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I+D+i

Una mujer por cada nueve hombres en la élite de la ciencia europea

Se agrava la escasez de investigadoras en uno de los programas científicos más prestigiosos de la UE

Parte del equipo del investigador Peter Lodahl (derecha), del Instituto Niels Bohr (Dinamarca), que ha recibido una Advanced Grant este año

La élite de la ciencia en Europa sigue siendo, casi en exclusiva, cosa de hombres. Los últimos resultados de uno de los programas más prestigiosos de la UE para financiar a científicos ya consagrados así lo demuestra. Solo uno de cada 10 investigadores galardonados en la última edición de las Advanced Grants del Consejo Europeo de Investigación (ERC) es mujer. La diferencia entre sexos registrada este año es aún mayor de lo habitual. En España, entre los 13 investigadores que han conseguido este apoyo financiero, solo hay una mujer: Teresa Puig, del Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona.

Si algo ha quedado patente desde que se comenzó a plantear el problema del desequilibrio entre géneros en la ciencia hace varias décadas es que se trata de un fenómeno muy complejo, sin causas ni soluciones fáciles. En toda Europa, las mujeres son mayoría entre los estudiantes y licenciados universitarios, pero a partir de ese nivel su presencia comienza a menguar hasta que, en la escala más alta de la investigación, solo uno de cada cinco profesionales es mujer, según datos del estudio She Figures de la UE. Si se mira a los puestos directivos, las plazas en sociedades científicas o los galardones más prestigiosos, el desequilibrio es igual o mayor.

En el programa de las Advanced Grants, dirigido a jefes de investigación, parece que el problema está “en el origen”, según ha explicado a Materia Jean-Pierre Bourguignon, presidente del ERC. Se trata de un problema “muy preocupante”, dice. “Hay varias causas pero una importante es que el número de mujeres que se presentaron a la convocatoria es muy bajo, solo el 13,6% del total”, resalta.

Los 190 investigadores seleccionados se repartirán un total de 445 millones de euros en programas de investigación de cinco años. El número de féminas en este programa suele ser el más bajo de todas las convocatorias del ERC. Entre 2007 y 2013, las mujeres consiguieron el 12,8% de estas ayudas. Este año el porcentaje solo llega al 10%.

La tasa de éxito de las mujeres está siempre por debajo de la de los hombres

“Estas cifras son consistentes con el hecho de que en la Unión Europea la proporción de mujeres en los puestos de grado A [el escalafón más alto] es del 20% y solo del 11% en las ingenierías”, comentan en el ERC. En España, entre 2008 y 2014, un total de 85 investigadores han recibido una Advanced Grant, 12 de ellos mujeres. Esto supone una media del 14%. Este año, sin embargo, la media es del 8%. Si se incluyen todas las ayudas que da el ERC, el porcentaje de mujeres aumenta hasta el 21%, ligeramente por debajo del país líder en ayudas, Reino Unido (24%), pero por delante de otros como Alemania (18%).

En 2008 el ERC creó un grupo de trabajo especializado en género que ha puesto en marcha algunas medidas para garantizar la igualdad de oportunidades.

Isabelle Vernos forma parte de ese grupo de trabajo. La investigadora, que trabaja en el Centro de Regulación Genómica de Barcelona, recuerda que, más allá del porcentaje de mujeres que obtienen las ayudas, hay otro problema “distinto” e igual de importante. “Si miras los datos desde el 2008, la tasa de éxito de las mujeres está siempre por debajo de la de los hombres, tanto para el programa Advanced Grants como en los otros dedicados a investigadores más jóvenes”, resalta. Para Vernos es “preocupante” que la situación en el escalafón más elevado “esté incluso peor de lo que estaba”.

¿Por qué ocurre esto? Por ahora es difícil saberlo, admite Vernos. Durante estos años sí se ha observado que algunas de las posibles soluciones no producen los resultados esperados. El hecho de que haya mayoría de hombres en los paneles que evalúan los proyectos podría parecer una causa del bajo éxito femenino. Pero los datos acumulados hasta ahora lo desmienten, ya que no se ha observado una correlación estadística entre paneles con más mujeres y una mejor tasa de éxito femenino, comenta Vernos.

Señales de mejora

La parte de trabajo más sacrificado en la vida de un científico se suele dar entre los 20 y los 40 años, cuando lo ideal es hacer varias estancias en el extranjero. También es el tiempo en que muchas mujeres deciden tener hijos. Por eso el ERC modificó las normas de su convocatoria dando a las candidatas 18 meses más de tiempo por hijo para presentarse y compensar por una posible interrupción de su carrera por maternidad. Una tercera medida fue eliminar la “autoevaluación” que debían hacer los candidatos. “Hay estudios que sostienen que las mujeres no son muy buenas promocionándose a sí mismas o defendiendo la importancia de su trabajo, algo que los varones saben hacer mejor”, explica Vernos. Pero, por ahora, tampoco estas medidas han producido resultados apreciables, en parte porque es pronto para saber si funcionan, resalta esta investigadora que forma parte del Comité Científico del ERC.

Entre los más jóvenes, el panorama es algo menos desolador. El 33% de los que consiguen una Starting Grant y el 28% de los que logran una Consolidator Grant (diseñadas respectivamente para investigadores al comienzo y al mitad de su carrera) son mujeres, según los datos facilitados por el ERC. “Que se igualen las tasas entre los más jóvenes es alentador, quizás así, poco a poco, se vaya cambiando la situación”, señala Vernos.

En la misma línea se pronuncia Capitolina Díaz, presidenta de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas. Las cifras de presencia femenina en las convocatorias para científicos más jóvenes “indicaría que no solo el pool de partida de mujeres es cada vez más potente, sino que las medidas de igualdad empiezan a tener algún efecto y hay, por tanto, que sostenerlas y reforzarlas”, resalta.

Para Vernos, lo más importante es no tomar medidas contraproducentes, como fijar cuotas. Esto va contra la igualdad de oportunidades y podría dar pie a introducir más cupos injustos. “Al final acabaríamos repartiendo los fondos según criterios sesgados, no es una solución”, concluye.

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