La empresa española y los Objetivos de Desarrollo Sostenible

Las firmas embarcadas en la tarea demuestran que generar valor social es posible y rentable

Cuatro de las trece empresas estudiadas en la guía del Fondo para el desarrollo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (SDGF) de las Naciones Unidas sobre el rol de la empresa en la consecución de estos objetivos son españolas. Su testimonio y buen hacer están siendo clave en el desarrollo de esa guía y en su aplicación posterior.

El Fondo para el desarrollo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) es el primer mecanismo de cooperación para alcanzar esas metas y su primer esfuerzo ha sido ver cómo trabajar con las empresas. Para ello, ha constituido un grupo consultivo internacional, en el que más del 30% de las empresas seleccionadas son españolas.

Los ODS, que vienen a sustituir a los Objetivos del Milenio, presentan importantes avances respecto a estos últimos. En primer lugar, son bastante más ambiciosos en cuanto a su alcance, cubriendo 17 áreas progreso económico social y medioambiental. Además, no atañen solo a países en desarrollo sino también a los llamados países desarrollados. Por último, conceden un papel preponderante al hecho de que los actores tradicionales de desarrollo—agencias, ONG y gobiernos— por sí solos no pueden conseguir objetivos tan vastos, lo que ha dado paso a la necesidad de alianzas, sobre todo con el sector privado y la sociedad civil.

Todas las organizaciones tienen el potencial de contribuir significativamente al desarrollo económico, social o medioambiental, ya sea a través de sus operaciones o de la creación de cadenas de valor, mediante inversiones sociales o —como se ha hecho en gran medida hasta ahora— a través de la filantropía o concienciación.

Tradicionalmente apartada de estas cuestiones, la empresa tiene capacidades esenciales, complementarias y necesarias para acometer tan ardua labor como es su capacidad para generar soluciones eficientes, eficaces y escalables a la vez que sostenibles, si se fundamentan en la generación de recursos propios por la generación de beneficios en vez de en donaciones.

Como dice Paloma Durán, directora del Fondo para los Objetivos de Desarrollo Sostenible, no es tarea fácil. “Somos conscientes de que conjugar el ánimo de lucro con actividades para el desarrollo puede generar recelos; no obstante, creemos que es un tabú que debemos superar. Porque, además, estamos comprobando que funciona”.

Los ejemplos de empresas embarcadas en ofrecer resultados tanto económicos como sociales en este segmento han puesto de manifiesto que general valor social es posible y rentable, por lo que las firmas estudian este nicho de mercado como una nueva oportunidad de generar resultados económicos, así como un impacto social y medioambiental positivo.

De las ocho iniciativas de las cuatro compañías españolas estudiadas, solo una es puramente filantrópica y seis son híbridas. Lo que indica que las firmas persiguen la generación de valor económico a la vez que social y que las iniciativas, cuando lo consigan, serán sostenibles en el tiempo.

La Fundación Microfinanzas BBVA, Ebro Foods, Ferrovial y la Fundación Seres forman el grupo de empresas españolas elegidas.

La Fundación Microfinanzas BBVA (FMBBVA), constituida en 2007, ha demostrado en estos años el valor de la implicación empresarial en la consecución de un fin social y de transferir el saber hacer de un banco con más de 150 años de experiencia al sector microfinanciero, siempre buscando el mayor impacto social a través de su modelo de Finanzas Productivas.

La prioridad tiene que ser desarrollar un negocio rentable que sea fiel a la misión social

La FMBBVA ha contribuido sustancialmente al desarrollo de las microfinanzas (proveer servicios financieros a la base de la pirámide) en América Latina en distintos frentes: tanto en el fortalecimiento de las instituciones microfinancieras como en el desarrollo de productos más adaptados a sus necesidades, o en la búsqueda de nuevos modelos operativos. Ha apoyado el fortalecimiento en aspectos como gobierno corporativo, desarrollo de modelos para la medición de impacto o modelos de negocio, así como la mejora en las capacidades de gestión de las entidades microfinancieras para atender al mayor número posible de personas de este segmento. La Fundación Microfinanzas BBVA, a través de su red de nueve entidades en siete países latinoamericanos, atiende en este momento a más de 1.700.000 personas.

