan de comer es una forma de evitar crisis migratorias como la que vivimos ahora", opina Diop.

Aunque no solo se trata de conseguir fondos de donantes. El experto considera que los países afectados también deben implicarse y mejorar la forma de trabajar. Diop cree que una lección aprendida de la peste bovina es que se en lugar de vacunar en masa, se puede ahorrar obteniendo mejor información sobre las zonas afectadas. "Pero tampoco se trata de gastar un dinero todos los años para vacunar solo al 20% de la población animal, como ocurre en países como Senegal. Porque eso tampoco es efectivo".

El plan es acabar con ella para 2030, y ahora finaliza el primer programa de cinco años contra la enfermedad. Los resultados hasta ahora son esperanzadores, pero aún hay que avanzar mucho. "La parte técnica (vacunas, diagnóstico y estrategia) está bien situada. Necesitamos la voluntad política y los fondos", sentencia Juan Lubroth, veterinario jefe de FAO.

En realidad, lo que la Organización Mundial de Salud Animal (OIE, por las siglas de su nombre original) y la FAO habían hecho en mayo de ese año era básicamente certificar la desaparición. Porque el último brote de esta peste que a finales del XIX acabó con el 90% del ganado en algunas zonas de África— se había detectado 10 años antes, en 2001, en Kenia. Las campañas de vacunación, y el hecho de que solo haya un serotipo (la misma vacuna sirve en África o en Asia, por ejemplo) habían facilitado la labor. La mayoría de países desarrollados estaban oficialmente libres del virus, y en el resto no era ya un peligro presente y palpable. Eso supuso un reto a la hora de erradicarla totalmente.

"Ya no se veía el problema, no se veía el riesgo, y fue difícil conseguir financiación para ese último cubo de agua que apagara el fuego por completo. Por eso también tardamos 10 años en hacerlo", recuerda Juan Lubroth, jefe de Salud Animal de la FAO. "Hubo que hacer muchos análisis hasta tener la confianza para declararla erradicada". Además de tomar miles de muestras en animales jóvenes no vacunados, los técnicos de las organizaciones veterinarias recorrían aldeas y comunidades en un proceso de "epidemiología participativa".

"Eso requiere entrar en una comunidad, pero no con cuestionarios, sino dispuesto a sentarse bajo un árbol y escuchar", explica Lubroth. Los expertos dibujan, hablan, describen síntomas, y se interesan por todo. "Si me dicen que vieron lagrimeo, diarrea y mortalidad súbita en el ganado, pienso en la peste", ilustra el veterinario jefe. Después les preguntan cuándo fue la última vez que aparecieron esos síntomas en la zona. "A veces te dicen 'fue cuando murió la madre del jefe'. ¿Y eso cuándo fue? 'Durante la última sequía'. Y entonces sabes que la última sequía en la zona fue en el 96, y tienes una referencia de la última noticia de la peste en ese área", explica.

Un proceso largo en el que también participó el senegalés Bouna Diop, que en esa época trabajaba  en un proyecto de la Unión Africana para acabar con la enfermedad. "Los servicios veterinarios en África no siempre están bien entrenados y equipados. Y la campaña contra la peste bovina fue una oportunidad para mejorarlos", destaca.

Porque aquella declaración de 2011 no tuvo realmente un gran efecto sobre la seguridad alimentaria de los países en desarrollo, que en la práctica hacía más de una década que no sufrían los embates de la peste. Pero sí sirvió para que los gobiernos se sintieran orgullosos de la labor de sus veterinarios y reconocieran la importancia de fortalecerlos y financiarlos adecuadamente, destaca Diop. "Dio visibilidad a los departamentos y abrió la puerta al desarrollo del sector", sostiene. Y además, generó oportunidades para el comercio. La certificación de país libre permitió a muchas naciones exportar carne que antes era rechazada. Solo en los años posteriores a la erradicación, Chad atribuyó a esta un aumento del 3% de su PIB, y los hogares de Etiopía los hogares percibieron ingresos extra por valor de 38,1 millones de euros.

Placa que recuerda la erradicación de la peste bovina en la sede de FAO, en Roma (Italia). ampliar foto
Placa que recuerda la erradicación de la peste bovina en la sede de FAO, en Roma (Italia). Alessandra Benedetti

Pero la placa funeraria descubierta hace cinco años en Roma no es un sepulcro, pues no guarda los restos del finado. Las vacunas y muestras del virus se conservan aún en unos 30 laboratorios de cerca de 24 países, según indica Lubroth. Y ese es el principal reto que aún presenta la peste bovina un lustro después. Asegurar que los restos están seguros. Que no haya escapes ni se pueda utilizar como arma biológica. De hecho, la leyenda cuenta que la peste bovina fue la primera de la historia cuando el conquistador mongol Gengis Kan introdujo ganado infectado en los rebaños de sus enemigos para atacar su fuente de alimentos. "Para evitar cualquier peligro, pretendemos que solo se guarden en un puñado de laboratorios certificados por la OIE y la FAO", explica el experto. "Pero no es fácil, hay países que lo ven como patrimonio nacional".

Aunque teóricamente bajo, el riesgo existe. Hay laboratorios y países que pueden ser seguros hoy, y mañana verse afectados por desastres o nada raro en regiones inestables a conflictos que pongan en riesgo la custodia del virus. Por eso, mientras se trata de asegurar las muestras con esfuerzos sobre todo políticos, el otro desafío es mantenerse alerta, aun con la enfermedad oficialmente erradicada. Por lo que pueda pasar. "Los veterinarios que se licenciaron después de 2001 no han visto la peste bovina y no saben cómo es", apunta Lubroth, que insiste en la necesidad de formarse y estar preparados en cualquier caso. "Yo siempre digo: la última sospecha fue ayer. Y la próxima será mañana".