Despedida una científica premiada con dos millones de euros de la UE

Uno de los centros más prestigiosos de España, el CNIC, expulsa a una investigadora por "irregularidades"

Un laboratorio en el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares.

Una de las instituciones científicas más prestigiosas de España, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), ha despedido de manera fulminante a Susana González, una bióloga molecular de currículo impecable que acababa de recibir 1,86 millones de euros de la Comisión Europea para sus estudios sobre las enfermedades del corazón. Una reciente investigación interna ha revelado una serie de irregularidades suficientemente graves en sus estudios científicos como para motivar su despido, en lo que sería uno de los mayores escándalos de la ciencia española.

El CNIC, dirigido por el cardiólogo Valentín Fuster, ejecutó el despido el 29 de febrero. Sin embargo, González niega “rotundamente” haber falseado ningún resultado a lo largo de su carrera y habla de “absoluta injusticia”, según ha declarado a Materia. Según su versión, el despido se debe a motivos “puramente laborales” que no detalla. El caso está en manos de sus abogados.

González ha publicado sus trabajos en algunas de las mejores revistas científicas del mundo, como Cell Stem Cell y Nature Communications. En 2014, el Consejo Europeo de Investigación le concedió una Consolidator Grant, una ayuda de dos millones de euros reservada a la élite científica europea, tras lograr la asombrosa recuperación de ratones con una insuficiencia cardiaca letal. Sus experimentos abrían la puerta a rejuvenecer corazones de personas ancianas o enfermas.

La bióloga molecular Susana González.

Una primera parte de sus hallazgos se publicó en la revista Nature Communications. Sus resultados están en tela de juicio en la web PubPeer, en la que los científicos comentan artículos de otros colegas de manera anónima. Los usuarios denuncian imágenes duplicadas o tomadas de otros experimentos, unos hechos que podrían forzar la retirada del estudio. González considera la web PubPeer “una especie de Twitter de científicos lleno de acusaciones anónimas con tergiversación de datos y sin rigor científico”.

Un portavoz de la revista Cell Stem Cell admite que son "conscientes de la inquietud generada por una investigación de la doctora González" publicada en sus páginas. La cabecera no hace más comentarios "por el momento". Una representante de Nature, editora de Nature Communications, explica por su parte que el grupo nunca revela si tiene investigaciones en marcha sobre estudios concretos. “Nunca me han retractado un artículo”, se defiende González, que admite “posibles errores”, pero nunca fraude científico.

"No se puede cuestionar mi honorabilidad en base a denuncias anónimas", afirma la investigadora

La investigadora rechaza explicar en qué consisten las irregularidades que han motivado su despido fulminante del CNIC. Tras conocer las sospechas sobre sus estudios científicos, el centro organizó un comité de expertos de diversos departamentos y sin conflicto de intereses para dirimir la veracidad de las acusaciones. Su informe final justifica la expulsión pero, según el único párrafo de su carta de despido que facilita González a este periódico, el comité añade: "No se considera probado, en virtud del principio de presunción de inocencia, que exista fraude en la configuración de los citados artículos ni en su publicación […]. No se estima elemento probatorio suficiente para fundamentar una acusación de fraude. Por ello, concluimos que, de los datos aportados, no se desprende prueba de que tales irregularidades, se hayan llevado a cabo con la intención de defraudar”.

La web PubPeer incluye más acusaciones de resultados falseados en diferentes investigaciones dirigidas por la bióloga molecular. “No se puede cuestionar mi honorabilidad en base a denuncias anónimas. Y esta reflexión se aplica a toda la comunidad científica”, insiste González. El CNIC solo confirma que la investigadora fue despedida el lunes, pero rechaza dar más explicaciones por el momento. Fuentes próximas a la investigación exculpan de las malas prácticas al resto de coautores.

Antes de trabajar en el CNIC, González pasó por el Centro Memorial Sloan Kettering y por la Universidad de Columbia, ambos en Nueva York (EE UU). Posteriormente se incorporó al Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), en Madrid. Un antiguo colaborador de González en el CNIO, que prefiere permanecer en el anonimato, señala que “sus resultados eran siempre irreproducibles”. La ciencia se basa, precisamente, en que los experimentos exitosos puedan ser repetidos por otros autores y lleguen a las mismas conclusiones. Otro excompañero en el CNIC, que tampoco quiere dar su nombre, confirma las malas prácticas aireadas en PubPeer. Un tercer colaborador, con el que trabajó por última vez hace una década, afirma, en cambio, no haber tenido “ni la más mínima sospecha” sobre ella.

El CNIC cuenta con un Código de Buenas Prácticas Científicas, aprobado el 20 de noviembre de 2015, destinado a “prevenir, en el ámbito de la actividad científica, disfunciones de naturaleza ética con trascendencia jurídica”. González, tras ser despedida del CNIC, mantiene una plaza fija como investigadora de la agencia estatal CSIC —el mayor organismo público de investigación de España— y la ayuda de dos millones de euros de la Comisión Europea.

 

Actualización (8 de marzo, 12:18): La noticia se ha completado con información facilitada por la investigadora Susana González, consistente en un único párrafo de su carta de despido.

Más información