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EE UU hace de la lucha contra el cáncer su nueva carrera espacial

El vicepresidente Biden lidera la iniciativa Moonshot para reunir y aplicar todo el conocimiento sobre la enfermedad

El vicepresidente de EE UU, Joseph Biden, el lunes 6 de junio en Chicago.
El vicepresidente de EE UU, Joseph Biden, el lunes 6 de junio en Chicago.

En mayo de 1961, el presidente de EE UU John F. Kennedy convocó al país a un esfuerzo conjunto para ganar la carrera espacial a la URSS. Su actual sucesor en la Casa Blanca, Barack Obama, ha recuperado el espíritu de aquel primer "moon shot" (literalmente, disparo a la Luna) con un objetivo completamente distinto: explotar al máximo en la práctica todo el conocimiento que se genera actualmente, en un momento especialmente prometedor con la llegada de nuevos abordajes terapéuticos como la inmunoterapia, alrededor del cáncer. Y para darle todo su peso, ha puesto al frente al vicepresidente Joe Biden.

El político ha visitado el congreso de la Sociedad Americana de Oncología Médica (ASCO) que se celebra en Chicago para impulsar el proyecto ante muchos de sus protagonistas: los 35.000 profesionales que asisten a la reunión. Biden, cuyo hijo murió de glioblastoma, empleó 45 minutos para explicar la idea: “Imagínense a todos ustedes trabajando juntos. Hay que recoger todos los datos de todos los pacientes y compartirlos. Todo lo nuevo que cada uno está usando, todas las herramientas. En esto no pueden ponerse celosos, tienen que colaborar”.

Se trata de un proyecto de lo que se conoce como big data, el uso de cantidades ingentes de información para obtener conclusiones de cada tratamiento y su efecto en cada paciente. “En los ensayos clínicos solo participa un 3% de los pacientes”, dijo la presidenta de la ASCO, Julie Vose. “Se trata de tener la información del otro 97% restante”.

El proyecto es la concreción del anuncio de hace un año de Obama de dedicar 215 millones de dólares (190 millones de euros) a la denominada medicina de precisión. Este año, en el discurso sobre el estado de la Unión, cuando mencionó por primera vez el proyecto Moonshot, concretó más: 195 millones de dólares este año (171 millones de euros) y 755 millones de dólares (663 millones de euros) el que viene. La medicina personalizada consiste en utilizar la información aportada por el genoma y el proteosoma de las células (la lista de genes y proteínas implicados) para adecuar el tratamiento que el paciente recibe. Como este congreso pone de manifiesto en cada presentación, esa es la clave para obtener los mejores resultados posibles evitando los inconvenientes, tanto para el paciente como para el sistema sanitario, de la medicación, al restringirla solo a aquellos que se sabe que les va a beneficiar.

Antoni Ribas, un investigador español que lleva 20 años en EE UU y que actualmente dirige el programa de Inmunología Tumoral de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), explica así la importancia de Moonshot: “La medicina personalizada no puede llegar hasta que no tengamos toda la información” alrededor de cada variante de tumor y las medicaciones disponibles. Lo que sucede es que “ahora podemos tenerla; ya no se trata de un abordaje de ensayo y error”. Está, por ejemplo, The Cancer Genome Atlas, “que quiere secuenciar mil tipos de cáncer para entender qué funciona y por qué”, pero hay tal cantidad de bases de datos y de estudios diseminados por el mundo que “no puede centralizarlo una universidad o un laboratorio”. “Si no lo hace el Gobierno, no lo va a hacer nadie”, opina.

Moonshot se va a centrar en siete aspectos, explicó Deborah Mayer, miembro del equipo de calidad de la iniciativa: acelerar el conocimiento del cáncer en todas sus etapas, de la prevención a la cura; mejorar el acceso de los pacientes a los cuidados; potenciar el manejo de datos; fomentar el desarrollo de tratamientos; detectar obstáculos burocráticos para los ensayos y otros aspectos; asegurar el mejor uso de los fondos federales e identificar las oportunidades para una colaboración público-privada.

El proyecto encaja bien con las iniciativas que el año pasado comenzó la asociación estadounidense de oncólogos. Una de ellas, el programa TAPUR, consiste en hacer estudios exhaustivos del genoma y otros aspectos de los pacientes para ofrecerles un tratamiento que no se ha probado en su cáncer, pero sí en otros con la misma mutación o proteína. Y, muy importante, reunir y compartir los resultados que se obtengan. Por ejemplo, se podría ofrecer un fármaco contra una mutación que se conoce en un cáncer de mama a una persona que tiene la misma alteración genética pero tiene un tumor de pulmón.

Este programa de trasposición de medicamentos empezó en marzo, y ya cuenta con 37 centros sanitarios que pueden usar 17 medicaciones de ocho compañías y ya ha reclutado a los primeros 47 pacientes, destacó Richard Schilsky, director médico de la ASCO.

La sociedad oncológica también tiene otra iniciativa, CancerLinQ, que pretende unir todas las bases de datos con información sobre cáncer –lo que es, a grandes rasgos, el primer paso importante que debe dar Moonshot-. Ya cuenta con 58 instituciones, mil profesionales y los datos de 750.000 pacientes, dijo Allen Lichter, director ejecutivo de la ASCO..

La recopilación de información es el primero de los pasos que debe darse, seguido de un amplio programa de análisis de estos, en un proceso que se prevé continuo, dada la velocidad a la que se alcanzan nuevos resultados (solo en este congreso se han presentado 4.500 trabajos).

EL PAÍS ha acudido al congreso de la ASCO en Chicago invitado por Roche.

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