A través de su programa Infraestructuras Sociales, Ferrovial tiene como objetivo, mejorar y ampliar la cobertura y acceso al agua para consumo humano y el saneamiento básico entre colectivos en riesgo de vulnerabilidad social de África y América Latina.

Ebro Foods, con sus programas de “cultivo sostenible del arroz con mínima emisión de CO2”, y de “rediseño de la cadena de valor de la producción alimentaria” busca tanto la eficiencia energética y medioambiental de sus cultivos como ayudar — junto con Danone, Nestlé y Unilever— a los procesadores de productos alimenticios y agricultores a rediseñar conjuntamente la cadena de valor alimentaria para hacerla sostenible.

La Fundación Seres está trabajando con más de 100 empresas, ayudándolas a implementar estrategias de valor compartido a través del intercambio de experiencias, la comparación entre las mismas y su diseminación y puesta en práctica a través del Campus Seres en colaboración con empresas internacionales, escuelas de negocios y organismos públicos.

Para ello, todas estas entidades han necesitado desarrollar muchas de las capacidades descritas en el informe. Entre otras, desarrollar un modelo de negocio sostenible en esos mercados; trazar alianzas tanto con ONG como con organismos multilaterales para llegar a los consumidores más remotos; alinearse con los gobiernos para mejorar la regulación en los mercados o encontrar una forma de medir su impacto sostenible en el tiempo.

El camino no es fácil. Muchas de las iniciativas se llevan a cabo en economías en desarrollo y los mercados en la base de la pirámide son mercados muy complicados en los que hay que asegurarse de que se conozca la existencia del producto y que este sea accesible, asequible y tenga buena aceptación.

Agencias, ONG y gobiernos no se bastan para conseguir objetivos tan ambiciosos

La ruralidad de los clientes y la falta de infraestructuras hacen que el modelo de distribución pase por alianzas con actores no tradicionales —como ONG— o por la creación redes no convencionales. La poca familiaridad de los clientes con productos nuevos en general hace que su adopción sea más lenta que en mercados tradicionales. Además, su bajo nivel de ingresos y —sobre todo— la poca estabilidad de los mismos hace que cada decisión de compra sea deliberada hasta el último céntimo y que haya de desarrollar nuevos modelos de pago. Por último, la mayoría de veces los destinatarios no conocen la existencia del producto o sus bondades por mucho que lo puedan necesitar.

Pero una vez que el modelo es el adecuado, se puede ser sostenible generando un impresionante valor social o medioambiental, además de atesorar capacidades clave para la competitividad de las empresas. Así lo han demostrado tantas iniciativas como esta, muchas de ellas de empresas españolas. Como dije en un artículo anterior, El valor social de las empresas: “las cadenas hibridas de valor llegan a España para quedarse”.

Una de las claves es determinar cuál es el nivel de beneficios adecuado: debe ser objeto de profunda reflexión por el consejo de administración y los directivos de la empresa. La constante innovación de las prestaciones del producto, las mejoras en la producción y el abaratamiento de costes, la constante bajada de precios, la disponibilidad en la cadena de distribución, un mantra a tener en el día a día para lograr de verdad impacto social.

El equilibrio entre los retornos financieros y el impacto social es difícil pero no imposible si la misión social tiene un peso suficiente en la organización a la hora de tomar todas y cada una de las decisiones en el día a día. Así, la prioridad no tiene que ser cómo desarrollar un negocio rentable en un segmento de población, sino cómo desarrollar un negocio rentable que sea fiel con la misión social. Para ello es crucial que la firma tenga indicadores claros de cómo medir ese impacto y revisiones vinculantes y periódicas de los avances conseguidos.

Desde aquí me gustaría animar a la empresa española en su conjunto a estudiar estos ejemplos y otros muchos y a ver cómo podrían unirse a este apasionante reto que dará forma nuestro futuro.

María López Escorial trabajó cuatro años en la Fundación Microfinanzas BBVA. Desde 2002 es profesora en el Instituto de Empresa y trabaja como consultora independiente especializada en innovación social, mercados de la base de la pirámide, microfinanzas y soluciones empresariales para combatir la pobreza.

@marialescorial